El rey Nabal salió de la tienda. Llevaba el brazo izquierdo sobre el pecho y la mano en la empuñadura de la espada. Inspiró profundamente y al exhalar le salieron penachos por la nariz. Sus caballeros, a caballo y a pie, estaban preparados con las armas desenvainadas. La ensenada del Delta, justo delante, sería la primera línea de defensa de Nabal; impedir que el rey Cordillera alcanzara la orilla oeste, el objetivo final. Si el rey oriental asaltaba la cala... Mykal sacudió la cabeza, como si apartar esos pensamientos de su mente eliminara la posibilidad de un golpe. En el mar, dos embarcaciones se dirigen hacia los muelles. Subían y bajaban sobre las olas. Aunque la tormenta había terminado, el agua era turbulenta, violenta. Las velas arriadas estaban llenas de viento y surcaban el ma

