Me siento perturbada aún, el encuentro con mi profesor me dejó bastante inquieta, a pesar de que Alex está a mi lado, no me siento tan segura como quisiera.
Voy de camino a algún lugar, Alex conduce y no tengo intención de preguntar a dónde vamos, se que tengo un par de clases más tarde, y contempló el tiempo para no faltar.
Alex se detiene y me ayuda a bajar del auto, levanto la mirada y un edificio está frente a mi.
—¿Ah donde me trajiste? —pregunto y no lo hago porque me sienta extraña, en todo caso lo hago por curiosidad.
—Mis padres me compraron este departamento, y ya que está tan cerca de tu universidad y de la mía, creo que es bueno qué lo conozcas —dice Aelx y su sonrisa me hace sentir alegría, el brillo en sus ojos me invita a seguirlo, es una sorpresa verlo tan entusiasmado de mostrarme el lugar donde vivirá, después de todo, el verano fue difícil sin su presencia.
No hay muebles, es lo primero que observó al entrar, Alex destapa dos cervezas qué ha sacado del congelador, y me niego a aceptar tomar una, le explico qué en un rato más tengo clase.
Me pide que lo acompañe a su habitación y en esta si hay una cama un par de buros a los costados.
—Solo tengo una cama, después llegarán los demás muebles ven siéntate, ¿pareces nerviosa, que ocurre? —cuestiona y mis ojos se llenan de humedad, quiero contarle lo que ha pasado, pero apenas intento abrí la boca y comienza a besarme.
Sus labios son suaves y aunque antes lo he besado, esta vez parece que mi cuerpo no responde de la forma en la que lo hacía.
Sus manos grandes rodean mi cintura y me tumba sobre la cama, mi cabeza está a punto de colgar en los pies de la cama y por un instante me rehusó a que continúe, intento alejarlo, pero él es intenso.
Lleva sus manos hasta mis caderas y sin que yo me de cuenta sus dedos se encuentran en mi pelvis, me siento mal, algo no está bien, no quiero qué siga haciéndolo.
—Detente —ordeno.
Me ignora y besa mi cuello, comienzo a sentir repulsion.
—Espera detente —grito y el sonríe.
—Mierda, que te detengas —lo empujo y me pongo de pie.
—¿Qué ocurre? —veo en sus ojos la sorpresa de mi actitud.
—No quiero, no estoy lista —infiero.
—¿Cuándo? ¿Cuándo vas a estar lista? —me cuestiona, y bebe la cerveza, acomodo mi falda y mi blusa.
—Mila, llevamos dos años siendo novios, y ya estoy cansándome de esto —la forma en la que me habla me lastima, lo miro a los ojos y lo desconozco.
Alex es muy guapo, tiene una sonrisa peculiar, y un rostro afilado de ensueño, su piel es hermosa y sus labios son tan deseables, o al menos lo eran en otro momento.
—Llévame a la universidad —indico.
—Sabes que, estoy harto de esto vete tú sola —aprieto las mandíbulas al escuchar sus palabras, no puedo creer lo que está diciendo.
Camino por el corredor, y escucho su voz advertirme algo.
—Si sales por esa puerta esto se acabó, te olvidas de buscarme —no puedo sentirme más lastimada, me doy cuenta de quién es en realidad Alex.
Mis pies se postran en el suelo por un instante, pero, respiro profundo y salgo de su departamento azoto la puerta y rompo en llanto, bajó de prisa el elevador y salgo del edificio, por un instante me siento perdida, y no es que no conozca esta ciudad, es que mis ideas no me dejan tener claridad.
Levantó la mirada, el cielo se ha nublado, un par de gotas caen sobre mis mejillas. Maldición lo que me faltaba.
Comienzo a caminar, entre las calles, los autos entorpecen mis oídos y un par de truenos, me elevan los nervios, levanto la mano esperando que un taxi este libre pero es inútil. Tendré que caminar hasta la universidad.
Mi cuerpo está tan mojado cómo mi ropa, mi falda de tablas negra a perdido forma, mi blusa blanca, deja ver mi piel, mientras camino puedo ver mis cabellos negros hechos sopa, y estoy segura de que el maquillaje de mis ojos se ah corrido.
Me detengo en una avenida, espero en un cruce y aún así no pierdo la esperanza de que al fin un taxi me del el servicio, levanto la mano y un auto n***o lujoso se para frente a mí, mí visión no es buena, y en este momento no sé si mis lágrimas nublan mis ojos o la lluvia, o la mezcla de ambas.
Se recorre el vidrio del auto y ahí está, mi profesor —, vamos sube.
Escucho fuerte y claro la voz de mi profesor, pero decido no hacerle caso, en este momento recuerdo la forma en la que me trato, recuerdo cada una de sus palabras y la humillación qué me hizo pasar.
He perdido el alto, camino en el sentido de los autos sin tomarle importancia a su orden.
—Que subas, es peligroso que estés en la lluvia —dice y aprieto las mandíbulas, pero, al mismo tiempo considero su propuesta.
Avanza tan lento o tan rápido como yo lo hago, y no deja de ordenarme qué suba a su auto, ignoro su presencia mientras cruzo las manos, veo como el auto se acelera y se detiene un par de metros delante de mi.
