Solo si tienen pruebas

2337 Words
Pensé que la noche sería una tortura, después de todo miles de emociones se cruzaron en mi camino en miuy poco tiempo, pero tal vez, eso fue lo que hizo que cayera rendida, la luz aún no entra por la ventana el despertador suena e intento apagarlo, mis ojos se abren con dificultad, caen al suelo el libro que lleva por titulo “El inicio de la ley en la filosofía” trate de leer los diez capítulos pero mis ojos se cerraron después del quinto capitulo, llevó una de mis manos a mi cabello, esta tan enredado como mis pensamientos. Y no es para menos. La ducha ha sido de gran ayuda, unos jeans azules y una blusa ajustada en la parte superior, y con bastante holgura cerca de mi abdomen visten mi cuerpo, tacones negros, y un ligero maquillaje me ayudan a disminuir lasnojeras en mis ojos. Por último un labial rojo hace que mi rostro pierda la palidez. Estoy lista. —Porque no me avisaste nada, solo llegas y yo debo asimilar las cosas, solo porque tú lo dices —son los gritos de las palabras exactas qué escucho al momento que el elevador se abre. No puedo estar más sorprendida, mi profesor parece furioso, salgo con cierta lentitud, cómo si intentara ser invisible. Y para ser honesta frente a mi profesor eso es sencillo, es cierto qué ayer las cosas fueron distintas, pero después de pensarlo un poco concluí qué todo es parte de mi imaginación. Tan solo tengo diecinueve años, mi profesor debe tener al menos cuarenta o eso creo, y aunque no puedo negar que es un hombre atractivo, hay una vida de diferencia entre nosotros. Warren jamás se fijaría en ti, es más ni siquiera eres capaz de mencionar su nombre sin sentirte avergonzada, incluso en tu propia mente, eres ridícula Mila. Camino por un costado y la mirada de mi profesor me hace sentir, poco menos que extraña, levanto una ceja cómo si eso sirviera de saludo, pero él momento es incomodo, no tengo idea de quién sea el hombre con el que discute, su capucha negra cubriendo su rostro y sus cabellos rizos alborotados qué sobresalen hacen qué sea imposible que pueda si quiera ver sus rasgos. Mi profesor me mira y trata de calmar su agitado rostro, puedo ver cómo sus mandíbulas se aprietan y al pasar tan cerca de él, puedo incluso ver cómo su pecho hinchado palpita con fuerza. Abro la puerta del edificio, dispuesta a salir del lugar —, buenos días señor Perkins —el adorable señor de cabello cano, barre la acera mientras me regala una sonrisa, una qué hubiera esperado de un hombre que simplemente, no puedo entender. . Renata me cuenta, algo acerca de su familia, para ser honesta no entiendo bien de lo que habla, solo se que al parecer hará una fiesta, y no, no me emociona del todo. Esta vez la primera clase es con mi profesora, Isabella es tan inteligente, que debo confesar, que algún día quisiera ser tan audaz cómo lo es ella. Por suerte no me ha mencionado nada sobre la pregunta del otro día, y que bueno que no lo ha hecho, lo único qué deseo es olvidar a Alex. Me duele, tal vez un poco a decir verdad, casi estuve a punto de jurar qué era mi primer amor, pero ahora después de estos días, me doy cuenta que fue una simple mala experiencia, una ilusión del High School. Sus mensajes van directo a la papelera, al parecer no hablaba en serio cuando sentenció nuestra relación, el otro día. Sería muy estúpida sí, por un momento considero devolver alguna de sus llamadas. Camino por los pasillos de la universidad y poco a poco comienzo a acostumbrarme a las paredes de piedra y acabados amaderados. Las cúpulas altas y fuentes enormes qué rodean jardines bellísimos dentro del lugar, es un colegio de ensueño, uno de los más importantes del país y pertenecer a él me hace sentir un poco más feliz. Renata me ha dicho que le urge un macchiato y yo le he pedido un té verde, ella ah decidió ir sola, pues justo minutos atrás me confesó qué el chico que trabaja en la cafetería le parece lindo, Renata es una gran chica, y verla entusiasmada, me hace pensar en lo que siento. ¿Estaré lista para seguir adelante?, ¿Alex es tan fácil de olvidar?, ¿cómo puedo sacarme de la cabeza los ojos de mi profesor? Su