Capítulo I: Sorpresa, Sorpresa PT 2

1160 Words
Dazzel se encontraba caminando con calma viendo aquellas paredes con los retratos familiares. Soltó una que otra carcajada. Veía como la alfombra rojiza rodeaba todo aquel lugar, viendo dos tronos sin dueños, aunque sabía bien aquellos eran su futuro. Miraba los muros de piedra, las ventanas del lugar. Los guardias que se encontraban a su favor cuidándole la espalda. Caminaba tranquilamente frente a un buró dónde había portarretratos más pequeños. Dentro de aquellas fotos se hallaba un Maxwell abrazando a Adelaida, y los demás hermanos atrás de ella dónde sonreían como si hubiese sido el día más feliz de sus vidas. Cosa que le ocasionó repulsión en tan sólo pensarlo. Dejó la foto, viendo la otra dónde Jonathan y Clarisse se encontraban sentados en los tronos que estaban detrás de él. Agarró este con furia tirándolo hacía la pared. El portarretrato se hizo añicos cayendo al suelo haciendo un ruido escuchando las quejas de los demás que debían de limpiar aquello. Maxwell les ordenó que lo hicieran. Dazzel sonrió viéndolo agradeciendo tener un perro guardián a su espalda. Fue hacía el balcón del lugar viendo las chozas, las pequeñas casas de Selshie respirando aquel aire tan puro, viendo como la oscura noche abrazaba al reino, ese reino que algún día sería suyo. Se sentía tan bien volver, desafiar no solo a los reyes del cielo sino al Dios de la muerte por volver de aquello que si no fuese por la estúpida de Sasha no sería posible. Miraba con suma tranquilidad pensando en el desastre que iba a ocasionar luego porqué el sabía que, si la unificación de los tres reinos se iba a hacer, era lógico que los desastres iban a ocurrir. ¿Pero quién era el para ver el futuro? Solamente sonreía porque su plan había salido a la perfección. Se echó a reír. Eran risas alegres, escalofriantes, gozaba tanto de felicidad, ahora que tenía al menos el poder de un reino. Escuchó el sonido de las puertas del barcón abrirse. Dazzel se volvió mirando a Maxwell. Sus ojos se encontraban apagados, como si sintiera que su lealtad hacía a él había cambiado. No le importó, ahora tenía su mandato, y era el arte más hermoso que tenía entre sus manos. —Dazzel —habló Maxwell con tranquilidad—. ¿Qué es lo que va a hacer? —Ya te lo he dicho mil veces, no seas tan estúpido como Sasha —bufó haciendo un pequeño ademán con sus manos—. Tú serás el rey, la gente en Selshie no debe de saber de mi presencia sólo las personas necesarias. Luego atacaré. —¿Quieres decir que… seré cómo tu perro guardián? ¡No! ¡Mi reputación…! —¿Tu reputación es lo que más te vale? —se burló Dazzel—. ¿Si tienes reputación porque entonces traicionaste a tu amada? ¿A caso te importa más tu reputación que tu dignidad? Pensé que eras el más valioso de los hermanos, Maxwell. —Lo soy, pero no seré tu perro guardián ni caeré en tus juegos sucios —murmuró serio Maxwell antes la risa de Dazzel. —Harás lo que yo diga —se acercó a Max viéndole a los ojos—. Harás lo que yo te diga si no quieres ver muerte ni sangre ni tampoco tomar decisiones que te van a doler porque no sabes de lo que soy capaz —rugió Dazzel tomándole del cuello—. Si yo te ordeno lo harás. Si yo quiero que hagas algo lo harás. Sin peros, ni quejas. Tú mismo decidiste seguirme ¿Entendido? Escupió con sangre y pudor aquellas palabras empujándole después quitando la mano de su cuello. Sonrió cuando volvió a entrar a viendo a Sasha. Sasha se encontraba irreconocible. Se había recogido el cabello, lucía un hermoso vestido floral que le cubría todo su pequeño y delgado cuerpo. Dazzel miraba a aquella mujer con un poco de repulsión. Era un poco desagradable en pensar que se había acostado con ella tantas veces sólo por parte de esto. Acarició suavemente la mejilla de la chica que mostraba una expresión sin deseo alguna. —Y ya sé cuál es mi primera orden —murmuró Dazzel viendo a Maxwell—. Un rey tiene que tener a una esposa a su lado. Te casarás con Sasha. —¿QUÉ? —gritaron eufóricamente ambos. Dazzel sonrió. —¿Algún problema Maxwell? Necesitas una mujer a tu lado para gobernar. Así que… ¿Por qué no hacerlo con Sasha? Después de todo te conoce más que a nadie —sonreía con descaro desordenando el pelo de Maxwell. —Eso no era parte del plan, Dazzel. ¡No era parte del plan! —gritó Sasha con miedo. —¡Cállate! —elevó su mano reprimiendo al final el golpe que le iba a dar, respiró hondo bajando su mano—. Sasha, es por el bien. Por el bien de Selshie. Te prometo que estaremos juntos después de esto, pero necesito pasar inadvertido para unificar lo que quiero hacer. ¿Me entiendes verdad amor mío? Hubo un momento de silencio. Hablarle de aquella forma era como sentir puñaladas en su estómago recordando lo asqueroso que era aquello, aún así se alivió cuando Sasha asintió con la cabeza mirando a Maxwell después con una sonrisa escalofriante. —No quieres que Escoria y su hija salgan lastimadas, ¿verdad? —miró a Maxwell. Este apretó sus puños furiosamente negando con la cabeza—. Entonces, pronto anunciarán su boda. Prepararemos todo, y luego… llamaremos a los reyes de los reinos y si no quieren comprometerse, sólo actuaremos por nuestra cuenta. Se que Ren y Hashiro vendrán contra a mí, pero tengo un plan B para eso. Mientras tanto, este lugar necesita una remodelación ¿No te parece querido Maxwell? —sonrió dándole un suave golpecito en la mejilla de este—. Da la orden. Dazzel miró como Maxwell apretaba suavemente sus puños. Pudo haber jurado escuchar un gruñido de su parte, pero sonrió en ver cuando sus labios se abrieron. Varias criadas y criados aparecieron en la habitación. —A partir de ahora, harán todo lo que Dazzel diga —murmuraba Maxwell con sus manos en la espalda caminando—. Y si no, acataran mis órdenes. El que se niegue, morirá. ¿Entendido? —expresó el chico. El moreno sonrió cuando los criados aceptaron aquello. Elevó su mano moviéndola suavemente en el aire. —Entonces, es hora de hacer un cambio. Cambiarán el escudo familiar. Cambiarán las paredes, los retratos, el trono asqueroso. ¡Todo! Ha llegado la hora de hacer un gran cambio. Vociferó Dazzel dando la orden. Las personas comenzaron a moverse de un lado a otro viendo como guardaban las fotos, y hacían cada una de sus órdenes. No podía expresar toda aquella felicidad que sentía en su corazón. No recordaba lo feliz que había sido desde la última vez que estaba vivo.
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