Mi profesor de Literatura

1715 Words
Estoy agotada, la mudanza, la tarde de ayer y el maldito protagonismo qué viví en mi primera clase, han hecho que mi cabeza de vueltas sin parar, al fin tengo la última clase, Literatura. No puedo negar que estoy emocionada porque es mi último profesor, el último en conocer, no sé, su nombre pero de este almenos se su apellido, Connor. Renata me sonríe faltando diez minutos para entrar, y no puedo evitar responder a su sonrisa, pues hemos decidió calificar a los chicos más atractivos de la universidad. Un par de rubios, dos más morenos llenos de fuego y sonrisas blancas, un “puertorriqueño” qué me ha parecido espectacular, y un colombiano qué aunque parece que sus caderas tienen el baile a flor de piel, no deja de ser guapísimo. —El colombiano se llama Enrique, va en tercer semestre, está de intercambio —dice Renta mientras bebe de su macchiato. —¿Ese de allá como se llama? —preguntó, y puedo confesar que en verdad me atrae. —Él es Carlos, viene de intercambio y es de Costa Rica… definitivamente tienes gustos, muy distintos al resto de la chicas —las palabras de Renata, no podían ser más acertadas, los hombres me atraen, pero no solo me atrae el estereotipo, en algunos me llama la atención los brazos y la forma en la que las líneas definen cada músculo, si son brazos largos y fuertes con las venas queriendo escapar de su piel me fascinan. Otros me atraen por sus labios carnosos, donde el pigmento rojizo sea lo más sobresaliente, siempre qué el labio inferior sea tan solo un poco más prominente, pero que ambos gocen de buen tamaño. Otros más me atraen por sus nalgas, y la forma en la que descansan sobre sí mismas haciendo líneas peculiares mostrando su buena forma. Y algunos más me atraen por su mirada, sus cejas pobladas, con ojos grandes, donde el blanco, contraste perfectamente con el color miel o verde o en algunos azul, me encantan de pestañas grandes, pueden ser rizadas o de plano, pestañas lisas, pero siempre con un toque profundo. —En qué piensas —pregunta Renata y vuelvo en sí. —Nada, es solo que hemos escogido mal —replico enseguida con una sonrisa de burla y de algo de ironía. Renata voltea a mirar, dónde mi vista ha señalado y Carlos besa a Enrique, en un candente y al mismo tiempo dulce encuentro. Ambas comenzamos a reír, descubriendo qué algunos de nuestros gustos están más allá de nuestro alcance. —Démonos prisa, está por comenzar la clase —indico y sorbo lo último de mi vaso de café. —Espera… hay algo debo preguntar y no quiero quedarme con la duda —dice Renata y por primera vez encuentro en su mirada, ese toque de maldita qué hace comenzar a quererla. —¿Cuál es tu pregunta? —cuestiono, apretando los labios. —El profesor te gusta en verdad o… —sus palabras son frías, pero de alguna forma generan un calor extraño en mi cuerpo. El profesor, mi profesor, después de su clase no había pensado en él, a decir verdad me había concentrado en recuperar todo el tiempo que perdí la tarde de ayer, pero ahora que Renata, lo menciona, no puedo evitar poner mi concentración total en él. —A ti, ¿te gusta? —respondo con otra pregunta, de alguna forma parece que no estoy lista, para responder, creo que sé la respuesta, pero qué sentido tiene hablar de alguien que no es posible. —Por supuesto que me gusta, estaría loca si dijera que no, es un hombre en toda la extensión de la palabra, es atractivo, tiene una voz dominante, su barba encaja perfecto en su rostro, es alto, tiene ojos hermosos, cejas perfectas, con esas gafas de pasta, parece un hombre al que yo podría leerle todo el código penal, si así me lo pide —las palabras de Renata, no pueden abrumarme más. A ella le gusta mi profesor. —Wow qué descripción tan específica —replico con dificultad, no había imaginado ls qué Renata podía pensar de él, pero era obvio y era aún más obvio que no sería la única, por un instante comencé a pensar y concluí el porqué todas las niñas de mi clase se sientan hasta enfrente en la clase de Leyes. Soy una tonta, jamás tendré oportunidad, pero que estoy diciendo, él es mínimo quince años mayor que yo y aparte de todo tiene novia, qué podría yo hacer ante una mujer como la que lo beso en la mañana. —Bueno, es la verdad, pero solo es eso, yo soy feliz de tener un profesor tan guapo, aunque sea tan solo para deleitarme e imaginar. —Si tienes razón el profesor Warren Blackwood es muy atractivo —suelto. —¿Atractivo?, ¿solo eso puedes decir? No cabe duda que tienes gustos muy específicos —Renata toma sus cosas y deja un par de billetes en la mesa y ambas nos ponemos de pie. ¿Por qué… no fui capaz de decirle que ese hombre es hermoso?, ¿porque no fui