Hace, más de un año atrás...
Ángel camina entre la multitud del aeropuerto, con el corazón afligido y un nudo en el pecho, apenas puede mantenerse en pie, lo único que quiere es gritar y llorar hasta que su pecho no duela más, pero no puede. Toma tanto aire como su dolorido pecho se lo permite, levanta la mirada para saber cómo guiarse mientras camina a presentar su boleto, cuando es abordada por una mujer con una sonrisa amable.
─Buen dia señora Torres, mi nombre es Claire Montuiri, y seré su asistente durante el vuelo.
─¿Qué? ─voltea a verla confundida.
─El señor Argento me ha solicitado para hacer de su regreso una experiencia agradable, por favor. Sígame. ─dice y sin saber qué más hacer o decir camina tras de ella.
─Si necesita algo, lo que sea, solo diganme. ─se detiene al llevarla alejada de las demás personas. Abre una puerta blanca y revela lo más parecido a la suite de un hotel de lujo.
─¿qué es esto? ─pregunta mira el lugar.
─Esta es la sala de espera para primera clase, su vuelo saldrá en dos horas, no tiene que preocuparse por nada, le haré saber en cuanto deba abordar. Durante la espera, si le apetece o desea beber algo solo háganme saber , o si necesita que vaya a la tienda de regalos por algo...
─¿Dónde están los baños?. ─pregunta.
Aunque esto la desencaja un poco, ella responde.
─En la puerta de allí.
─Es todo. Quiero estar sola. Gracias. ─dice y la asistente se retira enseguida.
Toma su bolso y camina al baño, donde cierra la puerta con seguro y se sienta en el piso.
Abrazada a su bolso, solo basto un suspiro para las lágrimas inundaban sus mejillas.
Pensaba que sin importar como esto terminara, yo iba a sonreír al recordarlo, sabía que la despedida dolería, pero no pensé que dejar esa casa me destruiría de la manera en que lo hace ahora. Aunque en este momento no sé qué es lo que me enoja mas, haber creído que sería todo diferente o que el me haya usado para divertirse mientras tenia programada una eutanasia. Todo era un estúpido plan en el que yo permití que me usaran, y odio eso, odio tanto haber sido tan frágil y haberme permitido ser tan yo con él, me enoja más haberme fallado a mí misma, de no haberlo hecho, no estaría llorando e n este maldito lugar.
Mientras tanto en la mansión.
Desde lejos Charles puede ver como todo el personal de la casa están yéndose entre lágrimas.
─¿qué sucede? ─se acerca corriendo al ver a Giorgio y ernestina con su equipaje fuera de la casa.
─El señor ha despedido a todo el personal, nos mandó a sacar a todos. ─dice entre lágrimas Ernestina.
─¿por qué? ─pregunta confundido.
─No lo dijo, solo pido que saliera el personal y que en tres días recibimos el pago de la liquidación, más dos meses más, pero...
─pero... ¿qué?
─que dejemos la casa enseguida. ─dice entre sollozos. ─¿a dónde iré? ─se va llorando a la puerta de la casa, donde un autobús empresarial espera por ellos.
Tanto como Charles se acerca a la casa, escucha los golpes, maldiciones y gritos de Edward.
─El señor se volvió loco, está rompiendo todo. ─dice una de la mujeres en la casa, mientras sale corriendo con su equipaje.
Al abrir las puertas, todo está oscuro, apenas y se iluminan los pasillos por la luz que reflejan las ventanas, ya que la cortina no es demasiado gruesas como las que antes tenían. Trata de guiarse por los ruidos, pero los estruendos vienen de todos lados, lo que es aún más confuso, pero el repentino silencio fue más aterrador para él, corrió a toda prisa por las escaleras, incluso saltándose los escalones, imaginaba lo peor, pero al pasar por todo el desastre a su paso y llegar a la puerta de la habitación, lo vió.
Tirado en el suelo con su manos sangrando, rompió en llanto como nunca antes lo había visto, ni siqueira en el funeral de su madre.
Su angustia creció desmedidamente al verlo ahogado en llanto, pero él no dijo nada, solo entró, cerró la puerta y se sentó en el suelo.
Ángel, con los ojos enrojecidos, y aferrada a su bolso, subio al avion, y se quedó en su asiento, con la mirada perdida, recordando cada momento que vivió a lado de Edward, su primer beso llenos de terror y enojo en el ascensor, el momento en que caminaron hacia la mesa donde firmarán el contrato matrimonial, su primera vez en la ducha, el calor de sus manos al tocarlas por primera vez. Con cada momento en su memoria solo se preguntaba a sí misma, ¿porqué?, ¿porque ella?, ¿por qué de esa manera?, ¿por que se enamoró?
Las horas pasaron y poco a poco el silencio reinó en la enorme casa oscura. No se escuchaba nada afuera, ya no se escuchaban los murmullos, llantos, quejas de los despedidos, los autobuses dejando la mansión o las puertas cerrándose, nada, era como una casa fantasma.
El llanto cesó, y él se quedó en absoluto silencio, sin decir nada, al igual que Charles.
─Aún no es tarde. ─musita Charles en la oscuridad y el silencio del lugar.
─Estás despedido. ─dice levantándose del suelo camino a la ducha.
─Lo sé. ─se levanta también sintiendo ya el trasero entumecido.
─¿y qué haces aquí? ─reclama volteando a él.
─No sé a quién despediste, ¿a tu asistente?, ¿asesor financiero?, ¿abogado?, ¿chofer?...
─A todos. ─gruñe abriendo la puerta.
─Bien, porque es tu amigo el que está aquí, contigo. ─aclara igual de tajante.
Solo se puede escuchar un suspiro tan roto como él antes de cerrar la puerta, y escucharse el agua caer al suelo en la ducha.
─Bien... ─musita Charles revisando su teléfono, en ese momento se entera de un chisme que ha empezado a correr en las redes, y medios de comunicación.
Aprovechando que por el ruido del agua Edward no podrá escucharlo, llama enseguida al publicista de él.
─No dejen que ese chisme se divulge, ¡¡sácalo de las redes ahora mismo!! ─dice sin saber que mas hacer, y esperando que Ángel no se entere de ello. ─¿como que él lo ordenó?, es imposible, el no dejaría que un chisme como ese corriera, a menos que...
Saber por el publicista, que había sido su propio padre el que había autorizado la divulgación de ese chisme, lo había complicado todo, pero entendía el porqué lo había hecho. Lo que no sabía, era cómo se lo diría a Edward.
Un golpe seco y obtuso le hizo dar un brinco, y a su vez correr a la ducha. La puerta está cerrada, toca insistentemente mientras lo llama por su nombre, pero él no responde. Llama enseguida a los escoltas y una ambulancia, mientras intenta tirar la puerta abajo, los escoltas llegan enseguida, y tiran la puerta abajo, para descubrir a un Edward en bata de baño tirado en el suelo, con su cabeza sangrando.