Estoy nerviosa, no puedo negarlo, la primera clase de mi día, es de nuevo en el salón de… Mi profesor, olvide su nombre, o tal vez no lo recuerdo del todo, Renata me espera en la entrada y su sonrisa en verdad alivia un poco mi ansiedad.
—Luces muy bien Mila —dice Renata con cierto ímpetu, aprieto los labios antes de agradecerle por su comentario.
—¿Entramos? —Vamos —responde.
Mi piernas tiemblan, las últimas palabras de mi profesor fueron claras, solo puedo estar en su clase si leo el mensaje, sé que es una tontería, puedo mentir y decir cualquier cosas, pero lo que en realidad me pone tensa es la idea de tener que exponerme frente a todos, tan solo para alimentar el ego de un tipo con ideas de grandeza.
Renata abre la puerta estoy detrás de ella, mis nervios están de punta y siento como las fuerzas intentan escapar de mi cuerpo. No, que voy hacer, no quiero ver al profesor.
No está, los chicos y chicas me observan y estoy segura de que esta vez las miradas son totalmente para mí y no los culpo, después de todo ayer terminé siendo el centro de atención.
—Nos vas a leer el mensaje jajaja —dice uno mientras subo las escaleras.
—Fuiste con tu papito, para que regañara al profesor —dice otro y Renata lo mira con desprecio, yo simplemente guardo silencio.
Escucho el golpe de la madera en la puerta haciendo eco, volteo enseguida y ahí está, tan imponente, y tan atractivo al mismo tiempo, me siento de prisa y colocó mis cosas frente a mi, encorvo mis hombros, no hay manera de escapar de esto, respiro profundo y al fin mi profesor habla.
—Jóvenes, les recuerdo mi nombre, soy Warren Blackwood, para cualquier despistado qué no haya escuchado con atención, el día de ayer y para cualquiera que se esté integrando hoy. Hay muchos rostros, todos a mi parecer bastante… inocentes, debo decirles es mi deber decirles, que al finalizar el año la mitad seguramente terminará cambiando su carrera, está carrera, no es para débiles, no es para personas sin personalidad, no es para estudiantes qué creen qué tener buenas calificaciones en el High School, es suficiente para estar aquí —mientras habla, y después de haber escuchado de su ronca voz, su nombre, el profesor Warren se quita el saco azul, su camisa blanca se ciñe a su cuerpo de una forma perfecta, sus brazos son grandes y parecieran querer romper su camisa, su barba, sus ojos, todo parece perfecto, todo parece en su lugar. Si tan solo hubiera tenido un profesor así en el High School, las clases hubieran sido más divertidas.
Alguien levanta la mano y yo sigo intentando que el profesor Warren no me mire.
—Profesor, los valores en su clase son importantes, quisiera preguntar ¿Mila ya le dijo que decía el mensaje? Hoy está aquí, y bueno quisiera saber si sus reglas se siguieron al pie de la letra.
Maldito.
Un chico delante de mí, de cabellos rubios y de expresión despreciable abre la maldita boca, trato de esconderme, pero se que es inútil, todos fijan su mirada en mi, los murmullos y risotadas no se hacen esperar, y ahí está, su mirada sobre mi.
Junta las palmas de sus manos de una forma peculiar, rasca su barbilla y una mueca burlona ilumina su rostro, sus ojos tienen un brillo especial, y si soy más precisa puedo decir que su mirada sobre mí hace algo más que fastidiarme.
Me pongo de pie, titubeante, dispuesta a terminar con esta tontería, las miradas de todos se pierden en un abismo, y solo aparece él, su enorme cuerpo, su porte, no entiendo que me ocurre. Mi profesor es muy sensual.
—Chicos silencio, Mila —dice mi profesor, el profesor.
—¿Puedes leernos el mensaje? Por favor —su orden disfrazada de petición hace que todos al fin guarden silencio, el lugar parece frío y seco y por un momento guardó silencio, las chicas y los chicos me miran, desbloqueo mi celular y la luz tenue hace que mi rostro se ilumine.
—¿De verdad tu profesor es tan lindo como dices? —suelto.
Todos se sienten incómodos, mi profesor me observa, nadie lo mira, sus ojos siguen sobre mí, he mentido pero qué importa, no se me ocurrió otra cosa en este momento.
—Bien jóvenes, el mensaje está dicho podemos continuar —mi profesor, se da media vuelta dándonos las espalda todos aquellos que me señalaron, parecen olvidar qué existo, no sé cómo, pero funciono.
