Capítulo 2

1199 Words
Luego de eso y acompañada por un nudo en el estómago, Emily siguió a su nuevo jefe, el jefe de jefes de hecho, Donatello Fiorino por los pasillos del bufete de abogados tal como él la había instruido. Cada paso resonaba en sus oídos, y aunque intentaba mantener la calma, la presencia del atractivo italiano la hacía sentir más consciente de sí misma que nunca. Incluso sus bragas se habían humedecido y sus pezones se habían entumecido, mientras su boca se había secado. Don condujo a Emily hasta su despacho, un espacio amplio y lujoso con vista a la ciudad de Milán. La joven se sintió abrumada por el entorno elegante y sofisticado, consciente de que estaba a punto de adentrarse en un mundo completamente diferente al que estaba acostumbrada. — Por favor, tome asiento, signorina —indicó Don, señalando una silla frente a su imponente escritorio de madera oscura. Emily se sentó con cierta torpeza, tratando de mantener la compostura. La intensidad de la mirada de Donatello seguía sobre ella, como si pudiera leer sus pensamientos más profundos. Aquella situación la sumergía en una mezcla de nerviosismo y curiosidad. Más cuando sintió sus mejillas colorearse cuando con cierto disimulo su jefe había mirado el frente de su saco, dónde sus pezones pujaban contra la tela, mientras ella quería esconderse para no quedar tan expuesta. — Empezará su trabajo como pasante hoy mismo. Mi asistente, Rico, la guiará y le proporcionará cualquier información adicional que necesite, creo que él ya la entrevistó ¿no? — anunció Don, observando detenidamente a Emily, pensando en cómo se le había escapado la posibilidad de entrevistar a esa joya aunque realmente no era su trabajo, de hecho, los días previos había estado muy ocupado dado el cierre de un caso —. Pero quiero que tenga en cuenta una cosa, signorina… ¿? — Blackston, soy Emily Blackstone La joven asintió, esperando con expectación las palabras de Donatello Fiorino. — Blackstone — dijo él como si degustara un manjar exquisito con su voz aterciopelada y ella debió apretar sus piernas —. En este despacho, se espera excelencia y dedicación. No toleramos la mediocridad. Aquí se trabaja arduamente para alcanzar el éxito, y cada m*****o de este equipo debe contribuir a ese objetivo —explicó alzando una de sus cejas.. Emily asintió nuevamente, sintiendo la presión de las expectativas que recaían sobre ella. Sabía que trabajar en el bufete de Donatello Fiorino no sería fácil, pero estaba decidida a demostrar su valía. Ante el mundo pero también ante ella misma. — Estoy segura de que no lo decepcionaré, señor —dijo ansiosamente ella, intentando controlar un incipiente temblor en sus manos mientras se mordía su labio inferior gesto que no le pasó desapercibido a Don que se preguntaba a qué sabrían los labios de su sirena. — Coincidimos en eso — en cambio respondió Don con una sonrisa clara e inequívocamente sugerente que no había duda que iba dirigida a intenciones alejadas de sus tareas como pasante, salvo que se esperara que ella se abriera de piernas sobre el escritorio para que él la penetrara hasta derramarse dentro de ella… El solo pensamiento hizo que su presión sanguínea aumentara mientras sus bragas se mojaban más. MIERDA. Antes de que él pudiera decir algo más y con rapidez dadas las circunstancias, la joven se levantó torpemente, agradeciendo con un leve gesto de cabeza, y salió del despacho prácticamente huyendo en compañía de Rico, el asistente de Don, que había estado esperando del otro lado de la puerta y la miró con un dejo de curiosidad aunque conocía a su jefe y se imaginaba lo que podría haber pasado allí dentro. Si bien Don no solía involucrarse con las empleadas era muy mujeriego y estaba seguro de que si la chica le gustaba mucho no tendría problema alguno en hacer una excepción a su propia regla. Por su parte, mientras recorrían los pasillos del bufete y Rico le iba mostrando todo, Eme reflexionaba sobre el desafío que tenía por delante. Realmente quería aprovechar esa oportunidad, no había viajado tan lejos para nada. Le había costado conseguir esa beca y también ese puesto, había pasado muchas entrevistas hasta ser finalmente elegida por el asistente del señor Fiorino. Lo último que quería era cagarla con el jefe de jefes, pero no podía ignorar la tensión s****l innegable que había entre ambos. Una vez en su nueva oficina, y luego de que ordenó algunas cosas, Emily se acercó a la ventana de su nueva oficina en ese despacho y contempló el impresionante panorama que se desplegaba ante ella. La ciudad se extendía majestuosa, con sus imponentes rascacielos y las luces que titilaban como estrellas urbanas. El vaivén constante de la vida citadina, el tráfico por la cantidad de autos en las calles atestadas de la ciudad y las siluetas apresuradas de transeúntes dibujaban un paisaje fascinante. A medida que absorbía la vista, una sensación de vértigo y emoción se apoderó de Emily. Eme se quedó por un momento hipnotizada viendo por la ventana hacia afuera. La ubicación del edificio era de lo mejor, ya que desde allí podía ver prácticamente toda la impresionante ciudad. Emily siempre había sentido una fascinación profunda por Italia, una tierra que encarnaba una rica historia, una cultura vibrante y, por supuesto, una exquisita gastronomía. Desde pequeña, los relatos de su abuela materna sobre las tradiciones familiares y las delicias culinarias italianas habían tejido un vínculo imaginario con aquel país. La pasión que los italianos ponían en cada plato, la cuidadosa selección de ingredientes frescos y la celebración de la comida como un evento social, resonaban en sus sueños y anhelos, tanto como extrañaba la pasta de su nonna. Además, la tierra de sus ancestros por parte de su abuela materna siempre la atrajo con una especie de imán emocional. Así Milán no era solo un destino turístico para ella, sino un lugar donde sus raíces familiares se entrelazaban con la historia antigua y moderna de ese hermoso país. La idea de caminar por calles empedradas cargadas de historia, disfrutar de la arquitectura magnífica y sumergirse en la atmósfera única de cada región italiana la había emocionado profundamente y había determinado que aplicara para esa beca y no otra, específicamente. No obstante, era la pasión de los italianos lo que más atraía a Eme. La manera en que vivían la vida con intensidad, expresaban sus emociones de manera efusiva y abrazaban cada momento con pasión era algo que siempre había deseado experimentar en primera persona y en ese lugar. Para ella, ese viaje aparte de ser una gran oportunidad profesional representaba la realización de un sueño arraigado en su identidad y en la herencia cultural que llevaba consigo corriendo por sus venas, junto con el recuerdo de su abuela. La joven se mordió el labio inferior mientras jugueteaba con su cabello como solía hacerlo. No iba a volver a tener una oportunidad como esa, se dijo a sí misma convencida, así que sí quería realmente aprovecharla, lo mejor para ella era despejar esos pajaritos de su cabeza y dejar de pensar en ese tal Donatello Fiorino por muy magnético y atractivo que este fuera.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD