—No es necesario que me acompañes a todos los lugares que voy, Austin. —aquí estaba en mi oficina con Austin sentado en el sofá, siguiendo con su mirada todos y cada uno de mis movimientos y eso me estaba desesperando. —Si es necesario, te dije que te cuidaría y eso hago.— sonrió mostrando todos sus dientes. Estúpida sonrisa, estúpido Austin. —No soy una niña de cinco años, además debo hacer unas llamadas... a solas. —lo miré enarcando una de mis cejas pero él seguía sin moverse, me estaba sacando de quicio. —Austin, sólo serán unos minutos, por favor. —Bien, tú ganas, espero que esa llamada dure cinco minutos, porque es lo que tardaré en volver. —ruedo los ojos y él sale de mi oficina, no sin antes guiñarme un ojo. Por qué tiene que ser así. Sacudo mi cabeza, debo dejar de pensar

