Capítulo 6

2651 Words
Extraño. Roman no podía dejar de pensar en eso mientras admiraba al hermoso joven rubio frente a él, parloteando sin parar de cómo había sido su día desde el mismo instante en que puso un pie fuera del granero y cuando terminó todos sus deberes. Cuando esa mañana Ollie se había retirado bajo el denigrante trato del supuesto abuelo dulce joven, Roman se molestó enormemente ante los insultos y gritos del hombre mayor, y luego se asustó cuando Ollie se retiró siguiendo a esa grosera persona, dejándole en cama sin poder hacer nada para ayudarle, para defenderle. Había sido extraño, un fuerte instinto de proteger había surgido en él cuando contempló el miedo atravesar aquellas facciones delicadas en el rostro del amable joven, algo dentro de él rugía y le exigía cuidarlo, ayudarlo y mantenerlo a salvo de todo peligro. Ciertamente Roman no sabía de dónde surgía esa necesidad, pero no podía negar que era muy real. Y mientras Ollie no había estado, más de una vez se encontró a sí mismo observando a través de la ventana, esperando al hermoso y amable chico para asegurarse de que estaba bien. Había hecho el intento de recordar también, cómo es que había terminado tan gravemente herido, en medio de un bosque y sin ropa alguna. Pero no importaba lo duro que intentara, su mente seguía permaneciendo en blanco, y el presionar en ello solo le provocaba más dolor de cabeza del que ya tenía. Había sido preferible pensar mejor en Ollie y en lo que estaría haciendo en ese momento, que en intentar recuperar algo de sus recuerdos. Aunque tenía la vaga sensación de que en ese momento debía de estar haciendo algo, mantenerse en cama aún herido era algo que sabía que le molestaba, ya que apenas había soportado quedarse en ese lugar, y solo porque su dulce salvador se lo había pedido, alertando que solo él sabía de su presencia en la granja, y como no era su deseo meterlo en problemas… No le había quedado otra más que obedecer. —¿Me estás escuchando? —preguntó Ollie, interrumpiendo su línea de pensamientos. —¿Qué cosa? —respondió Roman, consiguiendo que el joven rubio frunciera sus labios. —¿Tendrás fiebre? —expresó y alzó su mano para colocarla sobre su frente, comprobando su temperatura corporal—. No creo que esté tan mal, es similar a la mía si no me equivoco —pronunció pensativo—. ¿Te duele mucho la cabeza? ¿El cuerpo? ¿Tus heridas? —cuestionó y le observó culpable—. Lamento no haberte conseguido nada para el dolor a pesar de habértelo prometido, pero mi abuela no me quiso dar nada más y… No quería ir con Lucía a conseguirte algo porque eso significaba que iba a tardar más —explicó. —Está bien —anunció Roman, tomando la mano más pequeña entre la suya—. Solo me distraje un momento. —Porque te duele tus heridas, ¿no? —le observó preocupado. —He tenido peores —anunció. —¿Has perdido la memoria antes? —preguntó frunciendo el ceño. —No, pero ciertamente tengo la sensación de que he tenido heridas más dolorosas que las que tengo en este momento —explicó. —¿Puedes recordar eso? —le observó curioso—. ¿Recuerdas algo más? —No realmente —negó suave—. Intenté recordar algo, pero sin importar cuánto me esfuerce, mi mente sigue en blanco —expresó, torciendo sus labios en una mueca mientras sus cejas se juntaban. —Está bien —aseguró Ollie con una brillante sonrisa—. Puedes quedarte aquí todo el tiempo que lo necesites —prometió y con su mano libre, utilizó su dedo índice para borrar aquel ceño fruncido—. Solo debemos de tener cuidado para que ninguno de mis abuelos se dé cuenta de tu presencia y estaremos bien —le aseguró. —¿Puedo preguntar por qué tus abuelos no pueden saber que estás cuidando de alguien en tu propia casa y por tus propios medios? —indagó. —Es simple. Esta granja y todo lo que hay en ella, sigue perteneciendo a mi abuelo —explicó con un encogimiento de hombros—. No le gustan las visitas indeseadas e inesperadas, odia que extraños estén en su propiedad y definitivamente no está en su sangre ayudar si no recibe nada a cambio —anunció—. Si supiera que estoy cuidando y ayudando de alguien que apenas recuerda su nombre, no estará exactamente contento. —No suena como un buen hombre —declaró, recordando especialmente la forma en que trató a Ollie esa mañana por el simple hecho de haberse retrasado. —Nunca dije que lo fuera —se encogió de hombros—. Yo, lamento no haber podido venir más temprano —pronunció repentinamente, esquivando su mirada—. Realmente quería venir y comprobar cómo estabas, pero mi abuelo estuvo sobre mi espalda supervisando todo lo que hacía hasta casi el final, por lo que no tuve oportunidad —se excusó. —Está bien, no había nada que pudieras hacer de ser ese el caso —consoló, apretando