1. Goldman

1407 Words
**Leonel** -¡Vete a la mierda Goldman! – Sí, irónicamente ese es mi apellido. -¡Uy! ¿Ya te hice enojar? -Me encantaba haber descubierto su detonante, tener ese poder sobre ella, porque era lo único y último que me quedaba para ganar. Ese era el motivo de mi risa verdadera. Me mostró su dedo medio, y el sonido de sus tacones retumbaban por todo el pasillo, el golpe tan intenso tal cual era su enojo. Esa era tal vez nuestra discusión número 730; en promedio, porque realmente no llevaba la cuenta. De lo único que estaba seguro, es que tenía 2 años de conocerla, y eso había sido suficiente para destrozarnos la vida. Ella me acusa de ser un egocéntrico; pero te demostraré que no es así. Te hablaré de ella, de esa belleza que en definitiva es un monstruo, que tiene el poder de convertir en piedra a cualquiera que tiene el valor de interponerse en sus negocios y en su vida. Comenzaré con el día que la conocí, hace dos años… . . . -Leonel, no tengo ningún problema porque compres mis acciones, siempre y cuando estemos hablando de la cifra correcta –Todas las personas tienen un precio, y yo sabía cuál era el de Phillip. Esa mañana de lunes, estábamos reunidos en la sala de juntas de Maiden Co., y yo saldría con más acciones de ese edificio -Phillip, no podrás rechazar la oferta que estoy por hacerte –Sus ojos brillaron con emoción. La misma emoción que me embargaba a mí. -Pues tendrá que hacerlo –Una voz femenina, pero firme, tal vez hasta déspota, interrumpió nuestra conversación. Estábamos tan inmersos en la negociación, que ni siquiera nos percatamos que la puerta había sido abierta. Phillip palideció cuando la vio; mientras yo, veía a una hermosa mujer desfilando en el interior de la sala. El conjunto de falda y saco en color azul, no solo resaltaba la piel aperlada, sino que se amoldaba a su esbelta figura de manera espléndida. Los zapatos altos la hacían ganar unos 10 centímetros de altura, así como realzar la sensualidad en el andar. El tenue maquillaje resaltaba la intensidad de su mirada amarilla. El cabello castaño obscuro totalmente recogido, le daba un aire mayor al rostro juvenil, ingenuo e inexperto. Claro que esos dos últimos adjetivos no tienen nada que ver con su personalidad, era mera apariencia. -Dígame, ¿Señorita…? –Dejé la pregunta al aire, esperando que dijera su nombre; sin embargo, se me quedó viendo fijamente sin responder, provocando un breve silencio incómodo en la sala de juntas. Sonreí con diversión -¿Por qué Phillip rechazaría una oferta que ni siquiera ha escuchado? –Completé la pregunta. -Escuche Señor –Ahí se borró mi sonrisa. ¿Señor? Yo no era ni un jodido viejo, aún no llegaba a la mitad de los 30´s –Voy a responderle por cortesía, porque es Phillip –¡Ah, sí! Al maldito viejo si lo tuteaba -Quien está incumpliendo con los estatutos de ésta empresa –Y ahí fue cuando empecé a tomarme en serio a la bruja esa –Ésta reunión debe hacerse primero con todos los socios de la empresa. Si el socio mayoritario no está interesado en la compra, pasa al siguiente y así sucesivamente. En caso de que ningún socio esté interesado, entonces, y solo entonces una persona externa podrá hacer una oferta. Así que, ésta reunión a puerta cerrada, luce bastante sospechosa, poco ética y no quisiera mencionar la palabra ilegal –Sí, fue la primera vez que sentí su poder. Nos dejó de piedra a mí y a Hugo. Hugo tomó mi hombro, inclinándose en la silla para hablarme al oído –Será mejor que salgamos de aquí –Casi al mismo tiempo que Phillip le hablaba a la castaña. -¿Podemos hablar en mi oficina? –Y aunque le habló un poco bajo, apretando los dientes de la furia que estaba conteniendo, lo escuchamos. Y vaya que lo comprendí, porque yo compartía su sentimiento. -¡Claro que sí Phillip! –Ella tenía dibujada una sonrisa. Una sonrisa maléfica y de victoria, porque bien sabía que había ganado esa batalla. Salió de la sala de juntas, dejándonos a