Casa nueva

1333 Words
Con resaca y su rostro inundado de lágrimas, despierta a las cinco de la mañana Ángel. Recordar que besó a Fernando y casi nombra a Edward, la avergüenza. Sentada sobre el sillón, en la oscuridad de la madrugada era imposible no pensar en Edward, ahora cuando había oscuridad no sentía miedo, ahora solo puede pensar en él, ese hombre que entró en su vida de manera inesperada, y mientras ella lo sacó de su oscuridad, él la sumergió hasta marcar tanta huella, que no importaba lo que hiciera, siempre estaría allí. [Fui a caminar, regreso en una hora] dejó una nota en el mesón de la cocina, ya que sería el primer en el que buscaría al llegar a la sala. Es tan extraño, se todas las veces que he sentido que puedo con todo, no siento que pueda hacerlo, pero sé que tengo que hacerlo. Sería tan fácil dejarme ir, dejar que mis hijos se vayan con su padre, pero sé que jamás volverían a ver a Jota, y odio eso. Entonces ya no es tan fácil. Sumergida en sus pensamientos camina temprano por la mañana, camina tan de prisa sin rumbo alguno que llega a correr impulsada por esa necesidad frenética de llorar, pero se niega hacerlo, así que corre sin detenerse hasta llegar no solo a una cima, sino a las puertas de una iglesia. Al parar, no hay manera de detenerlo, las lágrimas salen sin reserva, ese nudo en su garganta se hace cada vez más pesado, llorar no es suficiente, gritar con todas sus fuerzas parece calmar un poco el dolor en su pecho, pero su mente insiste en recordarle lo mucho que dolió. Los perros a lo lejos muy abajo de la cima empiezan a aullar, como si sintieran su pena por su desgarrador grito, incluso el cielo parece sentir su dolor porque una torrencial lluvia se desata. ─¡¡soy una estúpida!! ─grita para sí misma, dejándose caer sobre el borde de la cima. Poco a poco la lluvia cesa, la neblina aparece haciendo imposible ver más allá de dos pasos, se queda sentada por más tiempo del que pensó, pero regresa de nuevo a la casa, afortunadamente para ella, nadie en la casa se ha despertado aún. ─Me muero... ─balbucea Sabrina saliendo de la habitación con sus manos sosteniendo su cabeza. ─¿qué tanto tomamos anoche? ─dos botellas de vino, y una wisky. ─levanta las botellas del suelo. ─Eso explica por que quiero arrancar mi cabeza con mis propias manos... ─balbucea metiendo la cabeza en el lavamanos mientras el agua cae en su cabeza. ─¿cómo es que te ves tan bien? ─pregunta mirándola mojada, y tan tranquila. ─¿por qué estás mojada? ─Salí a caminar y estaba lloviendo de regreso. ─dice sacando cosas para preparar desayuno. ─¿crees que aun tenga mi trabajo en la guardería? ─Hasta donde sé, recién ayer retomaron la asistencia, preséntate a ver que dicen. ─dice sanado la cabeza del lavamanos. ─¿Te importa si dejo a los niños aquí contigo un rato?, es que tengo algo que hacer, y si los llevo no puedo... ─Aún están dormidos, no creo que despierten si no los levantamos, así que.. sí, igual yo solo con una buena ducha, una taza de café y algo para el dolor de cabeza, y ya estoy. ─dice animada. ─Bien. Dejaré hecho el desayuno y me voy. ─Dice mientras ella entra al baño. Tan rápido como puede prepara el desayuno para todos los niños, hace un par de sandwiches para llevarlos en su bolso, y los guarda con una botella de agua y un anillo. Deja todo limpio y listo solo para servirse y comer, aunque antes de irse Luisa la escucha. ─¿A dónde va? ─pregunta mirando el pasillo. ─Voy a buscar donde rentar algo, y apenas tenga algo, regreso por ustedes... ─¿por qué no regresamos con mi "pa"? ─No insistas en eso por favor... ─¿por qué te separó de él, en primer lugar? ─espeta cruzándose de brazos. ─Lo que pasó con tu papá y yo, no tienes porque saberlo. Yo tuve su version de marido, y tu tienes la de padre, es todo lo que tienes que saber. ─dice saliendo, evitando más confrontación. ─Mi "pa" dice que usted lo engañó. ─dice antes de que salga. Ya lo sabía, yo sabía que él haría algo como eso, decir la versiona que más se le acomode a sus hijos, para quedar como el santo que yo sé que no es, pero no voy a entrar en debate con una niña, sabiendo que si le digo cómo terminó todo, tendría que decirle cómo empezó todo, y no lo haré. ─Mi amor. Iré a buscar donde mudarnos, ¿me ayudas con tus hermanos? ─Si. ─dice cortante. ─Gracias. ─le da un beso en la frente y se va. Camina por horas y horas, hay varios lugares en renta, pero ninguno a un precio accesible para ella, o tan cerca de los institutos. Pasa por su mente el anillo, tal vez Sabrina tenga razón, si vendiera ese anillo que seguramente sería muy costoso, podría obtener algo más de dinero que solo para un par de rentas. Camina al lugar más comercial, pero no uno que ella no frecuenta por el contrario, uno que ella ni en un millón de años podría frecuentar. Entra a un lugar de joyas, si va a vender este anillo, sabe que en una tienda de empeño no le harían justicia a su precio, más no en una tienda de joyas. ─Buenas tardes. ─dice, y quien atiende el lugar se acerca, pero la manera en la que lo ve no es agradable. ─Dígame, ¿en qué puedo ayudarla?. ─dice muy cordial. ─¿busca alguna joya en especial?, ¿tiene un precio límite?, cien, doscientos... ¿Tal vez trescientos? ─pregunta sin poder disimular la manera despectiva en la que la ve. ─Quiero vender algo... ─dice con duda. ─Déjeme ver. ─dice con un pañuelo en su mano. ─Gracias, será mejor que vuelva otro día. ─dice saliendo del lugar. El tipo es nefasto, su manera tan denigrante de verme, es claro que si llego con ese anillo es capaz de mandarme a la policía, aunque sea por la satisfacción para su clasismo. Idiota. Tal vez, no debería vender este tonto anillo, pero es lo único que tengo para no quedarme en la calle, ¿pero que hago si... Soy tan estúpida en creer que él vendrá por mi y me pedirá su anillo. Camina unas tiendas más allá y hay otra tienda. ─Buenas tardes. ─la recibe entusiasta un señor muy amable tendiendo su mano. ─Buenas tardes, hay algo que quiero vender. ─dice mirando todo a su alrededor al saludarlo. ─Es el lugar correcto, dependiendo de la joya podría darle un buen precio. ─dice camina tras el mostrador. ─déjeme ver que tiene. ─tiende su mano. Al mostrar el anillo, su asombro se hace notar. ─Es una muy buena pieza. ─lo observa más a detalle. ─¿tiene el recibo de compra? ─pregunta al reconocer la joya. ─Es un anillo de matrimonio, y no te dan recibo cuando te piden matrimonio. ─dice a modo de broma y el encargado ríe con ella también. ─Insisto, es una muy costosa, elegante y buena pieza, pero necesito no puedo hacer negocio alguno hasta corroborar que es legal. Espero no se ofenda, pero son políticas, no tiene que ver con usted. ─Lo entiendo... pero no tengo la factura y claramente no es robada. ─dice mirando a la cámara del local. ─entonces... ¿no puedo venderlo? ─Le explico, este tipo de anillos tiene un código, no necesito la joya, solo el código, y puede darse una vuelta en tres días más o menos, y si no está reportado como robado, o tiene alguna alerta le haré una oferta por muy razonable por él. ─dice muy amable. ─Gracias. ─dice tomando su anillo, y saliendo del lugar, con la petición del volver sin falta en tres días.
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