¿por qué?

1747 Words
Esperé muchas cosas en mi vida, muchas, pero que al estar en un hospital, él conociera y se hiciera amigo de mis hijos, no. Definitivamente no es algo que yo esperara, pero ¿por qué?, ¿cómo es que Kahl aún no ha hecho nada por venir por ellos? ─¿Ustedes son amigos? ─pregunta Ángel a Sandro, señalado a Edward. ─Si. ─dice directo y conciso. ─él me enseña a tocar la guitarra que olvidó en su viaje. ─y los libros también me los dió. ─dice Luisa con una gran sonrisa, ya que tanto como los ha leído, los ama. ─¿Usted sabía que los libros que compro son muy antiguos?, ¡mamí, son primeras ediciones!, mi profesora de literatura se sorprendió mucho cuando lo vio. Dijo que debió costarle mucho, y que yo era muy afortunada por tener una madre que le gusta que yo lea. ─dice entusiasmada. ─¿Pero por que no podíamos verla? ─pregunta Jota, aún abrazado a Edward. ─Yo quería venir a verla, pero él dijo que la tenían dormida. ─dice mirando a Charles con cierto enojo. ─Bueno, señora Torres. ─dice mirando con cierta gracia. ─al parecer no soy el personaje favorito de sus hijos. ─dice y Edward tienen que cubrir su boca para se note que está riendo. ─¿Sabia que él es italiano y que su apellido significa "plata"? ─dice Sandro como el sabelotodo que es. ─y en realidad se llama Eduardo Plata. ─dice y todos se echan a reír, aunque Ángel se limita por el dolor de cabeza que vuelve a aparecer. Charles y Edward se dan cuenta enseguida de lo que sucede, pero ella parece no darle tanta importancia, ya que sus hijos continúan contando sus travesías en estos días que ella no ha estado. ─Ah. ─da un brinco al ver a uno de los escoltas. Al verlo Luisa y Sandro esperan que no hable, pero Jota es imprudente y suelta todo. ─Luisa lo golpeó. ─dice señalando al hombre. ─¿qué? ─pregunta viendo al hombre, pero por la manera en que lo ve, demuestra que ella ve borroso, lo disimula al asentir. ─¡Jota! ─lo regañan sus hermanos al unísono. ─¿cómo es que... ─No es algo a considerar. ─dice Edward intentando dar el tema por terminado al ver que intenta aguantar y disimular su dolor de cabeza. ─Lo lamento, es solo que no sabía quién era y cuando salí lo vi dándole un dulce a Jota, y pensé que era alguien malo, y como usted siempre dice que no confiemos... él es enorme. ─dice señalando. ─si solo salía y tomaba a Jota el tendría ventaja, asi que sali y le pegue con la escoba, pero lo esquivó, y le di el golpe que me enseñaron en las clases que usted me puso. ─explica algo ruidosa, Luisa, eso, más las risa de Jota, y el relato contado desde una tercera persona de lo que sucedió lo empeora todo. Disimuladamente toca su cabeza, y esta vez Sobrino lo ha notado también. ─Bueno. ─dice Sabrina enseguida. ─¿quién tiene hambre? ─pregunta y Jota corre a ella enseguida. ─¡¡Yo!! ─grita estruendoso. Algo que es un fastidio para sus hermanos, y una tortura para Ángel. ─Sin gritar. ─espeta Sabrina enseguida abrazandolo. ─estamos en un hospital, y aquí no puedes hacer mucho ruido, por que las personas intentan mejorar. ─dice y este obedece enseguida. ─¿Está bien si me quedo con usted? ─dice Sandro, mientras Luisa ni se inmuta. ─Claro que sí. ─asiente con una sonrisa. En cuanto Jota sale de la habitación con Sabrina, Edward se acerca rápidamente a la mesa y sacó dos pastillas de las que toma Ángel y se las entrega, además de entregarle una botella con agua. ─Bébelo. ─dice evitando verse preocupado com lo está. ─¿te duele mucho? ─pregunta Sandro al ver la seriedad de él. ─Solo un poco... ─musita sin siquiera levantar la mirada a Edward. ─Ma... ─musita Luisa al ver la manera en la que él ve a su madre. ─¿es cierto que te casaste cuando fuiste a ese viaje? ─pregunta y pese al intenso dolor de cabeza, ella levanta la mirada a su hija. ─¿se los dijo...?, ¿todo? ─pregunta con cierto disgusto. ─Sandro, yo... ─intenta arreglarlo de alguna manera para evitar que el padre de ellos se entere. ─No le he dicho nada a papá. ─musitó encogiéndose de hombros. ─él no me agrada. ─dice evadiendo la mirada de su madre. ─Sandro... yo no... ─balbuceó intentando buscar las palabras adecuadas, mientras Edward retrocede asumiendo también que se refiere a él. ─Papá no me pregunta por lo que me gusta, ni quiere escuchar lo que digo, y cuando le hablo de los libros que he leído, siempre me dice que a mi edad él trabajaba con su papá y que los libros y la música no sirven de nada. ─mira sus manos. ─cada vez que lo veo me habla mal de ti y no lo quería decir, pero... sé que es mi padre, y es mi obligación quererlo, pero no me agrada. ─dice y ella lo abraza. ─y Luisa dijo que no le dijera nada, porque él lo usaría en tu contra, y no quiero que te haga daño... ─La única razón por la que confié en él, fue por que me mostró esto. ─dice sacando de su pequeño bolso un acta de