Primera prueba.

1742 Words
Me despedí de Luis y de mi novio con un nudo en el estómago, dejando atrás todo lo que hasta ahora había sido mi refugio. Antes de irme, les dejé una nota explicando que debía marcharme debido a una emergencia familiar, aunque no di más detalles. Cassio me recogió poco después y me llevó directamente a una peluquería. Allí, transformaron mi peinado y mi maquillaje, dándome una apariencia completamente distinta. Ahora tengo el cabello más lacio y largo, mientras que mi hermana gemela, Casandra, lo lleva más corto y con ondas. Al terminar, Cassio me entregó su ropa para completar la transformación. Mi estilo siempre ha sido más femenino; me gusta usar vestidos y prendas delicadas. Casandra, en cambio, prefiere la ropa corta, como shorts y blusas ajustadas, algo que siempre refleja su carácter fuerte y despreocupado. —Eres idéntica a ella... —me dijo Cassio, examinándome con cuidado una vez que todo estuvo listo. Para cualquiera sería difícil diferenciarnos ahora, pero para mí, las diferencias son evidentes. Casandra siempre ha sido la favorita de Cassio. Es su mano derecha, su protegida. Ella conoce todo sobre su mundo: armas, mafias, combate cuerpo a cuerpo... Incluso Dalton, el fiel aliado de Cassio, le ha enseñado prácticamente todo lo que sabe. Mientras yo soñaba con escapar de ese mundo, ella abrazó cada aspecto de él. Subimos al carro, y Cassio tomó el volante con una expresión seria, como si cada palabra que estaba a punto de decir tuviera un peso enorme. Durante unos minutos solo se escuchaba el motor del auto y mi respiración, hasta que finalmente rompió el silencio. —Escucha con atención, Camila —dijo, sin apartar la vista de la carretera—. No puedes permitirte cometer errores frente a Nikolaos ni a su gente. Los griegos son extremadamente observadores y, si sospechan algo, todo podría salir mal. Tragué saliva, sintiendo un nudo en el estómago. Mi cabeza seguía dando vueltas por lo que estaba sucediendo. Apenas podía procesar que me estaba preparando para casarme con un hombre que no conocía, en un mundo al que siempre había intentado escapar. —¿Qué debo saber de Nikolaos? —pregunté, mi voz apenas un susurro. —Es un hombre frío, pero inteligente —respondió Cassio, su tono más duro de lo habitual—. Respetará el acuerdo solo mientras crea que no tiene desventajas. Tú debes convencerlo de que todo está en orden. Sonríe cuando sea necesario, pero no demasiado. Habla poco y escucha mucho. Los Keples valoran la disciplina y el autocontrol. Asentí, aunque por dentro sentía que me estaba desmoronando. —¿Y si me descubre? —murmuré, más para mí misma que para él. Cassio giró la cabeza hacia mí un instante, su mirada helada. —No lo hará. Porque no puede haber lugar para dudas, Camila. A partir de ahora, no eres tú. Eres Casandra. La idea me golpeó como un puñetazo en el pecho. No era solo un cambio de apariencia o de ropa; era abandonar por completo quién soy. —¿Y qué pasa si Nikolaos... quiere algo más...? —intenté preguntar sin mencionar lo que realmente me aterraba. Cassio apretó la mandíbula, su silencio más amenazante que cualquier palabra. Finalmente, respondió: —Nikolaos sabe las reglas. Pero si eso llega a pasar, no dudes. Haz lo que sea necesario para protegerte. El aire se sentía pesado, como si el auto estuviera lleno de tensión acumulada. —¿Y Casandra? ¿Dónde está ella? —pregunté, cambiando de tema. —No te preocupes por eso —respondió tajante—. Todo está bajo control. "Todo está bajo control", pensé, repitiendo esas palabras en mi mente. Pero para mí, nada lo estaba. —Cuando te cases con Nikolaos, tu única función será ser su esposa —dijo Cassio con un tono firme, como si quisiera borrar cualquier duda de mi mente—. El papel de la mujer en ese mundo es simple: sonreír, acompañar a su esposo y mantener las apariencias. Nikolaos no te pedirá nada relacionado con la mafia. Quise creerle, pero había un tono en su voz que me hizo pensar que no todo era tan sencillo como lo pintaba. —¿Y qué pasa si no puedo cumplir con esas expectativas? —pregunté, sintiendo que el nudo en mi estómago se hacía más grande. Cassio me lanzó una mirada rápida, sus ojos brillaban con una mezcla de autoridad y algo que casi parecía compasión. —Camila, no tienes opción. Nikolaos no busca una compañera en el sentido tradicional. Quiere una esposa que sepa mantenerse en su lugar, que no haga preguntas y que no le cause problemas. Mientras sigas esas reglas, todo estará bien. —¿Todo estará bien? —repetí, incrédula—. ¿Así defines "bien", Cassio? Casarme con un hombre que no conozco, fingir que soy alguien que no soy, y vivir atrapada en un mundo que detesto... —¡Basta! —me interrumpió, su voz cortante como un cuchillo. Frenó el auto bruscamente y giró hacia mí, sus ojos clavándose en los míos—. Estoy haciendo esto para protegerte. ¿Crees que me gusta ponerte en esta situación? ¡Esto es lo que se necesita para mantener a la familia a salvo! No dije nada. Mi garganta se cerró, y las lágrimas amenazaban con caer, pero me negué a dejar que las viera. —Nikolaos no será un hombre fácil, pero tampoco será tu enemigo mientras sigas su ritmo —continuó, más calmado—. Aprende a jugar el papel que te toca. Hazlo por ti y por Casandra. Cerré los ojos y respiré hondo, intentando asimilar sus palabras. Sentía que cada decisión que tomaba me alejaba más de la vida que deseaba para mí, pero no veía una salida. —Está bien —dije al fin, mi voz apenas audible—. Haré lo que me pides. Cassio asintió y arrancó el auto de nuevo, como si con ese gesto diera por concluida la conversación. Pero para mí, era solo el comienzo de una vida llena de incertidumbre. No tardamos mucho en llegar a la casa de Cassio, ese lugar imponente que siempre parecía más una fortaleza que un hogar. Apenas crucé la puerta, los primeros en aparecer fueron Elian y Ciro, corriendo hacia mí con una energía que contrastaba con la tensión que llevaba en el cuerpo. —¡Cassy! —gritaron al unísono mientras me abrazaban. Elian, con sus trece años, ya comenzaba a adoptar la presencia fuerte y seria de Cassio. Tenía el mismo cabello oscuro y esos ojos azules penetrantes que parecían mirar más allá de lo evidente. En cambio, Ciro, de doce, era un reflejo de Lisa, con su cabello igualmente oscuro pero acompañado de unos ojos grises suaves que siempre parecían llenos de curiosidad. —Cassy, ¿dónde estabas? —preguntó Elian con un tono preocupado que intentaba disimular bajo una aparente madurez. Tragué saliva, consciente de que ellos no sabían que yo no era Casandra. Sus miradas expectantes me hicieron sentir un nudo en el estómago, pero traté de mantener la calma. —Estuve ocupada con algunas cosas importantes, Elián —respondí, esforzándome por sonar confiada, aunque mi voz tembló ligeramente. Ciro frunció el ceño, observándome con detenimiento. Siempre había sido más perceptivo, y por un instante temí que notara algo extraño. —Pareces... diferente —comentó, inclinando la cabeza con curiosidad. —. ¿Qué tal ustedes? ¿Han estado portándose bien? Ambos intercambiaron miradas, y Elian fue el primero en responder, encogiéndose de hombros. —Bueno, como siempre. Aunque Ciro está empeñado en ganarme en los videojuegos. —¡Porque soy mejor que tú! —replicó Ciro, cruzándose de brazos. No pude evitar reírme, aunque por dentro sentía la presión de mantener mi papel. Estos niños confiaban en Casandra, la admiraban, y yo debía estar a la altura de esa imagen, aunque no fuera yo misma. Cassio apareció en ese momento, cruzando el umbral con su presencia imponente. —Vamos, chicos, dejen respirar a su hermana. Tiene cosas importantes que hacer. En ese momento, Lisa bajó las escaleras con una elegancia que me dejó sin aliento. Mi hermana siempre había tenido esa habilidad de robarse todas las miradas sin siquiera intentarlo. Su cabello oscuro caía en suaves ondas, y su vestido azul claro realzaba su piel impecable. Parecía inmune al paso del tiempo. Apenas llegó al pie de las escaleras, su esposo, Cassio, se acercó a ella con una sonrisa rara en él y la besó en los labios. Fue un gesto tan íntimo que me hizo apartar la mirada. Nunca había entendido cómo Lisa podía amar tanto a un hombre tan frío y calculador, pero en momentos como ese parecía que entre ellos existía un mundo que nadie más podía ver. —Cassy, debemos ver vestidos —dijo Lisa con una sonrisa cálida mientras se acercaba a mí. —¿Vestidos? —repetí, rodando los ojos con exageración, como habría hecho Casandra—. Escógelos tú, Lisa. Sabes que no me gusta pensar en ropa. Lisa rió, ese sonido suave y melodioso que siempre me había hecho sentir en casa. Parecía tan despreocupada, tan segura, que por un instante me pregunté si de verdad no sospechaba nada. —Siempre eres la misma —dijo, sacudiendo la cabeza con diversión—. Pero esta vez no te escaparás, Cassy. Nikolaos querrá que luzcas perfecta, y yo me encargaré de que así sea. —Perfecta para un hombre que apenas conozco —murmuré, pero Lisa no pareció escucharme. Ella tomó mi mano y comenzó a guiarme hacia la sala, donde ya había una mesa cubierta con revistas de moda y muestras de telas. Mi corazón latía con fuerza, consciente de que cada segundo que pasaba aquí era una prueba más de mi capacidad para mantener este engaño. —Deberías estar más emocionada —dijo Lisa mientras hojeaba una revista con imágenes de vestidos de novia—. Casarte con Nikolaos es un honor. La miré, intentando mantener la compostura. —Claro, Lisa. Estoy... emocionada —mentí, esperando que mi tono sonara convincente. Lisa alzó la vista y me sonrió con calidez. —Sé que esto es un gran cambio, pero confía en mí. Todo saldrá bien. Sus palabras estaban llenas de sinceridad, pero para mí eran solo un recordatorio de que estaba entrando en un mundo que nunca había querido ser parte. Bueno al parecer pase la primera prueba.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD