Eme lloraba en silencio, su rostro enterrado en la almohada mientras el dolor de su reciente conversación con Don la desgarraba por dentro. Sabía que había hecho lo correcto al tomar la decisión de irse, pero eso no mitigaba el sufrimiento. El amor que alguna vez los había unido se sentía tan lejano, como un eco distante de lo que habían compartido. Cerró los ojos, esperando que el agotamiento emocional la ayudara a dormir, pero el llanto la mantenía despierta. El sonido suave de la puerta abriéndose interrumpió sus pensamientos. No necesitaba mirar para saber quién era. El inconfundible perfume de Don llenó la habitación mientras él entraba con pasos silenciosos. Se sentó en la cama junto a ella, el peso de su cuerpo haciéndola crujir ligeramente. Durante unos segundos, ninguno de los do

