Capítulo 10

1945 Words
A la mañana siguiente desperté con mi cabeza apoyada contra su pecho desnudo, mientras él rodeaba mi cuerpo en el proceso, manteniéndome cerca. No recuerdo haberme dormido en esta posición, si mal no recuerdo, me dormí dándole la espalda mientras que él me abrazaba, aunque no podía quejarme, el calor de su cuerpo se sentía bien. Nosotros nos dormimos luego de darnos un baño de tina, donde él me ayudó con sus dedos a sacar su corrida, lo que ahora que estoy más sobrio, consigue ruborizar mis mejillas. Ayer me sentía mucho más atrevido que ahora, el alcohol me daba un poco más de valentía y me hacía perder un gran porcentaje de vergüenza, lo que me lleva a pensar, ¿él se arrepentirá cuándo despierte? No sé cuál es su resistencia con el alcohol, desconozco cuantas copas de vino hacen falta para emborracharlo, por lo mismo, es posible que ayer él estuviese borracho, sin saber realmente qué estaba haciendo... Joder ¿Qué haré si se arrepiente? Me pongo nervioso de sólo pensarlo, aunque al mismo tiempo me siento confundido. ¿Derek realmente me gusta o lo que siento es a causa de mi soledad? No sabría explicar mis sentimientos, por un lado, porque son muy diferentes a los que sentía por Johan. Con él deseaba escapar de la corona, todo inició con sexo, lo que rápidamente me llevó a querer su cuerpo. Me gustaba lo sexy que se veía sin ropa, aunque ahora que tengo la oportunidad de compararlo con otro sentimiento, creo que mi amor por Johan, se centraba en el deseo. Con Derek, no lo sé, no sabría definir lo que me gusta, puesto a que no me siento completamente atraído por él, como me ocurría con Johan. Es raro... yo creí que el amor se centraba en el deseo, recuerdo como tenía bastante sexo con Johan, aunque ahora no sé si es apropiado decir que era amor. No digo que esté enamorado de Derek, dudo mucho que se trate de eso, puesto a que no estoy seguro con respecto a mis sentimientos, aunque me da curiosidad ver la reacción que tendrá al despertar. Cuándo sentí que pronto lo haría, rápidamente cerré mis ojos, manteniendo la posición anterior, donde reposaba mi cabeza en su pecho y fingía estar profundamente dormido. Él se removió un poco, de hecho, movió sutilmente su brazo, casi buscando despertarlo mientras sentía su mirada en mi rostro. Lo curioso es que, aun cuando sentía su brazo adormecido, no me alejó, sino que más bien depositó un dulce beso en mi frente para seguido acariciar mi cabello, como si quisiera mantenerme entre sus brazos un poco más. Yo obviamente fingí que me despertaba y hasta acomodaba mi cabeza en su brazo, viéndolo directamente a los ojos. –Buenos días...–saludé. –Buenos días–respondió mi saludo. –¿Esto fue a causa del alcohol o algo más? –pregunté sin rodeos. –No lo sé– respondió dibujando una sonrisa en sus labios. –¿Cómo que no lo sabes? –pregunté confundido. –Tenemos que probar estando sobrios para decidir– comentó haciéndome reír, ya que claramente quería aprovecharse de la situación. –Muy bien, cada que estemos borrachos, tú irás arriba, mientras que sobrios, iré yo– le sugerí. –No, prefiero el de sobrios– dijo trepándose sobre mi cuerpo, mientras besaba mi cuello en el proceso– hagamos la prueba ahora...–añadió. Lo correcto habría sido detenerlo, pero soy de sangre caliente, así que terminé jadeando mientras gemía bajito o directamente en su boca, creyendo que con esto Martín no nos escucharía. –ah... se siente muy bien...–dije clavando mis dedos en su espalda. –Sí... –suspiró– pero creo que sigo borracho...– añadió atrapando mis labios mientras jugueteaba con mi lengua, haciéndome sentir más caliente– v-vamos a intentarlo más tarde.... –nnngh... a-así no era el tra-trato...– hablé con dificultad. –Es difícil saber... el alcohol aún puede estar en mi sangre...– decía en un tono juguetón, mientras aceleraba sus embestidas. –Ah... ya da igual...–dije tomándolo de las mejillas– haz lo que quieras...– añadí atrapando sus labios apasionadamente, disfrutando de la situación, aun cuando Derek se estaba saliendo con la suya. Ya para cuándo terminamos, mis piernas temblaban, era complicado permanecer de pie, aunque cuándo salí del baño, luego de limpiarme, oí a Martín llorar, por lo mismo, me puse una bata prácticamente corriendo para seguido recurrir a su llanto. –¿Qué paso, mi amor? ¿Por qué lloras? –le pregunté sentándome a la orilla de la cama, muy cerca de él. –E-Estaba solito– dijo tratando de detener sus lágrimas– y no sé dónde estoy... No pude evitar derretirme de amor por su carita toda inocente y tierna. Se ve adorable cuándo está llorando, pero al mismo tiempo trata de no hacerlo. –Hoy regresaremos, así que mañana despertarás en tu cama, ¿vale? –le dije tratando de consolarlo. –S-Sí...– decía secando sus lágrimas– e-esta cama no me gusta, es muy grande. –Oh cierto, olvidaba que aún eres un bebé– dije tratando de no reír. –No soy un bebé, ¡soy un niño grande! –me decía mientras yo lo miraba con ternura. –Eres un bebé– le aseguró Derek haciendo aparición también con una bata cubriendo su cuerpo. –¡No!