Sus palabras me recorrieron el cuerpo con un escalofrío demoledor. No pregunte si lo decía en serio, solo me moví. Llegamos al final del corredor, justo a la puerta que daba a un patio trasero en ruinas. Cadáveres, disparos y llamas, era lo único que ocupaba el ambiente. Adrián salió primero, su mano se movía de un lado al otro disparando a todo lo que se movía. Mis ojos lo seguían, parecía una máquina. Apenas se acababa un cartucho, este caía al suelo y otro lo reemplazaba. El olor a humo y pólvora era asqueroso. Pase la mano por mi rostro para aclarar mi vista y jadee un poco cuando saque algo pegado a mi frente. Parecía… —Mierda. —Sus ojos volvieron a mí. —Solo es masa encefálica—lo observé horrorizada. —Vamos, si la policía nos agarra estaremos en un problema—sus ojos pasaron por

