Cuando dijo que era un psicópata, no mentía. Sus ojos destellan un tinte maquiavélico que me tenía la piel erizada y los pensamientos tan alborotados qué apenas podía discernir entre ellos. Me encontraba confundida, porque seguía sintiendo atracción por él. Nunca conviví con personas tan desequilibrada. Mi padre tenía sus hombres y varios de ellos daban miedo, pero por lo general los mantenía alejados de mí. Todos mantenían las distancias. Las reuniones del clan no se llevaban dentro de casa, por lo general era en el área trasera y yo no participa de ellas porque ese no era mi papel. Me había quejado, gritado y prácticamente pataleado cuando mis insistencias por ser partícipe y aprender de ello no fueron escuchados. Era el adorno de mi futuro esposo, la mujer que debía mantenerse perfect

