CAPÍTULO 3 1/2 UN VIAJE AL PASDO

5000 Words
El calor estaba invadiendo su cuerpo y también podía sentir como el sudor estaba impregnado en todo su cuerpo, busco con su mano el control del aire acondicionado para encenderlo, pero fue inútil, Jazmín sintió como algo la jalo de su mano dejándola caer, pero vaya sorpresa que se llevó cuando no sintió el duro suelo de su habitación, abrió los ojos de inmediato, mantas y acolchonadas almohadas se encontraban sobre el suelo, a su alrededor no había nadie y no solo eso, las paredes no eran las mismas que en su habitación. Se levanto asustada y vio por todos lados en busca de alguien conocido, comenzó a hiperventilar y el aire comenzó a faltar, coloco su mano en el pecho y lo comenzó a masajear. — Tranquila Evangeline, tranquila. — inhalo y exhalo en repetidas ocasiones tratando de calmarse. La puerta se abre Y Evangeline grita exaltada. — Oye, oye, ¿Qué pasa? — Darién entra con una gran sonrisa a la habitación. — Darién ¿Qué es todo esto? — ¿de que hablas? — Toda esta ambientación al estilo de la antigua Grecia. — ¿creo que el vino te sentó mal? — se carcajea. — No estoy para juego Darién, quiero que quites esta ambientación. Evangeline lo hace aun lado y sale por donde el hombre había entrado, pero vaya sorpresa se llevo cuando vio que salía a la calle, todos estaban vestidos como en la antigua Grecia y los edificios no existían, giro sobre su propio eje viendo como todo a su alrededor no era para nada como lo que vio antes de irse a dormir. Al intentar asimilar todo lo que esta viendo, el grito de un hombre llamo su atención. A toda velocidad venia una carreta en su dirección, Evangeline se quedó pasmada sobre sus pies y cerro los ojos esperando el impacto, pero sintió como alguien la agarro del brazo y la jalo con mucha fuerza. — ¿Qué te sucede hoy Amerita? — Darién se veía con el ceño fruncido. — ¿Amerita? — esta vez es su turno de confundirse. — Si, así es como te llamas ¿Qué pretendías al colocarte en medio de la calle? — Darién no se que mierda me estas hablando, me acosté por la noche y ahora estoy en el maldito macedonia. — Creo que estas un poco en shock con lo que casi ocurre, será mejor que entremos. — No, no entrare hasta que me expliques realmente que es lo que sucede. — Amerita, estoy igual de confundido que tú. — No me llames Amerita, me llamo Evangeline. — Definitivamente el vino se te paso. — se carcajea. — amor, quiero dejarte completamente tranquila, como sabes hoy tengo que partir y tardaremos mucho tiempo por fuera, tal vez es por eso que estas afectada. Evangeline no dijo nada en lo absoluto y analizo todo lo sucedido dentro de su cabeza, vio fijamente a los ojos de Darién y estos brillaban como una perla, solo que esta vez su cabello no se encontraba tan largo como cuando lo había conocido. — Esto debe ser un sueño. — dijo más para si misma. — Ya quisiera yo que fuera un sueño, no tener que ir a la guerra para estar todo el día a tu lado. — Siento lo que sucedió hace un momento. — comenzó a actuar. — No te preocupes, prometo traerte un regalo. — Tal vez la cabeza de Alejandro para que tú seas el próximo sucesor. — eso no seria algo que dijera Evangeline, pero entendió rápidamente que no era ella la que pensaba. De alguna forma pudo despegarse del cuerpo en el que estaba. El horror invadió su cuerpo cuando vio a la mujer. ¡Era ella! Hasta el más mínimo detalle, con el lunar en el parpado izquierdo y el pequeño hoyuelo en su mejilla derecha. — Ya es hora de que tomes lo que realmente es tuyo. — dice Amerita completamente seria. — Alejandro es mi tío y hasta el momento lo ha hecho bien. — Pero tu… — Nada de peros Amerita, ahora si me permites, debo partir. Darién se fue del lado del lado de su chica para emprender el viaje con toda su tropa, nadie sabia