Mi profesor baja de su auto y me detengo en seco abre la puerta del copiloto —, que subas niñita no tengo todo el día —me doy por vencida al escuchar el tono de su voz, siento un escalofrío, pues de cualquier forma estoy en la calle sola y un desconocido del qué solo se su nombre y que es mi profesor, me ordena subir a su auto, pero algo dentro de mí, me dice que solo desea ayudarme. Eso espero.
Al fin subo a su auto él pasa su mano cerca de mí y cierro los ojos enseguida.
—Toma, cúbrete con esto —mi profesor me entrega una manta y entre sollozos suelto un —, gracias.
Bajo el espejo del auto y puedo ver que mi cabello y mi maquillaje efectivamente se han estropeado.
Seco mi rostro y cubro mi cuerpo con la manta, estoy asustada, no puedo negarlo, pero al mismo tiempo siento paz.
Es horrible vagar por la calle con el cielo cayendo sobre tu cuerpo, y más si acabas de terminar con el que pensabas era él amor de tu vida.
—Señorita Johnson, ¿porque no está en la universidad? —Su pregunta me saca de mi ensimismamiento, y a pesar de ello no soy capaz de responder.
—¿Le paso algo?, dígame —sus palabras se sienten diferentes, el tono de su voz es relajado y aunque no voltea ni un segundo, siento la confianza de al fin decir unas palabras.
—Uno de su clase acaba de romper mi corazón —no se porque dije lo que dije, no se porque me atreví a contarle algo tan personal.
—¿Uno de mi clase?, ¿cuál es su nombre? —pregunta, mientras dobla a la derecha.
—Me refiero a un hombre, bueno eso no es un hombre —miro a mi profesor y noto como sus mandíbulas se aprietan, la barba en sus mejillas, intensifican su gesto. Es realmente guapo, pero es un maldito ogro.
—La llevaré a la universidad, ¿vive en el campus o..? —pregunta, ignorando mi respuesta.
—Vivo muy cerca, en realidad hoy por la tarde, conoceré el departamento —explico.
—¿Quiere que la lleve ahí? —pregunta nuevamente.
—No, la universidad está bien, mis padres mandarán a alguien para que me lleve al departamento y quede de verlo en la universidad.
Mi profesor no me dice nada más, continúa manejando hasta que después de un rato al fin llegó a la universidad, mis miedos se han disipado, al menos debo reconocer qué mi profesor se ha comportado como un caballero.
Se detiene y baja del auto, me abre la puerta y pongo los tacones en el asfalto, me extiende la mano y prefiero agarrarme de la puerta, no se como pero pierdo el equilibrio y me toma entre sus brazos.
Sus manos son fuertes, tanto como sus brazos, y lo se porque me aferro a ellos y puedo sentir sus músculos. Me mira a los ojos y por un momento, por un instante, no sé cómo, no puedo explicarlo, pero él color miel de sus ojos está tan cerca.
Tiene cejas tupidas y una nariz perfecta, y aunque está húmedo, por mi causa debo reconocer qué huele muy bien, algo recorre mi piel al sentir sus dedos encajarse en mi cintura.
Me mira en silencio y carraspea, de inmediato me suelta y a lo lejos escucho la voz de Renata —, Mila, ¿dónde estabas? —mi profesor se aleja un poco y al fin planto mis tacones de forma correcta, recupero el equilibrio, y Renata se me acerca, mira mi ropa mojada y abre la boca como si estuviera a punto de devorar un enorme pedazo de pizza.
—¿Estás bien? —me pregunta y por la forma de sus cejas, puedo ver que su preocupación es real.
—Estoy bien, es solo que no fue mi mejor primer dia —respondo, me quito la manta y me acerco al profesor.
—Disculpe, quiere su manta de vuelta o prefiere que la mande a la tintorería —menciono, y aunque he hecho una pregunta parece más una indicación, pues extiendo la mano con la manta entre mis dedos.
—Eso, no se lleva a la tintorería, cuando esté seca puedes dármela, ahora lo mejor es que te cubras —dice y algo que no puedo explicar, pero, que si me hace sentir ocurre.
Mi profesor me mira de arriba abajo y siento un calor que emana en mi cuerpo el mismo calor que sentí por la mañana en el salón, cuando intentaba burlarse de mí, pero esta vez no me hace sentir humillada.
Cubro mi cuerpo y mi profesor mira mis piernas, sube poco a poco y cuando llega a mis ojos, parece sonrojado. No, no seas tonta, estás enloqueciendo.
Mi profesor se da media vuelta, Renata me toma el hombro y tomo su mano como un gesto de agradecimiento..
—Señorita Johnson —escucho.
Me acerco hasta la ventana del auto y miró a mi profesor, tan enigmático, tan serio y solo siento agradecimiento.
—No todos los hombres somos de la misma clase, nos vemos mañana y espero que esté lista para leer el mensaje —sonríe de forma arrogante y aunque por un instante siento que mi cuerpo enardece, su sonrisa y la forma en la que sus cejas se arrugan me hacen soltar una sonrisa.
Arranca su auto, lo veo alejarse y Renata comienza a llenarme de preguntas.
Después de todo, este día mejoró un poco.