bc

Luna de Miel Prestada

book_age18+
493
FOLLOW
3.7K
READ
sweet
city
lies
like
intro-logo
Blurb

La vida de Freya Sullivan puede resumirse en tres palabras: caos con tacones.

Primero, arruinó la boda de su mejor amigo Enzo . Después, la mitad del pueblo la convirtió en meme viral.

¿Lo siguiente? Una luna de miel que no le pertenece… en Italia.

Porque, cuando la suegra decide que esos boletos no pueden desperdiciarse, Freya y Enzo se ven obligados a compartir el viaje más incómodo, hilarante y romántico de sus vidas. Y entre góndolas, museos y una cama demasiado pequeña, tendrán que decidir si siguen siendo “solo amigos”… o algo mucho más complicado.

chap-preview
Free preview
El Corsé Rebelde
La varilla del corsé de aquel vestido elegante parecía tener una misión secreta: Perforarle un pulmón antes de que empezara la ceremonia. Tal vez porque no era de su talla. O porque lo había comprado en una tienda de segunda mano, de camino a la boda, como quien agarra una gaseosa en una estación de servicio: rápido, desesperado y sin mirar la fecha de vencimiento. O, más probablemente, porque su mejor amigo estaba a punto de casarse, y ninguna ballena de corsé podía sujetar el peso de esa idea. Inspiró con cuidado, como si negociar con el aire fuera suficiente para engañar al vestido. Pero la varilla decidió expandirse y encajarse con precisión quirúrgica en su costilla, justo debajo de la espalda. Freya estuvo a un suspiro de soltar una palabrota en plena iglesia, lo cual habría sido un regreso espectacular: ella, la mejor amiga incómoda, maldiciendo entre vitrales y flores blancas. —¿No hacen una linda pareja? —preguntó la señora a su lado mostrando en su celular una foto de los novios en la cena de ensayo. Freya sonrió con falsa dulzura y asintió con la cabeza. ¿Linda pareja? Claro, perfectos. Él de traje impecable, ella salida de una revista… y yo aquí, apuñalada por un corsé rebelde. Romance puro, señora. La ironía la hizo sonreír, pero la sonrisa se quebró rápido. En el fondo, Freya no sabía si hacían una linda pareja o no. Apenas había conocido a la novia 48 horas antes, y aun así ya sentía que estaba perdiendo algo más que a un amigo. Cuando Enzo le dijo que estaba empezando a ver a alguien, ella no se lo tomó en serio. Difícilmente alguna chica lograba impresionarlo. Pero los estados de i********: cambiaron, las llamadas de domingo se llenaron de un mismo nombre, y Freya debió preocuparse… solo que no lo hizo. Hasta que seis meses atrás, a medianoche, Enzo la llamó para confesar que iba a casarse. Y ahí sí se preocupó. Habían crecido juntos porque sus madres eran obstinadas además de mejores amigas. Se conocían de toda la vida: fueron a la escuela juntos, aprendieron a montar bicicleta juntos y, para consternación de ambos, según sus madres también aprendieron a ir al baño juntos. Fueron inseparables hasta que, finalmente, no lo fueron. Enzo quería quedarse en Sedona, hacerse cargo de la granja de su padre, investigar cultivos, convertirse en ingeniero de suelos. A él le apasionaba la vida de ranchero. En cambio, Freya luchaba desesperadamente por irse. La noche de la graduación tuvieron una gran pelea y, al día siguiente, ella se marchó. Pasó un año entero sin hablarse, hasta que Freya se armó de valor y le escribió un mensaje: Un ranchero entra a un bar y dice: —Cantinero, póngame algo fuerte. El cantinero le sirve tequila y pregunta: —¿Qué tal, está fuerte? —¡Pos claro, si hasta me saludó con sombrero y todo! Era un chiste malo. Lo sabía. Pero a Enzo le encantaban los chistes malos, el humor simple. Era un cebo, y Freya esperaba que él picara. Lo extrañaba demasiado para seguir en silencio. Él respondió un día después con un solo emoticón de risa. Fue suficiente. Las llamadas volvieron, los mensajes se multiplicaron… pero, por más que él insistiera, Freya nunca regresó a Sedona. Hasta que la invitación de boda llegó a su buzón en Nueva York. Freya la observó por horas, el nombre de ella, Lucy Smith junto al de él, Enzo Callaghan acaparaban toda la tarjeta. Freya no llamó ese domingo a Enzo. Sin embargo, faltando un mes para la boda, Enzo la visitó en New York. Lo había encontrado en su entrada, con su sombrero tejano, sus botas y unas flores de margaritas en sus manos. Alegremente no desentonaba. En New York nadie desentonaba. Con torpeza lo hizo pasar a su minúsculo apartamento y le mostró sus cuadros. Enzo había quedado impresionado y le dijo lo mucho que había mejorado. Hablaron de todo y nada y finalmente de la boda. —Tienes que ir Freya…—había dicho él. Ella estaba preparando un guiso—lo único que se podía permitir— y no le estaba prestando atención. —Freya no lo puedo hacer sin ti…eres mi mejor amiga. Y Freya había aceptado. Esa noche, por primera vez Freya busco el nombre de la futura señora Callaghan en internet. Lucy Smith, con su cabello rubio lucía como una chica rica de ciudad. Todo lo contrario, a lo que Enzo era, pero unas pocas investigaciones más revelaron que la mujer era de lejos lo que parecía, había trabajado en médicos sin fronteras, dirigía un refugio de animales y había adoptado un perro de tres patas. Toda una mujer maravilla. Y por primera vez Freya se sintió una perdedora. Había huido de Sedona para ser alguien y el resultado había sido desastroso. Sin embargo, hizo lo que le había prometido a Enzo, vendió unos cuantos cuadros, compró un boleto de avión, un horrendo vestido de coctel y llegó a Sedona dos días antes de la boda. Solo un día antes había conocido a la novia y, era todo lo que Freya temía, hermosa, profesional, cálida y la había recibido con los brazos abiertos. Se sentía como Julia Roberts en la boda de mi mejor amigo, salvo que ella no venía a robarse al novio, pero si era todo igual de incómodo. El murmullo de los invitados era lo único que se escuchaba en la iglesia. Freya no conocía a la mitad de la gente, pero igual los observaba con ojo crítico. Un hombre de sombrero cowboy y botas impecablemente lustradas bostezó demasiado fuerte a dos filas de ella, en la esquina, una tía abuela roncaba suavemente en su silla plegable. Sí, todo muy romántico, pensó Freya, intentando no mover demasiado la espalda para que el corsé no le atravesara el alma. —¿No les parece que la novia está tardando demasiado? —susurró una señora con demasiado perfume a su lado Tenia razón. Freya alzó la mirada y en el altar, Enzo se veía sereno. O al menos intentaba aparentarlo. Traje oscuro, corbata perfectamente alineada y esa forma de apretar la mandíbula que a Freya le decía lo contrario: estaba nervioso. Mucho. Ese gesto le recordó de inmediato otra escena, años atrás. Era la final de béisbol del instituto. Enzo lanzaba la bola con la misma calma impostada con la que ahora esperaba a su novia. Pero ella sabía la verdad: estaba tan tenso que hasta había mordido su propio guante. Freya, desde las gradas, le gritaba chistes malos para relajarlo. —¡Enzo! ¿Qué le dijo una vaca triste a otra vaca triste? Él la miró con cara de querer matarla. Sabía que no era el momento ni el lugar, —¡Estamos “muuuuu” mal! —remató ella, y el equipo entero estalló en risas. Él había perdido el partido, pero la sonrisa le duró toda la tarde. Freya parpadeó, volviendo al presente. El murmullo del público crecía. La novia no aparecía. Una mujer con vestido verde esmeralda murmuró a su acompañante: —¿Será que se le corrió el maquillaje? —Ojalá solo sea eso —contestó él, ya sacando el celular para grabar. Freya se mordió el labio. Si algo sabía de Enzo era que odiaba los retrasos. Una vez habían discutido dos horas porque ella llegó diez minutos tarde a un cine. Y, sin embargo, ahí estaba: quieto, inmóvil, esperando con estoicismo a alguien que parecía no llegar. Le picaban los dedos por levantarse, caminar hasta él y decirle algo, cualquier tontería que lo hiciera sonreír. Pero permaneció en su sitio. Esa no era su boda. Ese no era su lugar. Recordó con un nudo en la garganta la noche de su graduación. El vestido blanco que llevaba entonces era mucho más cómodo que este corsé asesino, pero la pelea había sido igual de sofocante. —No quiero quedarme aquí atrapada, Enzo. ¡Tú no entiendes! —había gritado ella. —Y tú no entiendes que yo sí quiero esto. La granja, la tierra, Sedona. No todo el mundo sueña con escapar. Esa fue la última conversación que tuvieron antes de que ella subiera a un autobús al amanecer. Un año de silencio. Un año entero en el que cada domingo había sentido la ausencia de su voz. Hasta aquel mensaje estúpido con el chiste malo, que fue suficiente para derribar el muro. Un fuerte carraspeo del sacerdote la devolvió al presente. —Queridos invitados… —empezó a decir, con una sonrisa tensa. Pero no pudo continuar, porque en ese instante, una mujer, a quien Freya reconoció como la dama de honor de Lucy con cara de pánico, apareció en la entrada de la iglesia. Se inclinó hacia el sacerdote y le susurró algo al oído, luego le dio un pequeño papel arrugado a Enzo y se marchó. El silencio cayó sobre la sala como una losa. Hasta la tía que roncaba abrió los ojos. Freya se irguió en su asiento, ignorando por completo el dolor del corsé. Enzo seguía allí, con la mandíbula más apretada que nunca, los puños cerrados. No leyó la nota. No preguntó nada. No se movió. Solo se quedó quieto, recibiendo la noticia que Freya ya intuía: La novia no iba a llegar.

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

CEO, SOLTERO Y ¿CON HIJOS?

read
113.3K
bc

Blog Relatos Eróticos Vl.3

read
122.5K
bc

Domenico©

read
2.8K
bc

Lecciones de Papi

read
43.6K
bc

Blog Relatos Eróticos Vl.2.

read
89.5K
bc

Juego de hermanastros

read
10.7K
bc

La Amante del Mentiroso Millonario

read
6.2K

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook