No

1678 Words
Fernando puede notar como su expresión cambia totalmente, su postura, no se ve nada cómoda. ─Veamos que es... ─se voltea para abrir la caja dice para disimular su expresión, afortunadamente Karina es la única persona que no lo ha notado, por lo que Fernando y Sabrina disimulan como que no ha pasado nada. Fernando toma la jarra de sangría y la aleja lo más posible de Ángel, mientras Sabrina se une a ella para ver lo que hay en la caja. Grande es la sorpresa de ambas, al ver un microondas, una cafetera, una sanduchera y una extractora. ─Todo es... ─Es poco lo que traje, porque Fernando no quería traer más. ─lo regaña mientras pone sus ojos en blanco. ─De no haberla sacado de la tienda, habría pedido algo más. ─bromea. ─De hecho lo hice. ─dice y tocan la puerta de nuevo. ─ya van a ver. ─corre a la puerta cual niña. ─¿La señora Torres? ─pregunta un joven con uniforme de entrega rápida. Antes de que Ángel llegue a la puerta por lo llenó de cajas que está el suelo, Fernando se adelanta y saca su tarjeta, pagando la factura. ─No digas nada, esa es mi contribución. ─advierte con una sonrisa mientras sale a recibir el pedido que ha hecho. El asombro de Sabrina es evidente, al ver que Ángel ha hecho un pedido de la parrillada que estaban hablando, que es muy costosa, el pedido era de más de trescientos dólares en total. ─¿qué huele tan rico? ─sale Sandro de su habitación, y así, todos, guiados por el olfato. ─Buenas noches. ─dicen al unísono los cuatro niños al ver a Fernando y Karina. Sabrina presenta enseguida a los niños, mientras Ángel divide las porciones acuerdo a lo que comen sus hijos, Jota es el que más trabajo le da comer las costilla, por lo que ha pedido pollo únicamente para él, y al ser muy grande la porción la comprarte con los demás niños. Fernando ayuda con la mesa, así como Karina y Sabrina acomodan las sillas con ayuda de Luisa, quien ve con recelo a Fernando. La comida es muy divertida, los niños hablan sin parar de lo que hicieron en sus vacaciones, Jota y la hija de Sabrina cuentan las travesuras que le hicieron, pero tan pronto vacían los platos, cada uno corre a su habitación para terminar arreglar lo suyo. —Por un nuevo comienzo. —levanta su copa Karina. —Por un nuevo, comienzo. —sonríe Sabrina levantando también su copa. —Claro que sí. —levanta su copa con una sonrisa Ángel, mientras Fernando solo asiente. Su sonrisa es triste, algo que hace que pese a estar celebrando se vean entre ellos algo confundidos. Chocan sus copas y beben vino por varias horas, mientras hablan de lo que han hecho, de las locuras de Karina y una que otra anécdota de cuando Fernando era pequeño, Sabrina solo es espectadora como Ángel. —¿cómo te fue en el viaje? —pregunta poniendo toda su atención en ella. ─Fue... educador. ─sonríe algo incomoda ─¿Qué fue lo que pasó con el libro?, sabes... conozco tengo una amiga que trabaja en una editorial en españa, y tal vez... ─No. ─dice callando enseguida, haciendo del momento algo incómodo muy rápido en muy corto tiempo. ─Ya terminé con eso. ─sonríe para disimular. ─Aún hay muchas cosas que no entiendo respecto a publicar libros y eso, así que por ahora solo quiero centrarme en cuidar, educar y ver por mis hijos. ─dice y todos vuelven a la normalidad. ─No deberías dejar tus sueños de lado solo por una mala experiencia. ─añade Karina con mucho cuidado, fue fácil darse cuenta de que el tema no era sencillo. ─No lo hago... ─sonríe suspicaz. ─es solo que... he perdido tanto tiempo esperando conseguir una casa y ahora que pude conseguirlo es bueno que empiece a reunir todo recurso para la universidad, ellos son tres y fácil no va a ser. ─Lo sé, pero de hecho... ─insiste Karina. ─¿cómo sigue tu papá? ─interrumpe Sabrina. ─De hecho, ha mejorado. ─continúa Fernando intentando cambiar el tema. ─Solo esperaba que volviera el hijo prodigo. ─bromea Karina. Todos siguen la broma y el tema del libro se da por terminado, Sabrina sabe por qué lo evita, y aunque Fernando no lo sabe, confía en que lo descubrirá en algun momento. ─¿donde estabas? ─pregunta Ángel ligeramente interesados en el tema. ─si no es mucho pedir. Nos podrías decir también, ¿por qué desapareces siempre? ─insiste Karina haciendo que toda la atención se vuelque a él. Se pone tan tenso o más de lo que se a puesto Ángel, pero él lo disimula muy bien, y muy rápido. ─Me aburro fácil. ─sonríe moviendo su copa de vino. ─me gusta viajar... los paisajes me relajan. ─mantiene su mirada fija en su copa. ─y disfruto mucho hacerlo en moto, en auto no es lo mismo. ─sonríe levantando su mirada, ve a Ángel con una sonrisa. ─¿Y no llamas a tus padres cuando lo haces?. ─pregunta intentando desviar su mirada. ─digo, si el paisaje es hermoso, ¿por qué no compartirlo? ─Él