aparte de Amerita que el era el real sucesor a la corona de macedonia, nunca se intereso por obtener aquel título, simplemente quería vivir su vida sin importar lo que dijeran de él, a todos le dijo que Alejandro tercero era su muy buen amigo, aunque después de todo crecieron juntos y como amigos crecieron. El alma de su tío era la de un gran mandatario y merecía más que nadie aquel lugar. Llego a la armería y varios de los soldados lo saludaron como era lo normal. — ¡Darién! Se giro y trotando en su dirección Bastián se acercaba, su buen y mejor amigo Bastián de Tarcia. — Te tengo una sorpresa, ven conmigo. Sin más trotaron hasta el cuarto donde se guardan las espadas y escudos. En medio se encontraba una manta roja de seda. — Quítala. — señala. — ¿no me va a suceder como Hércules? — Bastián se carcajea. — Claro que no, además Hércules se lo merecía. — Espero no encenderme en fuego. — Darién retira la manta de seda y pudo apreciar que debajo de esta se encontraba un hermoso escudo dorado con espadas muy bien forjadas. — Le pedí a mi primo Hefesto que lo hiciera para ti. — Esto es demasiado Bastián. — lo toma y se lo prueba. — Para nada, tu has sido un gran amigo, además este escudo y espada tienen un poder y es que la persona que lo porte tendrá una gran protección volviéndose indestructible, ni siquiera un Dios lo puede destruir. — confiesa. — no quiero que te suceda. — Eres un gran sujeto Bastián. — ambos se abrazan. Mientras que Evangeline miraba constantemente a Amerita como si fuera un bicho raro. Aquella mujer luego de que Darién se fue, sospechosamente se cambio de harapos y junto con una capa n***o oculto su rostro de todos los que pasaban por el lugar, ¿Quién era Amerita? ¿Por qué se aparece a mí? Más bien ¿Por qué me parezco a ella? ¿y porque se escabullía de todos? Lo interesante es que camino durante mucho tiempo para llegar hasta un templo, no pude leer con claridad lo que decía el templo ya que estaba en griego. Al estar dentro se arrodillo y comenzó a lanzar palabras que no comprendía por más que se esforzara. Y como si fuera un libro pasando sus páginas Amerita cada día fue al templo ha rezar a alguno de los 12 olímpicos, siempre a la misma hora y completamente sola, Evangeline no entendía lo que realmente hacía, pero en la entrada de Macedonia se comenzaron a escuchar vitoreos, los soldados habían regresado de la guerra invictos, Evangeline se podía despegar hasta ciertos metros de la personas que la mantenía atada, en ese caso Amerita era su recipiente. Amerita se levanto de inmediato del suelo del templo y corrió llevándose a Evangeline detrás de ella, al llegar a la casa en la cual vivía ella junto con Darién se cambió rápidamente de ropa y a los poco minutos después el sudoroso y curtido Darién entra por la puerta feliz. — Amerida. — al verla la levanta en sus brazos y le da vueltas por los aires. — por Zeus, te extrañe demasiado. — Yo también lo hice mi amor. — lo toma del rostro sin importar que estuviese sucio y lo besa. — te prepare un buen baño y afortunadamente Dionisio nos bendijo con vino. Entonces Evangeline entendió porque antes de salir de la casa para ir al templo organizo todo en el baño, pero ¿Cómo sabia ella que Darién iba a volver aquella tarde? — Gracias cariño, eres la mejor mujer del mundo. — la volvió a besar. — me merezco un buen baño por todo lo que hice. — Sabes que sí. — se sonríe. — déjame ayudarte con tu armadura. Amerita como buena esposa ayudo a su esposo a retirar los harapos que llevaba por ropa, Darién dejo su escudo junto con las espadas de lado. Evangeline las reconoció de inmediato, eran las mismas que se encontraban en su departamento, específicamente, en la habitación de Darién. Amerita, su esposa lo guio hasta la bañera en medio de la casa y se metió junto con