El viento nocturno soplaba suavemente a través de las ventanas haciendo un suave sonido contra el vidrio. Don estaba sentado en una silla junto a la cama, observando a Eme mientras dormía. La suave luz de la luna iluminaba su rostro, dándole un aspecto angelical que casi le hacía olvidar todo lo que habían vivido en los últimos días. Aun así, la paz que sentía era frágil, rota por el miedo que le acechaba. Don cerró los ojos por un momento, intentando disfrutar de la sensación de alivio que se había instalado en su pecho, como si el alma le volviera al cuerpo tras haber estado ausente durante mucho tiempo. Sin embargo, no podía sacudirse el miedo. Un miedo profundo que no solo se debía a lo que acababan de pasar, sino también a lo que Romeo le podía haber dicho a Eme. Mientras sus pensam