matrimonio impresa. ─la busqué en el registro, y sí. Usted es Ángel Torres de Plata. ─musito entre pequeñas y mal disimuladas sonrisas. ─pero, ¿por qué no nos dijo nada? ─pregunta algo triste. ─Pasaron muchas cosas, y no sabía cómo... ─balbucea sosteniendo su cabeza.Edward asiente al ver a Charles y esté se va enseguida en busca de su amiga e hijo ─mi amor, prometo que les contaré cómo pasaron las cosas, tan pronto me sienta mejor... ─bostezo. ─pero este dolor de cabeza no... ─Bien. ─llega Sabrina con Jota de la mano. ─es hora de que se despidan, su madre debe descansar. ─dice corriendo a abrazarla. ─estaré al pendiente de los niños, no te preocupes. ─dice alejándose enseguida para que los niños se puedan despedir rápido de ella, ya que las pastillas que Edward le ha dado son para la jaqueca, pero a su vez le causen sueño. ─Duerma mucho y no se preocupe por nosotros, vamos a estar bien. ─la abraza Luisa besando su mejilla. ─su esposo me agrada. ─susurró a su oído haciéndola sonreír. ─pero, su apellido no me gusta. ─musitó. ─cuidese mucho, ya quiero llevarmela a casa. ─susurra Sandro, mientras llena de besos su rostro con gracia. ─la amo. ─sonríe. ─Te amo mami. ─la abrazó con fuerza Jota mientras deja un delicado y tierno beso en la nariz de su madre, acaricia sus mejillas al ver como se duerme aún sentada sobre la cama. ─Cuida bien de mi madre. ─dice Sandro al verla caer dormida sobre la cama. ─Por favor. ─musitó intentando no llorar. ─Ella va a estar bien, solo necesita descansar, pero te prometo que va a estar bien. ─sonríe abrazandolo muy fuerte, tanto como para reconfortarlo. ─Sé golpear personas, así que... ─se acerca Luisa a Edward. ─si la amas, asegúrese de que no le duela mucho cuando usted se vaya. ─susurra al estar Jota presente. ─Lo último que quiero es lastimar a su madre... ─musitó. ─Me agradas, pero están casados, ella estuvo aquí, sola y pasó por mucho... ¿dónde estaba usted? ─pregunta y sin esperar una respuesta regresa con sus hermano. ─Llevalos a casa, por favor. ─le dice a Charles y este asiente. ─No. ─espeta Jota. ─vamos contigo. ─dice corriendo a abrazarlo. ─No puede, el señor... ─intenta contener Sabrina a Jota y su efusividad. Edward no quiere despegarse de Ángel, pero sabía que la plática con Luisa aún estaba inconclusa, y no quería dejar las cosas así. ─Señora... ─Sabrina. ─asiente viéndolo. ─¿le podría decir al hombre que espera fuera por ella? ─mira a Ángel. ─que no puede ver a nadie porque está descansando? ─¿a Fernando? ─pregunta Sandro enseguida, ya que es el único que conocen que esperaba fuera. ─yo le diré. ─dice Sandro. ─Gracias por dejarnos verla. ─dice Luisa desde la puerta despidiéndose de Edward levantando su mano. ─Es su madre, yo solo... ─Lo sé. ─se encoge de hombro. ─lo sabemos. ─dice tomando a sus hermanos de las manos mientras salen. El peso que sintió Edward al escucharla y verla tomar las manos de sus hermanos, lo quebró por dentro. Ella era igual que su madre, y cada uno de sus hijos eran exactamente como ella se lo había dicho, pero la fortaleza de Luisa, el temple, era admirable. ─¿Todavía sigues pensando que solo vas a firmar el divorcio y seguirás tu vida? ─pregunta Charles al verlo. ─¿de verdad? ─pregunta suspicaz. ─No esperaba nada de esto. ─niega con la cabeza, volviendo a la ventana. ─¿y por qué no lo vuelves a intentar? ─pregunta cerrando la puerta tras ellos. ─Es claro que la amas, y no me importa lo que digas, sé que viniste aquí para firmar el divorcio, pero... si es así, ¿porque sigues acercándote a ella?, a sus hijos, a su familia. ─No lo puedo evitar... ─suspiró mirándola dormir. ─ella es como un magneto. No importa lo mucho que quiera alejarme de ella, todo me trae de vuelta a ella. ─Edward, ¿por qué te mientes?, pudiste firmar el divorcio en casa, su firma ya estaba... ─Las cosas... ─Pudiste enviarlas, ¿sabías que hay agencias que se encargan de eso? ─Pudieron robarlas o dañarlas en el proceso de llegada. ─alega. ─Podías haber enviado el jet con las cosas, yo pude... ─Quería verla. ─dice hastiado por sus preguntas. ─¿bien?, quería verla, ver su mundo, ver como... ─¿y ahora?, ¿qué es lo que piensas hacer? ─No lo se... ─suspira acercándose a la cama, pero no lo suficiente. ─ella no me quiere cerca, está molesta y lo entiendo... pero yo solo quiero que todo vuelva a ser como lo era antes, pero ella no lo es, ella no es la misma persona que llegó a mi casa con ganas de pelear contra el mundo, ella... creo que ya no siente nada por mi. ─dice regresando a la ventana. ─Edward... ─intenta reconfortarlo ─Vine por que quería respuestas, y eso aún no ha cambiado, y mientras ella esté en el hospital eso no va a cambiar, así que esperaré. ─se sienta en el sillon con la mirada fija en ella.
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