los tres en la incomodidad. -Discúlpame Leonel, te llamaré después, cuando arregle éste malentendido –Estaba avergonzado, me extendió el brazo y no tenía más remedio que ponerme de pie para estrecharle la mano al “chavo-ruco.” Apodo que le puse, porque el hombre se resistía a aceptar que ya no era un adolescente. -No te preocupes Phillip, espero tu llamada –Estaba tragándome el coraje, porque ya me saboreaba esas acciones, incluso me llevaría a la recepcionista a “festejar.” -Hasta luego Phillip –Fue el turno de Hugo para despedirse. -Nos vemos pronto Hugo –Terminó por estrecharle la mano también y salimos de la sala de juntas. Afuera estaba la castaña, hablando con entusiasmo a un pelirrojo que cargaba un maletín. Pasamos por su lado y ni siquiera nos miró; al contrario del pelirrojo, que nos dedicó una mirada fugaz y escrutadora. -¿Qué mierda fue eso? –Hugo cuestionó tan pronto como entramos en el elevador. -No lo sé, pero no me gustó para nada –Tenía tiempo comprando empresas en sus puntos más bajos, para después, con muy poca inversión hacerlas crecer y venderlas en sus puntos más altos, por partes. Pero ésta era la primera empresa que tenía varios accionistas, y eso que hizo la castaña, no me lo vi venir. -Tienes razón, la verdad es que nos confiamos. ¿Quiénes eran esos dos? –Yo no lo sabía. Tenía medio año siendo accionista, solo había visitado la empresa si acaso en tres ocasiones, todas y cada una solamente había pisado la oficina de Phillip; y a ella no la había visto jamás. -Tengo que averiguarlo –Y aunque me hubiese encantado quedarme en ese momento a hacerlo, él iba a estar ocupado y yo, tenía otras reuniones. Las puertas del elevador se abrieron en el primer piso del edificio Maiden Co. -¡Hasta pronto Leo! –La hermosa recepcionista agitaba la mano con viveza en la distancia. Y solo para no perderla, le sonreí como despedida, mientras seguíamos caminado por todo el recibidor. -¡Joder Leonel! ¿Ya te acostaste con ella? Rose te va a descubrir -Me habló por lo bajo y sabía que debía detenerlo, porque seguramente se desataría el interrogatorio. -En éste momento lo que más me preocupa es el asunto con Phillip –Es que esa mujer no podía arruinarme los planes -Necesito irme apoderando de las acciones de Maiden Co. – -¿Cómo vas a hacer para averiguar quién es la chica? No conoces a nadie, ¿cuántas veces has venido? ¿Dos?–Preguntó mientras nos subíamos al auto. -Voy a llamar a Phillip, solo espero estar preparado para antes de la reunión de accionistas –Encendí el auto sumamente frustrado. Hugo tenía razón, me había confiado, porque la primera compra había sido sumamente fácil por medio del “chavo-ruco”. Necesitaba prepararme antes de enfrentarla -¡Maldita sea! –Golpeé el volante para liberar un poco de tensión. -Y hay otra cosa más que tienes que considerar –Dijo con cierta amargura -Eres minoritario Leonel, ¿crees que tengas la oportunidad de comprar las acciones de Phillip? –Realmente él estaba preocupado; yo necesitaba tranquilizarlo, y comencé el trayecto hacia el restaurante en el que comeríamos. -Maiden Co se ha mantenido en una desaceleración que debería preocupar a los accionistas, porque sus ingresos han ido decayendo, no creo que quieran invertir en una empresa que va en declive. Incluso me parece extraño que no haya nadie más con la inquietud de querer vender –Sabía que había cuatro socios más, uno de ellos era Phillip y al parecer la castaña era otra; seguramente los dos faltantes estarían dispuestos a vender. -¿Cuánto crees que vaya a durar el declive? –Cuestionó con pleno conocimiento del negocio. -Todo depende de cómo se maneje la empresa. Por eso hay que sacar a la bruja y comprar ya -El negocio era demasiado prometedor. Y además, aunque en ese momento no lo admití, la castaña me había dado en el orgullo, retándome. No había nadie mejor que yo en los negocios, y se lo iba a demostrar.
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