Abismo

818 Words
Peggi despertó ese día admirando a su madre, escuchando sus cuentos mientras le servía el desayuno a su hermano. No la iba a dejar sola; eso la confortaba. Aun cuando sabía que su decisión la iba a herir, ella sabía que su madre entendía lo que ella sufría; por eso la perdonaría. —Te amo, mamá. Nunca lo olvides. —Le dijo. Su madre dejó lo que estaba haciendo y la observó en silencio. —Yo también te amo. —Tomo sus manos. —¿Estás bien? —Estoy agotada, madre. Estoy… ya no sé ni cómo describir lo que siento, lo que pienso, excepto que estoy agotada. —Un paso a la vez, pequeña. —Le dio un beso en la frente —. No te dejes llevar por las sombras. El mundo está lleno de colores, aunque en este momento lo veas n***o. —¿Crees que papá esté en un lugar mejor?, ¿crees que está decepcionado de mí? —No. Jamás podríamos decepcionarnos. —Su madre le sonríe mientras ella evita derramar las lágrimas que amenazan por brotar de sus ojos —. Has sido tan valiente, tan fuerte después de lo que viviste en el hospital. Ver morir a tanta gente, sola, llorando por sus familiares, médicos que cada día se veían más desesperados tratando de disimular su miedo detrás de una sonrisa, el silencio perturbador que nos envolvía y una vitrina que me separaba de mi padre cada vez que veíamos salir otro c*****r y preguntándonos quién de los dos sería el próximo. Peggi en su mente solo deseaba ser ella y no su padre, pero la vida no le concedió ese deseo y el próximo en salir sin vida fue el único hombre que había amado. —Extraño mucho a papá. —Yo también lo extraño, pero perderte a ti hubiera sido la muerte de ambos. “No la escuches”. —Gritó su mente —. “Ella está tan agotada como tú. Ella desearía que fuera su esposo, el amor de su vida, su acompañante de toda una vida”. —Peggi —la voz de su madre calló su voz atormentada—. ¿Seguro que estás bien? —Voy a salir un rato, ¿puedo? —Dame un momento y te acompaño. —¡No! —Su madre enarcó las cejas sorprendida y preocupada —. Puedo ir sola a la tienda, mamá. —No has estado sola desde que saliste del hospital. En su mente solo una pregunta la embargó. —Si no había estado sola desde ese momento, ¿por qué me he sentido más sola que nunca? Le dio un beso a su madre, luego pasó por la habitación de su hermano a despedirse con un beso. —Te quiero, pequeño. Cuida mucho a mamá. —Siempre lo hago. —Bien. Te extrañaré. —¿Vas a algún lado? —afirmó. Su hermano corrió a la habitación de ella y le entregó su peluche. —Llévatelo para que te cuide. —Cuando crezcas, lo entenderás. Peggi caminó por su casa recordando sus momentos más felices: su vida antes del COVID, cómo era todo perfecto en su vida imperfecta y cómo de un momento al otro toda su vida se convirtió en un profundo vacío, dolor, ansiedad, pánico y desolación. No quería hacer esto, pero lo necesitaba; no había otra salida. Dejó una carta sobre la cama de su madre, para luego salir a buscar la paz que añoraba. —*— Una hora después, con miedo, temblando, sudando y perdida en sus pensamientos, caminaba por los pasillos del centro comercial en el quinto piso del centro comercial. Veía a niños jugar, familias pasear, jóvenes ir de compras, novios besarse y sonreír. ¿Cuándo fue la última vez que sonrió? ¿Cuándo fue la última vez que se sintió feliz? Ya no lo recordaba; por más que trataba de recordar, en su mente solo veía tristeza, llanto, dolor, soledad, aun cuando sabía que no lo estaba. Subió al último piso del centro comercial, abrazando el peluche con que tanto cariño le dio su hermano y, cerca del barandal, vio hacia el abismo. ¿Dolería? —se preguntó. Pero, ¿qué puede ser peor que sentirse rota, perdida, cansada sin que nadie la entienda? Que cada día sea una lucha y cada noche un abismo. ¿Su padre le reprocharía al verla? ¿Su madre la seguirá amando después de lo que estaba por hacer? Dio unos pasos más y, al percatarse de que no había nadie alrededor, subió hacia la baranda, cerró los ojos y escuchaba cómo sus voces gritaban de dicha. “¡Hazlo! ¡Detén el dolor! ¡Nadie sabe por lo que pasas!”. —Silencio —Seré libre —Ya no estaré más sola —Un paso y todo culmina. Debía ser de este modo, no había otro.
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