– le chillaba– papi, ¿verdad que no? –me preguntaba preocupado. –No, aunque eres mi bebé– añadí llenándolo de besos que lo hacían reír, deteniendo por completo sus lágrimas. Poco después lo ayudé a bañarse y a vestirlo, mientras en el proceso Derek se preparaba para acercarnos al comedor a desayunar. Obviamente yo fui el último en estar listo, aunque igualmente caminamos juntos hasta el comedor donde también estaba el resto. –Buenos días– saludamos, acercándonos a nuestros lugares donde senté a Martín en medio de Derek y yo. –¿Qué tal durmieron? –nos preguntó su hermano. –Bien– respondimos Derek y yo con una sonrisa. –Mal– respondió Martín– la cama era muy grande, ¡y estaba solito! –se quejaba. –Pero si adaptamos la habitación para que durmieras con tu padre– le decía su tío, antes de mirar a Derek– ¿dónde estuviste? Debo confesar que me puse nervioso, confesar que pasé la noche con Derek no estaba en mis planes, por lo mismo, rápidamente nos miramos pensando en una mentira a la cual aferrarnos. –Si estaba con él, sólo que, me alejé durante la mañana, justo cuándo Martín despertó– mintió. –Pero estabas...–trató de desmentirlo Martín, sólo que puse un trozo de pan en su boca para callarlo. –¿Ves, Martín? No estuviste solito todo el tiempo– decía su tío mientras reía, creyendo en la mentira de su hermano. Martín me miró, casi queriendo decirme lo que yo ya sabía, sin embargo, opté por mantenerlo callado con comida. Luego del desayuno, convivimos un poco más, mientras Martín jugaba con los niños del palacio, o al menos lo hizo hasta el mediodía, ya que nos fuimos temprano. Cuando llegamos al castillo, Martín no dejaba de preguntarnos cuándo regresaríamos, ya que él deseaba jugar con otros niños. –Busca a alguien para que juegue, un niño de su edad– me pidió Derek, por lo mismo, accedí. Use todo mi tiempo para buscar a un niño de una edad similar a la de Martín, logrando dar con el hijo de un soldado, quien resultó ser un capitán y de cierto modo, sentía que era de confianza, pues estaba a cargo de un grupo de soldados pertenecientes a este reino. Antes de que trajera a su hijo le expliqué que era para que jugara con el príncipe, sin embargo, eso parecía asustarlo. El muchacho se mostraba tímido, su padre le había mencionado que no podía destrozar nada, ni tampoco debía tomar los juguetes del príncipe, así que Martín optó por llevarlo hasta el jardín y les pidió a los sirvientes que le acercaran todos sus juguetes, mientras con alegría le decía al niño "Toma el que quieras, tengo muchos" Yo estaba cerca, cuidándolo mientras descansaba. Los niños jugaban animadamente, creando bastante ruido que, en realidad, en lo personal, no me generaba un problema. Derek regresó al trabajo, así que la situación se mantenía tranquila y pronto, los días avanzaron, donde Martín se notaba día tras día más feliz. Él disfrutaba pasar tiempo con su nuevo amigo, Mateo era un niño amigable que aceptaba todas sus locuras, incluso varias veces los pillaba haciendo travesuras y molestando a los sirvientes. Eran cosas inocentes hasta que se les ocurrió la brillante idea de recorrer el castillo con el poni que Derek le había comprado. Yo estaba ocupado en la oficina que me facilitaron hace mucho tiempo, cuando de pronto oí un asustado grito de la madre de Derek, por tanto, rápidamente quise ver qué estaba ocurriendo. Aquel grito llamó la atención de todos, Derek y sus ministros rápidamente hicieron aparición en el salón donde ambos niños estaban sobre el poni, un poco asustados por los gritos de aquella molesta señora. Debo reconocer que me reí, no era el momento más idóneo, sin embargo, no pude evitarlo, ya que entre las manos de Mateo, había un pequeño gatito todo sucio y mugroso. –¡Ha traído una rata! –chillaba la madre de Derek, mientras ambos niños miraban al gato. –Es un gatito– le decía dulcemente Mateo. –Sí, se llama Miau– añadió Martín. –¡Quítenlo de mi presencia! –Estás exagerando– le aseguró Derek, mientras yo estallaba en carcajadas, ya que el poni estaba defecando en la alfombra. –Oh... papi, mi poni se hizo popo– me anunció mientras yo me abrazaba el estómago de tanto que reía. –Esto es insólito, ¡sal de mi salón ahora mismo! Deberían mantenerse en el lado sur, donde no pueda verlos. –Pero quería...– trató de decir Martín. –¡Sal de mi vista! –le gritó a los niños, quienes rápidamente se bajaron del poni y corrieron a ocultarse detrás de mí. –Quieras o no, Martín es el príncipe y puede recorrer el castillo cómo lo desee– le dije con enfado. –Esto no es algo que te concierne, de hecho, deberías regresar a tu castillo y dejarnos en paz– me decía con enfado. –Te guste o no, Harry ya no es una visita dentro de este castillo– le habló Derek– él tiene el mismo derecho que tú y hasta más, así que no colmes mi paciencia– le advertía– ahora bien– dijo mirando a Martín– hijo no puedes entrar con el poni hasta aquí. –Pero yo quería mostrarle a mi amigo el castillo– le explicaba Martín con tristeza, sintiendo miedo de que este lo regañara como hacía su abuela. –Entiendo, pero les conseguiré otro transporte, ¿ok? –le sugería. –¿A los dos? –le preguntó con alegría. –Sí, a los dos, pero ahora lleva a tu poni al jardín –le pedía tranquilamente. –Está bien– dijo acercándose para llevárselo, mientras que yo planeaba irme con ambos niños. –Harry, quédate, aún tenemos que hablar– me pidió Derek con un poco más de enfado, lo que de cierto modo me preocupaba y hasta entré en pánico, ya que no sabía si me culparía por lo ocurrido, a pesar de no ser mi culpa.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD