Roma, Capital de Italia. 1 de mayo El aeropuerto de Roma era un caos organizado: maletas rodando, turistas confundidos, anuncios en italiano que sonaban como poesía… y Freya Sullivan, arrastrando su maleta amarillo chillón con una rueda chueca que chillaba como si pidiera misericordia. —Esto es increíble —murmuró, con los ojos brillando— ¡Mira esos carteles, Enzo! ¡Mira esa cúpula allá al fondo! ¡Mira a esa señora con un helado gigante! —Es un aeropuerto, Freya. Todos los aeropuertos tienen gente con helados. —Enzo empujaba su maleta con calma estoica, como si estuviera paseando por el rancho. —No, no lo entiendes. ¡Es helado italiano! ¡El mejor helado del mundo! Un grupo de italianos pasó a su lado, hablando rápido y gesticulando con las manos. Freya los siguió con la mirada, fasci