suavemente la pequeña mano que aún sostenía entre la suya. —Aun así —arrugó su pequeña nariz—. Se supone que eres un invitado y además estás lastimado, debería de ser más atento —se quejó. —Me has cuidado y tratado mis heridas, has hecho mucho más que cualquiera podría hacerlo en las condiciones en la que te encuentras —expresó. —¿En serio? —preguntó, observándole esperanzado. —Por supuesto —asintió, con una pequeña sonrisa de labios. —Deberías de sonreír mucho más —anunció Ollie, sonriendo de forma más brillante—. Eres mucho más apuesto cuando haces eso y no frunces el ceño como un ogro —expresó, e imitó su expresión juntando sus cejas de forma exagerada, lo cual, solo lo hacía verse adorable. —Tal vez siga tu consejo —pronuncio algo divertido—. Aunque, presiento que es algo que hago de forma constante —expresó sincero. —Incluso cuando duermes —asintió el hermoso rubio—. Parece que no te das cuenta de ello, pero no te preocupes que para eso está mi dedo —anunció alzando su dedo índice—. Él te ayudará cada vez que te vea frunciendo el ceño —prometió alegremente. —Te lo agradecería —pronunció sintiendo una extraña calidez por el chico que apenas conocía. Seguía siendo rara esa sensación de querer verlo alegre, pero tampoco era mala, y Roman se sentía bien de saber que era el causante de aquella sonrisa tan deslumbrante y cálida, como el sol. —Oh, cierto, conseguí algo más que solo nuestra comida —anunció Ollie repentinamente. Levantándose de la cama, tomó los dos platos en los cuales había servido la comida y cruzó la habitación. Los ojos de Roman siguieron curiosos cada movimiento del energético chico, observando como incluso servía dos vasos de leche para dejarlos en la pequeña mesita de noche a su lado antes de volver a alejarse y alternar su mirada entre él, y lo que sea que tuviera entre sus manos. —Uh, realmente no sé si sea de tu talla —expresó y se acercó a los pies de la cama, dejando una prenda en el colchón antes de alzar una camiseta a cuadros—. Esta parece que servirá, ¿no? —le observó. —Podemos probar —respondió con simpleza Roman. —Sí, cierto —asintió el dulce joven alegre, rodeando la cama para estar a su lado—. Déjame ayudarte —pidió sin esperar respuesta realmente. Ayudándole a colocar cada brazo y acomodando la camiseta, Ollie se preocupó de cerrar los botones y sonrió satisfecho cuando esta calzó perfectamente en el apuesto desconocido, quedando incluso un poco suelta para su alivio. —La manga es un poco corta, pero de igual forma es mejor que estar sin nada —comentó Roman, doblando las mangas que terminaban antes de llegar a sus muñecas hasta sus codos para que no se notara. —También te conseguí un pantalón —anunció felizmente, cogiendo la prenda que había dejado a los pies de la cama—. Aunque parece que eres un poco más delgado que mi abuelo, pero no importa, un cordón servirá perfectamente como cinturón —aseguró. —¿Dónde has conseguido la ropa? —preguntó Roman, recibiendo la prenda. —Estaban abandonadas y olvidadas en un cordel, prácticamente me estaban llamando para que fuera por ellas —respondió observando a todos lados una vez Roman tiró las mantas hacia atrás para exponer su denudes. Aunque claro, de vez en cuando, Roman lo atrapó robando pequeñas y rápidas miradas a pesar de aparentar inocencia, cosa que le divirtió un poco. —Entonces, se las robaste a tu abuelo —pronunció comprobando que Ollie había tenido razón al expresar que le quedaría un poco grandes de la cadera. —Robar suena feo —refunfuñó frunciendo sus labios gruesos—. Solo digamos que las tomé prestadas por un largo periodo de tiempo —corrigió—. Además, ¿cómo sabes que pertenecen a él? —preguntó. —Porque según lo que me has dicho, ustedes tres son las únicas personas que viven aquí sin contar a sus animales, ¿no? —respondió. —Cierto —asintió y luego sonrió—. Si tenemos algo de suerte, tal vez te pueda conseguir unos zapatos —expresó con entusiasmo. Roman sonrió ante ello, aunque algo dentro de él rugió irritado, exclamando que debería de ser al revés. Era él quién debía de estar regalándole y satisfaciendo todas las necesidades básicas a Ollie, no este dulce chico a él. —Otra vez —resopló joven rubio, alzando su dedo y presionándolo entre sus dos cejas—. Ahí sí, mucho mejor —asintió satisfecho—. Uy, ya se está haciendo tarde —anunció repentinamente cuando contempló a través de la ventana, llamando su atención. —¿Qué tiene que sea tarde? —preguntó—. Creí que me habías dicho que terminaste todos tus deberes por hoy —le recordó. —Y lo hice —asintió—. Pero necesito recolectar más comida para nuestra cena —explicó, sin querer decirle que Roman se había comido la mayoría de la parte que había pensado en