su esposo, con un estropajo quito todas las marcas de barro que tenía, y sangre seca en el cuerpo, pero la sangre no era de Darién, eran de los soldados con los que batallo y alguno de sus colegas de batalla que no pudieron sobrevivir. — ­toma mi amor. — Amerita le pasa una copa repleta de vino. — Vaya pretendes emborracharme. Se mofa Darién. — Es para celebrar, además Dionisio se enojaría si no terminamos borrachos. — Lo sé, pero también iré a celebrar con los que sobrevivieron en batalla. — Esta bien amor, pero no desperdiciemos este rico vino. Como pudo le empujo la copa de vino a Darién y hasta incluso dejando caer vino sobre su pecho. pronto se volvió a cambiar de escenario, esta vez estaban todos los soldados reunidos en una gran casa y estaban incluidas sus esposas y muchas mujeres más, Evangeline pudo ver como Darién se divertía y hasta incluso pudo ver al profesor Sebastián disfrutar del momento solo que un poco más joven. Evangeline capturo aquella imagen ya que alguna forma estaba conociendo lo que era la vida de Darién de Macedonia, se veía muy feliz en su año y sabia que le tocaba vivir en su época por razones del destino, pero… Esperen un minuto, Amerita la arrastro hasta el templo, pero no iba sola, llevaba entre sus manos a… ¿Darién? Así es, Amerita se encontraba arrastrando como podía a Darién. — Amerita. — una mujer apareció de la nada y se alerto cuando la vio con un hombre entre sus brazos. — Ayúdame Eucalip. La tal Eucalip tomo a Darién de un brazo y lo arrastraron hasta dentro del templo. — ¿de que se trata esto? — Hermana, esta es mi venganza. — ¿de que venganza hablas? — ¡Darién no quiere hacer lo que yo le diga! — rugió furiosa. — ahora mismo estaría yo siendo la mujer más poderosa de toda Grecia, pero a cambio recibo esta miseria. — Debes respetar la decisión de tu marido Amerita. — No me interesa, durante todos estos días le he estado rezando a Hera y se que ha escuchado mis suplicas, y tu me ayudaras en esto. — No quiero. — Lo harás — No. — responde con determinación. — No me obligues a hacer una locura hermana. — Debes razonar. — Ok, tu lo decidiste. Amerita tomo a su hermana y la estrello contra el suelo dejándola inconsciente. Como pudo organizo toda su escena del crimen, coloco el cuerpo de su hermana y el de su marido y los desnudo a ambos, y los coloco de una forma tan comprometedora que nadie podía negar. — Hija de perra. — dijo Evangeline cuando entendió todo. Darién no hizo absolutamente nada malo ni profano ningún templo, fue Amerita quien planeo todo esto simplemente porque su esposo no quería entregarle la cabeza de Alejandro. Escondida vio como por la mañana Hera maldijo a Darién, pero algo de tristeza se pudo ver en el rostro de la diosa. Amerita se hizo por completo la victima llevando hasta cierto punto el luto por la perdida de su esposo. Pero siguió su vida, volvió a casarse y tener hijos y Darién quedo en el olvido, pero lo ultimo que alcanzo de ver en Amerita fue hablar con un hombre, alto y de gran barba el cual estaba dándole grandes dotes de dinero. Para pronto despertar sudada y con calor, había visto con exactitud lo que le sucedió a Darién de Macedonia y no se iba a quedar callada para nada. Darién debía saber toda la verdad de lo ocurrido. Se levanto de golpe completamente sudada y respirando con dificultad, Amerita había vendido a Darién, pero… ¿con que fin? Castigo a un hombre sumamente bueno por la codicia y las ansias de ser poderosa. Las lagrimas comenzaron a correr por sus mejillas y al estar junto a Darién lo abrazo y se dejo caer. — ¿Evangeline? — Darién medio dormido vio llorando a la mujer que le dio la mejor noche de su vida entre sus brazos. — ¿Qué sucede cariño? — Lo vi, lo vi todo Darién. — levanto su cabeza y lo vio borroso gracias a las lágrimas. — soy