clase será la última del día y no puedo negar que ansío qué llegue la hora, si, vive en el mismo edificio qué yo, pero esa coincidencia no es nada favorable, dijo que vivía solo, y la voz de mi profesora detrás de la puerta me hizo sentir de cierta manera defraudada. Vive con ella, y fue capaz de decirme que vivía solo. Mi cabeza da vueltas una y otra vez sin descanso, estoy enloqueciendo, y aunque quisiera parar, no sé cómo hacerlo. Camino cerca de una de las fuentes y me siento en una pequeña banca, abro mi libro, e intento disipar mi mente, Renata, parece estarla pasando bien, pues se ah retrasado, el agua corre detrás de mi y calma mi ansiedad, de alguna forma comienzo a encontrar tranquilidad, en medio del caos qué solo mis pensamientos son capaces de ocasionar. —Si te quedas mucho tiempo ahí, mojaras por completo esa bella blusa —la voz grave pero juvenil de alguien me hace voltear la cara. Cierro mi libro y observó un chico frente a mi, es apuesto, tiene mandíbulas afiladas y el rostro tan terso como un durazno, viste una sudadera negra y sus cabellos alborotados, me inquietan, lo miro en silencio y él sonríe, su labios hacen juego perfecto con sus dientes y sus ojos alegres logran qué mis labios sonrían. —No te preocupes, me gusta la humedad en la espalda —replico y me siento estúpida. Es la peor frase qué pudiste haber dicho, Mila, ¿qué ocurre contigo? —Bien, disculpa por meterme en dónde no me han llamado —dice el chico de gran altura. —No hay problema, estas disculpado —me pongo de pie y cruzo por un costado, ignoro su intento por entablar una conversación, no es que me desagrade a decir verdad los nervios me estan acabando. —Te conocí hace un rato —suelta de la nada y hace que detenga mis pasos. —Si, tú eres la chica que vive en el edificio de la calle ocho, ¿cierto? —sus palabras son claras y sus cabellos hacen qué ate los cabos sueltos. Él es el tipo con el que mi profesor estaba discutiendo, ¿quién será? —Así es, me llamo Mila, y vivo ahí, no te había visto —explico, mientras doy media vuelta y me acerco. —Llegué esta mañana, es solo que aún estaba dormido cuando te vi salir del elevador, para ser honesto, después de ver a una mujer tan linda cómo tú, no fui capaz de cerrar los ojos otra vez —dice y trato de mantener mi rostro serio, pero estoy a nada de perder la compostura. —Bien tal vez nos veamos por ahí, o por aquí, supongo que eres estudiante de este lugar —sugiero y a lo lejos escucho la voz de Renata llamándome. —Debo irme, mucho gusto —infiero. —No te he dicho mi nombre —musita.. —No te lo he preguntado —respondo y él sonríe y al mismo tiempo hace algo particular con sus labios, tratando de tragar su ego. —Bien, entiendo, será difícil conquistarte, pero yo no me doy por vencido nunca —sus palabras me sonrojan o eso creo, un ligero calor se hace sentir en mis mejillas, me muevo un poco en mi espacio y no puedo negar que sus palabras me hacen sentir bien. —Bueno, antes de que te vayas, al menos responderé algo que sí me preguntaste —lleva una de sus manos hasta sus labios y limpia sus comisuras, es cómo si ese gesto lo hubiera visto antes, frunzo el entrecejo y él comprende qué espero de una vez por todas me responda. —Hola soy Renata, mucho gusto —Renata me entrega un vaso y yo pierdo la concentración. —Hola Renata es un placer —responde y ella me mira esperando que le diga su nombre. Un silencio se forma a nuestro alrededor, el aire se espesa y la brisa de la fuente se siente frío en mis mejillas. —Justo le decía a tu amiga que si, aquí estudio, leyes por cierto —dice y abro los ojos. —No te había visto antes —dice Renata. —Llegué está mañana y apenas me estoy incorporando. En fin nos vemos —dice y se aleja. No puede ser quien es este tipo, será hijo del profesor, el profesor es tan viejo y no se le nota, no… maldita sea, lo que me faltaba. El hijo de mi profesor me ha tratado de conquistar y como si eso no fuera suficiente, no solo vive con Isabella, sino qué tienen un hijo, soy una completa idiota. —Vamos Mila, se hace tarde. Oye, ¿quién es ese tipo? está buenísimo —pregunta Renata mientras nos dirigimos al anfiteatro. Entramos y ahí está, mi profesor, él profesor. Ignora mi presencia, pero en realidad ignora la de todos, subo al mismo lugar que he subido durante los últimos días. El salón se llena y el profesor comienza a hablar, mientras yo trato de aguantar todo esto qué pasa en mi mente. La puerta se abre y mi corazón comienza a palpitar de prisa. —Buenas tardes profesor, me mandaron de la dirección —dice el tipo de cabello rizado, hago contacto con su mirada y me sonríe y no solo eso, levanta su mano para saludarme y al fin dejo de ser invisible para el profesor, me observa enseguida y siento como un par de lanzas se encajan en mi pecho. —Presentate —dice el profesor. No lo puedo creer, es un sirvenguenza, trae a su propio hijo a la misma universidad donde trabaja y no solo eso, le dará clases personalmente. Aprieto los puños, me invade un coraje insoportable. —Hola chicas, hola chicos mi nombre es Evan, Evan Blackwood —hay murmullos. —Si, él profesor, su profesor, perdón nuestro profesor es mi hermano —los murmullos se hacen más intensos. No puedo sentirme peor y al mismo tiempo aliviada. —Debo recordarles las reglas, que mi hermano este aquí es una mera casualidad, le daré clases como a cualquiera de ustedes y será calificado sin ningún tipo de consideración, cualquiera que tenga dudas, está en su derecho, pero si escucho una sola palabra acerca de mi desempeño o de cualquier intención de supuestos favoritismos, hacia Evan, tengan por seguro que las aceptaré, solo tienen pruebas, ¿está claro? —no puede ser más arrogante, intimidante y sexy al mismo tiempo. Siento que detesto a mi profesor. —Tú —el profesor me señala y siento que el aire me falta. —No mejor tú, Renata, te pido que ayudes a Evan a ponerse al día, esta semana serás su guía… y tú busca un lugar donde sentarte —ordena y mi corazón vuelve a mi pecho. Al menos no es su hijo, al menos no es hijo de él y de Isabella, al menos… al menos qué importa. La clase ha terminado, todos salen y Renata parece entusiasmada de ser la guía de Evan, bajó los peldaños y su voz retumba en mis oídos. —Mila, necesito hablar contigo —mi profesor, me da una orden, su hermano, mi amiga y el resto de la clase me miran, yo solo camino hasta su escritorio, y con una señal hecha con sus dedos, me siento en una banca frente a él esperando oír lo que sea que tenga que decirme. Todos salen del salón, al fin estamos solos, no se que sea lo que tenga para decirme, pero me mantiene bastante intranquila. No puedo evitar pensar en lo bien que luce, el color azul le queda perfecto, su traje alineado y esas malditas gafas de pasta hacen qué sea muy pero muy sexy. —Mila, anoche te dije que vivía solo, y se que escuchaste a… Isabella. Bueno no quiero que pienses que te he mentido, ella solo estaba… bueno fue a visitarme —no sé porque me dice todo esto, no le he pedido ninguna explicación, pero la necesitaba. Pero, es verdad que me tiene sorprendida, porque tendría que tomarse la molestia de aclarar todo esto. —Profesor, no es necesario que me explique nada, nunca pensé algo distinto y en todo caso, no es algo de mi incumbencia —miento, bueno un poco. —Lo sé, sé que no es de tú incumbencia pero… —sé me acerca tanto como puede y sus manos se posan en los descansabrazos de la banca, lo puedo oler, lo puedo casi sentir, el tiempo se paraliza, todo a mi alrededor desaparece. Él hace tantas cosas en mi qué no soy capaz de explicar y tampoco deseo hacerlo, su simple cercanía, hace que mi mente simplemente se calle, solo está él y no se que hacer, no se porque me gusta que esté cerca, pero no pienso impedírselo. —Algo más… aléjate de mi hermano —no puedo creer lo que escucho, mi profesor, se incorpora y me da la espalda, no se que decir y aunque supiera mi boca está seca. Tomo mi laptop y salgo de prisa. Este tipo, me va a enloquecer. Cierro la puerta detrás de mí, y ahí está su hermano con esa sonrisa, mirándome con sus cejas arrugadas —Ahora ya sabes mi nombre —dice con una voz suave, me sonríe y hago lo mismo, mientras trato de asimilar las palabras de su hermano, mi profesor.
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