El siguiente en la lista era viejo Boby. Un perro Alaska el cual había sido rescatado de una situación desesperada. Tenía una enfermedad en su pierna la cual le impedía correr, haciéndolo caminar muy lentamente. Sus antiguos dueños lo sacrificarian pues se habían cansado de los cuidados que se le hacían y ya no tenían paciencia para un perro lento.
Tenían pequeños en casa así que la demanda para jugar con un perro era alta. Algo que ese perro no podía lograr.
La familia optó por llevarlo al veterinario para dormirlo y conseguir otro perro joven sano y que pudiera jugar.
Afortunadamente el señor Abram estaba ese día en la veterinaria y al escuchar la anécdota decidió adoptarlo.
La familia al ver tal acción quiso darle algo de dinero o alimento por algún tiempo pero el lo rechazó firmemente diciendo "ni todo el dinero del mundo puede pagar por el amor y los cuidados a un fiel compañero" Dicho eso de alejo para abrigarlo.
La estatua de Boby quedó en el almacén. Lugar donde le recordaba que ni todas las cosas materiales serían suficientes para reponer la vida de un amigo.
Su aspecto había sido modificado, la bola en su pierna trasera la aumento de tamaño, jugando con la deformidad para darle un toque obscuro.