como un clon de ella. — ¿de que hablas? — De Amerita, ella fue tu esposa en Macedonia y fue una maldita bruja. — No hables así de ella por favor. — Darién se enojo unos instantes. — Es una arpía, ella fue la que te hizo esto de encerrarte en un cuadro. Las lágrimas seguían bajando por los ojos de la chica. — Claro que no, fue Hera. Y no te voy a permitir que hables mal de ella. — se levanta de la cama. Evangeline se levanta de la cama completamente desnuda y encara al gran hombre. — Te vi, vi cuando Bastián te dio ese escudo y espadas, vi como ella te bañaba en medio de la casa en la cual Vivian, vi como le echaba algo al vino que te dio cuando llegaste de la guerra y horas después caíste rendido. — Eso puede ser una casualidad. — se aleja de Evangeline y se dirige al baño que tenía dentro del cuarto. — No, no lo es, y tú lo sabes. — No, no lo sé, porque no sé que fue lo que sucedió realmente, ni de como llegue con aquella mujer, ni siquiera recuerdo haber visto su cara. — Se llamaba Eucalip, hermana de Amerita. Darién frunce su ceño y la hace a un lado analizando cada palabra que Evangeline decía. — Estas mintiendo, Ecualip nunca haría algo así siendo una fiel sacerdotisa. — Te estoy diciendo lo que vi en mi sueño. — Aquello fue una alucinación. — Ok, si no me quieres creer no lo hagas, esto me pasa por querer un bien para ti y termino siendo la mala en todo esto. Sale enojada de la habitación de Darién, no le importaba estar desnuda, solo quería llegar a su habitación, bañarse y salir de allí lo antes posible, no quería ver el rostro de Darién por unas buenas horas por tratarla de mentirosa, nadie la iba a tratar de aquella forma, le costó tanto superar muchas cosas en su vida como para recibir lo mismo una y otra vez. Al estar completamente lista salió de la habitación dispuesta a despejarse, después de todo aquel sueño revelador la dejo un poco trastocada con el gran parecido que tenia con Amerita, esposa… ex esposa de Darién, realmente ahora estaba muy confundida como para pensar con tanta claridad. — ¿A dónde vas? — pregunto Darién al verla tan arreglada. — No te interesa. — espeta enojada, mientras que toma su bolsa. — Evangeline, espera un momento. — se interpone entre su camino hacia la escapatoria. — ¿Qué Darién? ¿me volverás a decir mentirosa de mierda? — No quise tratarte de aquella forma, a lo que realmente quería hacer alusión es que yo conozco… bueno, conocía a esas mujeres y te puedo asegurar 100% que no son como las soñaste. Evangeline se carcajea con sarcasmo. — ¿Acaso no te escuchas? — Si entiendo tu pun… — No Darien, no entiendes mi punto, a mi realmente me da igual si lucia idéntica a tu esposa, tal vez simplemente te atraigo, porque soy su vivía imagen, pero ¿Cómo carajos iba a saber yo eso? Darién no dice nada. — Se que no es fácil aceptar lo que te estoy contando, pero fue ella la que te vendió ante Hera. — No. — Si y no solo eso, recibió el pago de alguien, no se quien era, pero el hecho de desaparecerte era claro. — Amerita nunca haría eso. — Ok, estas en una fase normal llamada negación, luego viene el llanto, después la furia y por ultimo el llanto. Entiendo, pero no me vengas a decir a mi mentirosa. — Yo no estoy diciendo que lo eres, solo te digo un hecho real. Evangeline coloco los ojos en blancos e hizo a un lado a Darién para salir del departamento de una vez por todas, lo dejaría solo y no le importaba lo que hiciera con su vida en aquel instante. No sabia a donde iba a ir, pero lo que tenía segura es que era lejos de Darién. Fue una idiota al haber aceptado acostarse con él, pero que iba a saber ella que su ex esposa era igual, como una misma gota de agua de eso, de inmediato sus actitudes hacia mi comenzaron a tomar sentido, fue su maldito capricho y cayo redonda en sus