"No hay rosa sin espina" Al día siguiente, Don se encontraba arrodillado en el cementerio, junto a la tumba de su hija Angelique. El aire frío y el silencio solemne lo envolvían, acentuando el peso de su tristeza. Tim, su otro hijo, estaba a su lado, abrazándolo con fuerza. El niño, con su pequeña figura, parecía demasiado frágil para soportar la oscuridad de los eventos recientes. —No estés mal, papá —dijo Tim, su voz suave pero llena de determinación—. Vamos a encontrar a mamá, ya verás… Don forzó una sonrisa y acarició la cabeza de Tim con dulzura. —Lo sé, hijo. Y eres muy valiente. Mamá estaría muy orgullosa de ti —respondió, tratando de mantener su compostura. Pero por dentro, su corazón estaba roto. Sabía que Eme había hecho un excelente trabajo criando a Tim, inculcándole una fu