no comparte. ─lo señala su hermana con la copa. ─Es el lobo solitario, feo y aburrido. ─sonríe. Antes de que se defienda de su hermana, tocan la puerta. ─Ese sí es mío. ─señala la puerta y corre abrir. Dos personas con camisetas de la tienda de electrodomésticos llegan con una gran caja. ─¿qué es eso? ─pregunta levantándose muy impactada. ─Es solo un regalo. Lo prometo, es el ultimo, pero te será muy útil. ─empieza a abrir emocionada el paquete. ─aquí hace mucho frío, y la ropa es difícil de secar y sé que te gustará. ─descubre una secadora. ─y mi hermano te la puede dar instalando. ─señala con una sonrisa. ─Esto es demasiado Karina, no lo puedo aceptar. ─niega apenada, ya eso era mucho, una secadora como esa no era para nada económica. ─puedes, y lo harás... ─dice entregando la factura. ─Está a tu nombre, así que es tuya de todos modos. ─sonríe emocionada. ─Acéptalo. ─dice Fernando algo avergonzado. ─es más fácil arrancarle la cabeza, que la idea. Y no aceptará ningún tipo de devolución. ─Olvidé ese detalle. ─señala Sabrina. ─ella es experta en dar regalos extravagantes. ─sonríe. ─creeme. ─la abraza. ─De hecho, la idea fue de mi madre. Le comenté que saldría y a donde, me dijo lleva algo útil, no repetitivo. ─aclara. ─pero ya había comprado eso. ─señala los otros regalos. ─y ella dijo, que ese es de su parte. ─señala aún emocionada con la secadora. ─En ese caso... ─niega con la cabeza un poco avergonzada. ─recuérdame darle un buen regalo a tu madre en su cumpleaños. ─Por cierto. ─interrumpe su trago Sabrina. ─el sábado viene mi hermano con los perros, dice que hasta pensaba quedarse con ellos, pero le rompe el corazón que te extrañen. ─Y no sabes cuánto lo agradezco. De haberlos dejado en casa, quién sabe qué sería de ellos... ─Bueno... nosotros seguiremos desempacando. ─señala Sabrina el resto de cajas, llevándose con ella a Karina. ─Bueno, yo lavaré los platos. ─dice tomando tantos como puede llevándolos con ella al lavaplatos. ─Diría la comida estuvo buena, pero no sería halagador, ¿o, sí? ─se acerca Fernando con el resto de los platos. ─Pues... tuve una buena idea, halaga mi cerebro. ─sonríe tomando el resto de sus manos. ─Lamento si... técnicamente me he colado a la inauguración. Mi hermana insistió. ─se queda junto a ella. ─No te disculpes... ─musita lavando platos. ─ha sido grato verte, y divertido también. ─¿Has pensado si vas a aceptar mi invitación? ─pregunta deteniéndose. ─Fernando, me agradas y eres amable, pero no me gusta salir. No soy fan de las fiestas, y no sé si vaya a encajar con tanta gente y... ─No me gustan las fiestas, no me gustan las reuniones, y de hecho te invité para hacerlo un poco más divertido, pero entiendes si no quieres venir... No quiero salir, no quiero confundirme ni usarlo como un pañuelo, salir así, ahora, con lo mal que me siento sería un error. Él es agradable, gracioso, y entiendo que solo somos amigos, pero, ¿si busca algo más que solo eso?, solamente lo haría perder su tiempo, tiempo que puede invertir en alguien que esté interesada en el. Pero, y si yo estoy equivocada, y él no está interesado en mí, y me pierdo de una buena y agradable amistad? ─gracias por entender. ─dice dando por terminado el tema. El silencio se vuelve incómodo mientras lavan platos, ya que él está junto a ella secandolos. ─Mamá, tengo sueño. ─sale la pequeña hija de Sabrina frotando sus ojos mientras bosteza. Tan pronto ve su reloj da un brinco. ─Bueno, es hora de irnos... ─sacude sus manos. ─Quédate a dormir... ─se ofrece enseguida Ángel. ─Me encantaría, pero mi amado esposo regresa por la madrugada. ─dice abrazándola muy fuerte. ─y me debe muchas noches apasionadas. ─susurra a su oído para que su hija no la escuche. ─Nosotros también nos vamos. ─toma su cartera y abrigo Karina. ─acompañaré a papá en el hospital, para que mi madre pueda descansar. ─lanza besos al aire. ─Continúa mañana, no te desveles. ─recomienda Fernando despidiéndose desde la puerta. ─descansa. ─asiente y sale antes que Sabrina y su hermana. ─Gracias a todos, de verdad lo agradezco. ─despide de pie en la puerta, viéndolos subir a su auto. Los pierde de vista al girar en la esquina, entra y cierra la puerta. Camina a las habitaciones de los niños y cada uno está en su cama, sus habitaciones se ven impecables, sobre todo la de su hija, que incluso se tomó el tiempo de poner las cortinas. Cubre con una manta al más pequeño, que incluso tiene un pie fuera de la cama. Cierra las tres puertas, las ventanas, las cortinas, pero en el silencio de la noche, ya no parece tan divertido terminar de acomodar las cosas. No ha escrito, no ha tenido tiempo, pero ahora, en el silencio de la noche, parece buena idea.
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