brazos. Se odiaba con el simple hecho de pensar que pudo ser más fuerte y no haberse entregado tan fácil. Si su padre la viera ahora mismo estaría decepcionado, pero no era el momento de pensar en aquello, salió de su casa sin saber a dónde iba. Su estómago comenzó a rugir y decidió irse a Red Light, aquel lugar era bastante lindo y cómodo para pensar. Como era de costumbre había bastantes personas en la zona de lectura. Sin importar que, hizo la fila donde se pedían las bebidas, que según Charlotte eran realmente riquísimas y ni hablar de las tartas de Manzana. — Bienvenida Luz roja ¿Qué le puedo brindar? — Me gustaría una taza de chocolate, y un trozo de tarta de manzana. — Evangeline le tiende un billete. La chica lo toma y al poco tiempo le entrega el cambio. — Listo, si quieres puedes hacer a este lado de la barra, mi compañera te entregara todo el pedido. Aun lado se encontraba otra fila, pero esta vez era más corta, donde despachaban todos los pedidos en orden. El turno de Evangeline llego pronto y lo toma alegre, luego ubica una zona de lectura desocupada y se sienta relajada, la anterior persona había dejado un libro sobre la mesa y sin importar que fuera de su gusto lo comenzó a leer mientras que comía. — ¿señorita Goldberg? Evangeline levanto la mirada y en frente tenia a aquel agente de la interpol. — Buenos días señor agente ¿Cómo se encuentra? — Estoy bien, gracias por preguntar y dígame ¿Qué la trae por aquí? — Hoy decidí desayunar por fuera de casa ¿y usted? — Me dijeron que en este lugar venden las mejores tartas y quise venir a comprobar. — Pues mentira no le están diciendo, estas tartas están riquísimas. — Entonces me animo por una. — señala la fila. — Claro, si quiere puede venir a acompañarme. — Lo tomare en cuenta. El detective se aleja de mi y se va a la fila para comprar su tarta, a Evangeline le pareció un poco extraño haberse encontrado a aquel hombre aquí, aunque el pueblo Oso era pequeño, para encontrar a una persona nueva es como la de una aguja en el pajar. Evangeline estaba tan concentrada en la lectura del libro que no se percato con exactitud cuando el detective volvió y se sentó en frente de ella. — Y cuénteme. — al escuchar su voz se sobresaltó. — lo siento no fue mi intención asustarla. — No se preocupe, ¿Qué me iba a decir? — ¿Cuánto lleva trabajando en el museo de historia? — ¿esto es como un interrogatorio? — No, hoy estoy de civil así que todo lo que digamos aquí no repercutirá en nuestra recolección de datos, a menos que usted haya robado aquel cuadro. — Claro, lo que diga. — trago grueso. — estoy allí desde hace unos 6 o 7 años. — Vaya, es bastante tiempo. — Si lo es, pero me encanta mi trabajo, siento que a pesar de saber las historias de algunas de las cosas que se exhiben allí aprendo día con día. — Eso es muy cierto, yo en este trabajo llevo unos 10 años, comencé desde muy joven y he visto casos que son realmente impresionantes. — Ya me lo imagino, después de todo es un agente y las personas y gobiernos esconden muchas informaciones importantes. — Como no tiene ni idea. — confirma. — y ¿aquel chico con el que fue al trabajo es su novio? — No, él es un amigo que había llegado desde muy lejos y aquel día nos tomo por sorpresa cuando nos informó que habían ovado el cuadro. — Siento haber interrumpido. — No, no se preocupe, de igual forma hemos disfrutado El detective come de su tarta y todo mientras mira fijamente a Evangeline a los ojos. La chica incomoda retiro su mirada. — Señorita Goldberg, ¿no cree usted que su amigo se parece mucho al de la pintura? — ¿Qué insinúa? — ríe. — ¿Qué salió del cuadro? — No se ofenda, solo hago una anotación un poco peculiar. — Sera mejor que me vaya de aquí. Evangeline se levanta de la mesa dispuesta a salir de aquel lugar donde compartía respiración