La clase sigue su ritmo, y no hay más pesadez, es cómo si mi idea hubiera tenido éxito, una mentira qué en todo caso se ha convertido en verdad, me libró de las miradas.
.
—Eso es todo mañana continuamos quiero el ensayo de mínimo cinco cuartillas, a mano —el bullicio se hace evidente después de su orden todos comienzan a salir del salón y Renata me mira con unos ojos pícaros, de alguna forma que me salí con la mía, y siento como se emociona.
—Apresurate, debes contarme todo —dice Renata y aunque no estoy segura de que es lo que cree, se que quiere hablar acerca de mi profesor.
Bajo las escaleras, Renata va delante de mí , casi no queda nadie, tan sólo el profesor, que parece buscar algo en su laptop y un par de chicos en el fondo, que buscan consultar algo, caminó hasta la puerta, mientras mi profesor entabla una conversación.
—Mila… —escucho y me detengo.
—Señorita Johnson, espere un momento —ordena y mi estómago se retuerce.
Renata me mira y gira los ojos me hace una señal para explicarme qué esperará afuera y yo solo aprieto los labios mientras mi mandíbulas se tensan, camino un par de pasos hasta el escritorio de mi profesor.
Pasan de lado los tipos qué le hablaban y uno alcanza a rozar mi hombro. Se escucha el sonido de la puerta cerrarse, y salto en mi lugar.
—Señorita Johnson, parece que usted es muy astuta —sus palabras son frías, y graves al mismo tiempo, no se que decir en este momento y guardo silencio.
—Profesor, disculpe no quise ofender, es solo que ese chico… bueno yo sé que no debí… pero… —digo cosas sin sentido, cómo si eso me fuera a ayudar para salir ilesa de mi atrevimiento.
—Crees que es gracioso no es así, mencionar qué soy lindo, no solo es una falta de respeto, podríamos meternos en problemas, con la universidad, se bien quienes son tus padres, no son amigos míos, pero los conozco bien —dice y bajo la mirada un silencio se apodera del lugar, no hay mucho que decir realmente, me deshice de las miradas y de los murmullos, pero es cierto qué no contaba con esto.
El aroma de su cuerpo se intensifica levanto la mirada y puedo ver a mi profesor tan cerca de mi, aunque ayer al sentir sus manos sobre mi cintura algo me hizo estremecer, tenerlo tan cerca en este momento es algo superior.
Sus ojos si son color miel, son claros y brillantes, sus cejas tupidas y las forma en la que estas se curvan lo hacen lucir inquietante, su barba es perfecta y sus labios lo son mucho más, rojizos como el carmesí, huele como un hombre de verdad, su loción es fresca e intensa al mismo tiempo y qué decir de su cuerpo, mi profesor dice algo y no le presto atención, veo sus dientes grandes, blancos y perfectos y me distraen por un momento. Eres un auténtico bombón.
—Mila, ¿cómo te sientes?, ayer estabas llorando, ¿Solo quiero saber si todo está bien contigo? —sus preguntas me hacen darme cuenta de que la mentira que dije es lo que menos le importa, está tan cerca y es tan alto qué no puedo respirar.
Su mano toca una de mis mejillas y me acomoda el cabello, la piel se me eriza y por extraño qué parezca, su cercanía me hace sentir paz.
Me alejo un paso, y mi profesor hace lo mismo, lleva su mano a su barbilla y limpia sus comisuras.
—Todo está en orden, debo agradecerle lo que hizo por mi, y le prometo que no le daré más problemas —me acerco ahora yo, siento la necesidad de oler su perfume un poco más, frunce el entrecejo y me pongo de puntillas, beso su mejilla, y algo recorre mi piel centímetro a centímetro, y aunque quiera no puedo evitar, comparar su barba, su cercania, su altura y el grueso de sus brazos con aquel idiota, no. Mi profesor es un hombre de verdad.
—Warren estás listo —alguien habla golpeando la puerta y me alejo de prisa.
—Estoy listo… Mila, quiero ese trabajo mañana —se dirige a mí después de responderle a una mujer, es rubia, es hermosa y por la forma en la que mira a mi profesor, imagino que es su pareja.
Ella me mira, me sonríe y hago lo mismo —, permiso —menciono.
Camino y abro la puerta y vuelvo para ver a mi profesor y no estaba equivocada.
La rubia besa a mi profesor, salgo de prisa y cierro la puerta, aun siento el aroma de su cercanía. Mi profesor.