SEGUNDA LECCIÓN: EL FRÍO Al otro día la puerta se abrió, Adrián nos miró a ambas antes de hacerme señas con la cabeza. Me levante con las piernas temblando, me costaba caminar y me dolía el estómago. —Apestas. —Me dejaste en un lugar con un maldito balde. —Gruñí. —Oh ¿Vas a llorar? —Me observó y me encargue de fusilarlo con la mirada. —El hambre puede doblegar a cualquiera —dijo Adrián mientras me arrastraban hacia un tanque de agua—. Pero no a ti. No me dio tiempo de reaccionar. Me empujo dentro del agua y el frío me golpeó como una descarga eléctrica. El aire escapó de mis pulmones en un grito mudo mientras mi piel ardía como si estuviera en llamas. Intenté salir, pero una mano se cerró firmemente sobre mi cuello y me sumergió de nuevo en ese abismo helado. Pelee, mis manos golpear