con el señor Israel. — ¡Señorita Goldberg! — el detective trota en su detrás suyo, pero apresura el paso. — No me siga señor Israel. — Solo quiero pedirle una disculpa. — No es necesario, usted como detective solo debe acercarse a mi para interrogarme dentro de una instalación. — Es cierto, tiene razón, pero como le dije solo estaba descansando y quería hablar con alguien conocido. — Lo siento, no puedo ser esa persona conocida. Sin más Evangeline se aleja del detective, no le daba muy buena espina aquel hombre, así que se alejaría lo más que pueda de todo esto y por supuesto buscarle una razón lógica a todo el sueño que tuvo, ya que después de todo la tomaron como una mentirosa por simplemente decir la verdad, de solo acordarse la rabia la vuelve a consumir como una mecha de vela. Siguió vagando unas horas más, se encontró con un bazar y compro unas cuantas cosas para decorar el refrigerador, le encantaba tenerlo repleto de imanes, cuando tuvo la oportunidad de viajar por el mundo, logro llevarse lo más que pudo, lo que aquellos imanes se encontraban en casa de su padre. Su padre siempre estuvo orgulloso de lo que hizo, incluso la apoyo cuando el resto de su familia le dio la espalda ya que según ellos no era un trabajo para mujer, pero a Evangeline le gustaba ensuciarse las manos, explorar sin importar que su ropa se manche y ya no tenga reparo. Sus hermanos simplemente le dijeron que estaba loca y que llegaría tan lejos, pero ahora es una de las mujeres mas importante del pueblo ya que la responsabilidad de llevar en orden un museo que sea uno de los más importante de toda la historia del país, no es para nada fácil. El sol ya se estaba a nada de desaparecer cuando decidió volver a casa, quiso irse caminando, pero sus pies dolían lo suficiente, así que opto por tomas un taxi, definitivamente extrañaba tener su auto, así no tendría que estar gastando tanto en vehículos públicos. Al llegar subió hasta su piso y abrió la puerta. Darién al sentir la puerta abrirse salió de su habitación, no le había gustado dejar ir a Evangeline enojada, pero también entendía que necesitaba su tiempo para calmarse, pero él no cambiara la posición que había tomado. Conoció a Amerita, sabia exactamente como era ella, así que lo que tuvo Evangeline fue una simple epifanía de nada ocurrido. — Por fin regresas. — dijo al verla con varias bolsas en sus manos. — Y a ti que te importa. — No volvamos a empezar Evangeline. — Estoy de muy buen humor por ahora, así que no me lo dañes. — Cómo no quieres que me preocupe si saliste como loca. — Ya déjalo estar. Evangeline se dirige a la cocina donde se encuentra su refrigerador y comienza a colocar en pequeños espacios los nuevos imanes que compro. — No puedo, quiero arreglar las cosas contigo, anoche los pasamos muy bien y quiero seguir haciéndolo contigo. — Darién solo quieres eso porque me parezco a tu ex esposa. — Estas equivocada, tu eres una persona completamente diferente. — Claro, porque yo no te entregaría ante Hera. — ¿sabes qué? Intente resolver las cosas contigo, pero de verdad es que no se puede. — Tu eres el que no acepta la realidad de lo sucedido, aquella mujer te entrego ante las manos de una diosa y te dio la maldita espalda y yo ahora soy la mala del paseo. — Pero lo que yo siga pensando de Amerita realmente no te incumbe. — No, no me incumbe, pero no tienes ni tantita neurona para darte cuenta de lo ridículo que suenas cuando la defiendes. — Claro, porque es mi esposa. — Fue tu esposa, pero se caso con el primer hombre con dinero que vio y se olvido de ti para siempre. — Ella debía rehacer su vida. — Mejor me callo, no quiero seguir teniendo esta conversación contigo. Cuando termino de colocar los adornos en el refrigerador hizo a un lado a Darién para irse a su habitación