capaz de aceptar que cualquier mujer, incluso yo, sueña con un hombre así? Al fin llegamos al salón, el anfiteatro es muy similar al de Leyes. Tal vez este profesor no sea atractivo. Todas las niñas se han sentado hasta la parte más alejada, y todos los chicos, parecen juntarse en el centro, sigo a Renata, ella no tomó clase el día ayer pues esperaba por mi en la entrada, justo cuando mi profesor me trajo de vuelta de aquel horrible momento. Subimos cerca de las otras chicas y comenzamos a intercambiar palabras, muchas sin sentido pero tal parece todo se debe al retraso del profesor Connor. —Buenas tardes disculpen la demora yo soy Isabela Connor, para los que aún no me conocen, soy su profesora de literatura, y comenzaremos con el principio, la filosofía de la ética y porque es tan importante —mis ojos se agrandan mi boca se reseca, siento un ligero cosquilleo en la garganta al descubrir qué mi profesor en realidad es una mujer y por si eso no fuera suficiente es la novia de mi profesor. Ahora entiendo porque las chicas están hasta arriba. La rubia despampanante qué besaba al profesor Warren, está frente a nosotros, es una mujer profesional igual que el profesor y si eso no fuera suficiente es hermosa. Bajo la mirada y me siento culpable de haber imaginado que aquella mujer que ahora nos explica con una sonrisa, fuera una arribista o alguna oportunista vamos una “golfa”. —Ayer no estuvieron en mi clase ustedes dos pueden presentarse por favor —dice la profesora sacándome de mis pensamientos. —Hola a todos, yo soy Renata Ruiseñor —me pongo de pie —Mi… disculpen… Hola… Hola a todos, mi nombre es Mila Johnson —digo con esfuerzo. ¿Por qué me siento así? ¿Qué demonios pasa conmigo? —Muy bien chicas, gracias por presentarse, comencemos con la clase por favor… quien puede decirme… —su clase es magnífica, habla tan bien y maneja todos sus conocimientos de una forma magistral, en verdad es una mujer admirable. La clase después de mi bochornosa presentación pasa tan rápido qué no soy capaz de digerir, lo bien que me siento de conocerla y al mismo tiempo, lo mal que sentí de saber quien es, y las cosas horribles qué pensé de ella. —Chicas, chicos, no olviden leer mínimo hasta el capítulo diez —todos los chicos se portan amables, todas las chicas, parecen odiarla, pero yo, yo no podría hacerlo, ella es perfecta. Ahora entiendo que tipo de mujer es la que puede tener a un hombre como mi profesor. El anfiteatro se comienza a quedar solo Renata, me explica qué más tarde irá a mi departamento a ayudarme, pero que debe darse prisa para salir, su padre la espera en la entrada de la universidad y yo asiento con la cabeza. Bajó las escaleras, tenían un par de anotaciones por terminar y no quería dejarlo para después, miró a mi alrededor y solo quedo yo, la profesora está sobre su escritorio en silencio, bajo el último peldaño. —Adiós Mila —dice la profesora. —Ah… Hasta mañana profesora —replico con una voz casi de angustia. —Espera un momento, ¿puedes? —pregunta y asiento con la cabeza y me acerco a su escritorio. —Disculpa que te pregunte esto, pero no estaré tranquila hasta decirlo. Dios que está pasando, ¿será que sabe que su novio me subió a su auto?, peor aún, ¿será que leyó mis pensamientos y se dio cuenta de que por un instante pensé en que el profesor Warren es un bombón? —La escucho —menciono. —Verás el profesor Blackwood me explico que te encontró cerca de un cruce bajo la lluvia y que no te veías nada bien, sabes aparte de ser profesora de Literatura tengo un doctorado en derecho penal, si hay algo que por alguna situación no pudiste explicar el dia de ayer quiero que sepas que puedes confiar completamente en mí —sus palabras me hacen sentirme mucho peor de lo que me sentia minutos atrás, es dulce, atenta, hermosa y no tiene secretos con su novio. Quiero matar al profesor Blackwood. Mis mejillas se sienten calientes, trato de abrir la boca, y me salva el sonido de la puerta al ser golpeada. —Disculpa, no sabía que seguías ocupada —dice su novio, el profesor Blackwood. Isabel, mi profesora me mira en silencio, mira a su novio y todo se vuelve tenso. —No se preocupe profesora, todo está bien, tal vez en otra ocasión podamos hablar, que tenga una linda tarde —suelto. —Hasta mañana Mila —replica mi profesora. —Con permiso profesor —digo, y me siento estúpida, él solo levanta las cejas, sin decir nada se acerca a mi profesora y la besa, yo salgo de aquel salón destrozada. No se que es lo que más me molesta, su indiferencia, que le haya contado a su novia nuestro encuentro, o que Isabel es una mujer excepcional. Quiero morirme.
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