Luego de estar un rato así él finalmente habló. —Lo siento tanto tanto, Eme… —murmuró Don entre sollozos, su voz quebrada, casi inaudible—. Te eché porque estaba tan mal que no sabía lo que hacía… Pero siempre estuve equivocado. Siempre. Excepto con lo que sentía por tí, incluso lleno de dolor te amé…como nunca amé a ninguna otra mujer en mi vida… Eme cerró los ojos con fuerza, conteniendo sus propias lágrimas. Sabía que no podía darle respuestas fáciles, ni promesas vacías. Habían pasado demasiadas cosas, y aunque entendía mejor sus motivos ahora, el dolor seguía ahí, profundo y latente. —Don… —susurró con voz suave—. No podemos cambiar el pasado. No podemos… por más que lo deseemos, no hay forma de volver atrás... Él se apartó ligeramente, lo justo para mirarla a los ojos, buscando a