donde estaría más tranquila, pero no fue así. En un movimiento rápido, Darién la toma de la mano y la empotra contra el mesón de la cocina. — Suéltame. — masculle entre dientes. — No lo voy hacer hasta que arreglemos esto. — Darién si no te haces a un lado en estos momentos te juro que te pateare las bolas. — Haz lo que te plazca, pero no te soltare hasta que encontremos una solución a este problema. — No seria un problema si entendieras que aquella chica nunca te quiso. — No seria un problema si tu realmente la hubieras conocido. — Créeme, no hubiera querido hacerlo luego de lo que le hizo a su hermana. — Eucalip fue una responsable sacerdotisa. — Y su hermana daño todo su futuro. — Voy a besarte cada vez que digas estupideces. — No lo son Darién y si me llegas a besar te arranco la lengua. — No lo harás, porque se cuales son tus puntos sensibles y no parare hasta que se te haya olvidado lo de amerita. — No lo lograras y mejor busca una mejor forma, soy mucho más fuerte de lo que piensas. — ¿En serio? — suelta con suavidad, mientras que acerca sus labios a los Evangeline. — ¿recuerdas todo lo que te hice anoche? Porque aun tengo grabado tus gemidos y como me implorabas por más. — Roso su nariz en el cuello de Evangeline provocando que todo su cuerpo se erizara. — ¿Estas seguro de que era yo? — Evangeline pretendía devolvérsela de la misma forma. — tu me pediste que te montara, que brincara tanto encima. Y lo estabas disfrutando demasiado, tanto que colocabas tus ojos en blanco. — Los dos nos morimos el uno por el otro. — besa la mejilla de Evangeline. — y queremos probarnos una y otra vez, tanto que pasaríamos todo el día haciéndolo. — besa más cerca de sus labios. — correspondamos como realmente debemos hacerlo. — Si. — ella hizo lo mismo, solo que esta vez su mano fue bajando hasta llegar al bulto creciente de Darién. — cuando aceptes la realidad de las cosas. — Ese tema podemos dejarlo para otro día, ahora estamos hablando tu y yo de lo bien que compaginamos. — Darién lleva sus manos al trasero de Evangeline y lo comienza a masajear. — No vamos a tener sexo Darién. Evangeline lo hace aun lado completamente roja por el calor del momento, con sus manos intentaba darse un poco de fresco, pero era casi inútil, se dirigió al termostato y se fijo de que el clima estuviera como a ella le gustaba. — No pienso acostarme nuevamente contigo hasta que no veas las magnitudes de las cosas que han sucedido a tu alrededor. — Evangeline, el pasado ya esta pisado. — No, no lo está, porque aun la sigues defendiendo. — La conocí de aquella forma y me gustaría pensar que siempre fue así ¿ok? Realmente no me importa si me hizo daño. — ¿En serio? Porque yo recuerdo que te estabas quejando de Hera y porque no te dejo expresarte bien y que había sido un error que te hayan encerrado. — Ya no quiero tocar ese tema, el destino ahora me dio una nueva oportunidad y no lo pienso perder discutiendo algo que sucedió hace 3000 mil años. — Entonces debemos resolver este problema de alguna forma, porque yo quiero que entiendas y que veas todo. — Ya basta. — No, ambos debemos llegar a algo justo, y creo que debemos tener un réferi, porque si seguimos discutiendo los dos te puedo asegurar que te tomare todo el fastidio del mundo. — No necesitamos meter a terceros en esto. — Pero debemos hacerlo. — No, no debemos, esto es algo que solo me compete a mí. — Y ahora a mi también, porque yo fui la que vi todo sin ni siquiera saber realmente quien era Amerita y Eucalip, tal vez lo del escudo y espadas fue una casualidad, pero dos mujeres que jamás vi en mi vida es casi que imposible y lo sabes. — No sé realmente a lo que quieres jugar, pero no quiero entrar. — Quiero que entiendas que no estoy jugando nada
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