—Hola, Ana, ¿qué sucede? —preguntó Eme con preocupación al contestar el teléfono, pues había visto en la pantalla de su celular que era ella, y hacia mucho que no hablaba con Ana, desde su tragedia (la de Ana). —Eme, necesito tu ayuda. No sé a quién más recurrir —respondió Ana con urgencia en su voz. Eme frunció el ceño, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda ante el tono desesperado de su amiga. —Claro, Ana, ¿qué pasa? ¿Estás bien? —inquirió Eme, deseando poder estar allí físicamente para consolar a su amiga. —No, no estoy bien. Gian Luca se está negando a darme el divorcio. Y el problema es que su abogado es… —Ana vaciló por un momento antes de continuar—. Es Don... El corazón de Eme dio un vuelco al escuchar el nombre de su ¿ex? marido. No podía creer que estuviera involucrado