guardar para después. El hombre se estaba recuperando después de todo, era bueno que comiera bien para que recuperara todas sus fuerzas. —Pensé que dijiste que tu abuela no nos daría más —indicó Roman, cruzando sus brazos sobre su pecho. —Así es —aceptó alejándose—. Y por eso iré al bosque a recolectar algo. —El bosque es un lugar peligroso, en especial durante la noche —anunció Roman, frunciendo automáticamente el ceño. —Pero técnicamente, aún no es de noche —le recordó—. Y estaré bien, ya llevo un tiempo haciéndolo solo. No me pasará nada —prometió con una sonrisa. —No me gusta —anunció Roman—. Lo que sea que me pudo haber atacado puede seguir ahí afuera como para que estés solo —indicó. Un ligero temor recorrió el pequeño cuerpo de Ollie al pensar en ello, pero inmediatamente se lo sacudió. Había pasado años atravesando solo el bosque sin la ayuda de nadie, y a diferencia de su apuesto invitado, él tenía puntos a favor para detectar y escapar del peligro gracias a su segundo par de orejas sobre su cabeza. Por muy extrañas que fuera esa peculiaridad, de algo le servía al menos. —Estaré bien, no iré muy lejos tampoco —aseguró. —Estás siendo terco —chasqueó su lengua Roman. —No, creo que tú lo eres —corrigió—. Estás lastimado, deberías de seguir descansando en la cama. —No podré descansar si sé que estás solo allá afuera —argumentó y luego asintió con su cabeza, como si hubiera decidido algo—. Iré contigo —anunció. —¿Qué? —exclamó, observando como se alejaba y buscaba entre sus cosas algo. —No te dejaré ir solo, tú no piensas quedarte, creo que es la única solución aceptable —expresó, cogiendo uno de los cordones de su colección—. ¿Puedo tomarlo? —pidió. —Claro —asintió sin pensarlo, y luego se apresuró a su lado—. No, no, no, no, no. No puedes ir —exclamó, parándose frente a él. —Claro que sí. —Estás enfermo —le recordó con un gruñidito—. Es más, ahora mismo ni siquiera deberías de estar fuera de la cama. —Me siento mejor a esta mañana cuando desperté —argumentó. —Eso no es posible, no —negó. —Puedes ver mis heridas si quieres —ofreció Roman, terminando de amarrar el cordón alrededor de su pantalón. —Pues, sí, sí quiero —asintió observándole con un mohín en sus labios llenos. Alzando una ceja, Roman obedeció y desabrochó su camisa nuevamente para revelar su torso y las heridas en este. Sin pensarlo, Ollie alzó su dedo y picoteó en uno de los hematomas de Roman, observando atentamente su expresión, pero el terco hombre tensó su mandíbula sin darle ninguna otra señal de dolor. —Te duele —acusó, sin atreverse a ir más lejos como tocar los puntos, aunque reconocía que estos no se veían tan irritados como cuando los curó. —Claro que me duele, Sunshine, estás tocando directamente en el golpe —se excusó entre dientes. —Ay, lo siento —exclamó Ollie culpablemente, apartando rápidamente su dedo que se había quedado presionando sobre el hematoma—. ¿Te duele mucho? —preguntó preocupado. —Lo único que realmente me molesta de momento, es mi mente —respondió—. Lo otro solo es dolor muscular soportable —expresó. —Solo anoche te encontré totalmente herido y fuera de combate, ¿cómo es eso posible? —preguntó, ayudándole a abotonar la camisa nuevamente. —No lo sé, pero así es como me siento —respondió honesto—. Déjame ir contigo. —No quiero que retrocedas todo lo que has mejorado solo por acompañarme —expresó con un puchero. —Mientras más tardemos discutiendo al respecto, más tarde saldrás al bosque y más peligroso será —indicó—. Solo tengo que caminar a tu lado, eso es todo lo que quiero hacer —expresó, tomando su mano. —¿Solo caminar? —repitió. —A menos que aparezca un peligro de la nada y tengamos que correr o pelear —asintió. —Correr —anunció—. Nunca pelear, es mejor correr y sobrevivir —expresó. —¿Me dejarás ir? —¿Realmente no harás nada más? —preguntó. —Nada. —¿Y harás todo lo que te pida? —arqueó una ceja. —A menos que tu orden sea dejarte solo, puedo hacerlo —prometió. —¿Me seguirás de todas formas, aunque te deje aquí? —Definitivamente —asintió sin culpa. —Bien —gruñó, y luego soltó una pequeña risita, como si no soportara la idea de enojarse o enfurruñarse por mucho tiempo—. Entonces vamos, pero si te comienzas a sentir mal, quiero que me lo digas y así nos detendremos, ¿bien? —De acuerdo —asintió—. Pero si aparece un lobo, un oso o cualquier otro animal salvaje en el bosque, no quiero que intentes protegerme, o te retrases por mí, o corremos los dos, o tú solo —ordenó. —Eso no suena justo —negó, agitando su cabello—. O corremos los dos, o no corremos —advirtió. —De acuerdo —asintió Roman, presintiendo que eso era lo mejor que iba a tener de Ollie.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD