Pov: Dafne White
—… No me veas así, tampoco sé cómo llegamos aquí.
Ni yo, apenas recuerdo cuando estaba saliendo de la habitación y no hay nada.
— No puede ser, nosotros no... —se encoje de hombros muy tranquilo.
Miro la habitación y es la mía, está hecha un desastre, parece que le pasó un terremoto.
¡Dios! Tuve sexø con este extraño.
Estiro la sábana para cubrirme aún más.
— Aguarda, no intentes dejarme expuesto así —se cubre inútilmente sus partes con las manos.
— No seas un pervertido —exclamo mientras cubro mi rostro con las sábanas.
— ¿Yo? Tú me tocaste y seguía dormido.
— Para estar dormido estabas demasiado animado —escupo molesta.
— Es algo natural, si no la tuviera, yo que tú me preocuparía —frunzo el ceño espantada.
— Es imposible que yo haya follado contigo, me caes muy mal —me hace burla y sigue sin vestirse.
— Es imposible que no hayamos follado porque mira lo radiante que te ves, eso solo pasa cuando les doy una dosis de mí, es obvio que lo hice bien y a la vista está el resultado —abro la boca espantada.
— Eres un vulgar.
— Vulgar sería decir que seguramente debes estar sensible por la tan buena follada que te di —le tiro un almohadón.
— Vístete y sal de aquí —rueda los ojos.
— No sé dónde está mi ropa, no puedes echarme, eso es grosero, me duele la cabeza —se sienta en la cama cubriendo su entrepierna con el almohadón.
— De acuerdo, intentemos recordar qué pasó ayer —me siento en la cama tratando de mantener la paz.
— Nada del otro mundo, probablemente bailamos y vinimos a la habitación, muy ebrios, está claro, pero debió estar muy bien porque ni siquiera está nuestra ropa a la vista, estábamos muy desesperados —paso saliva.
Clavo mis ojos en los suyos, su sonrisa ladina me hace resoplar.
Es un engreído, pero parece que eso fue lo que sucedió y no diré que estuvo bien o mal, porque no recuerdo, pero por la molestia en mi entrepierna supongo que estuvo muy intenso.
No puedo creer que no recuerdo nada.
— Supongo que fue el alcohol —asiente muy tranquilo.
— Ahí están mis bóxer —se levanta y veo todo su trasero.
No es para nada un trasero feo.
¡Dafte, compostura!
Se viste y va encontrando su ropa; la cual se pone, sin embargo, yo no encuentro mi vestido, pero me levanto a buscar ropa en mi maleta.
— Me daré un baño, tú...
— ¿Te acompaño? —ruedo los ojos y se carcajea.
— Solo... —niego y me meto al baño.
Salgo de la ducha renovada, bebí mucho, no recuerdo la última vez que lo hice.
Salgo del baño y lo veo con una enorme carriola llena de comida.
— Lo trajeron y dijeron: “para la pareja” —dice igual de sorprendido que yo—, lo habré pedido ayer, sabía que necesitarías energía —me carcajeo.
— Tú eres de verdad el más presumido que he conocido —chaquea la lengua y sonríe con diversión.
— Usaré tu ducha, si no te molesta —suspiro sentándome en la cama.
Se mete al baño y comienzo a comer un poco, muero de hambre, siento que no he comido en días.
Me duelen las piernas y me he visto en la ducha algunas marcas, lo cual no pienso mencionar, solo subiría más su ego.
Terminamos desayunando juntos luego de su ducha, fingiendo que somos dos personas muy civilizadas.
Al terminar nos dimos cuenta que no él tenía la tarjeta de su habitación ni tampoco teníamos nuestros teléfonos ni nuestras carteras.
Tenemos que ir a la recepción del crucero para ver si allí encontramos nuestras cosas.
Qué desastre.
— Tú has sido una muy mala influencia para mí —reclamo antes de salir de mi habitación.
— Debería decir lo mismo, porque yo jamás me embriagaría tanto al nivel de no recordar, aunque quizás… si te miro un poco recuerde —volteo mi cara.
— Compórtate —se carcajea y abro la puerta para encontrarme con las personas saliendo de su habitación con sus maletas. Veo a los que ocupaban la habitación contigua.
— La próxima pediré que me pongan muy lejos de las parejas jóvenes, no he dormido en toda la noche. ¿Cómo es posible que grite tan fuerte? —miro a Bruce.
— Te lo dije, imposible que no la hayas pasado bien —aprieto mis labios avergonzada.
— Seguro es un error, yo no soy ruidosa, seguro fue la televisión —se carcajea.
— No lo serás con otros, porque quizás no saben tratarte —sacudo mi cabeza para caminar por el pasillo.
— Vamos por nuestras cosas —de camino veo a un muchacho que está brindándoles información a todos.
Me acerco con la esperanza de que sepa donde dejamos nuestras cosas.
— Hola, disculpe...
— ¿Habitación 18 y 17? —pregunta mirando a Bruce y a mí.
— Así es.
— Sus pertenencias ya están en la recepción, cuando estén listos pueden pasar a buscar sus cosas, llegaremos en 20 minutos —miro a Bruce—, aquí tiene la tarjeta de su habitación, señor —él la toma.
— Tengo que ir a empacar.
— No tengo demasiado que empacar, pero debo ir a vestirme —caminamos cada quien a su habitación.
— Te veo al bajar en la recepción —me meto a mi habitación.
Comienzo a guardar todo apresurada y termino saliendo hasta el salón donde todos esperamos llegar para bajar del barco.
Espero con mi maleta en la mano.
— Intentas esquivarme hasta que bajemos —sonrío y ruedo los ojos.
— No tengo la necesidad, al bajar esto solo será una muy loca noche —asiente y vemos como la gente comienza a bajar porque hemos llegado.
Esperamos a que lo haga la mayoría y caminamos a la salida donde esperamos recuperar nuestras pertenencias.
— Hola, ayer... nosotros olvidamos nuestras pertenencias —asienten y veo que buscan en el mostrador.
— Aquí tienen —tomo mis cosas y miro a Bruce.
— Espero que haya sido una noche inolvidable, Dafne —sonrío.
— Igual para ti, Bruce, diría que fue un placer, es solo que no quiero aumentar tu ego demasiado —se carcajea y me alejo.
— Gracias —menciona y lo volteo a ver—, por el boleto.
— No fue nada.
Camino por el muelle y sonrío porque esto fue una aventura genial, no puedo quejarme.
Tomo un taxi para ir a casa, reviso mi cartera y me quedo estática al encontrar en ella un anillo de diamantes, que estoy segura encaja perfectamente en mi dedo.
¿Qué es esto?