Cuando llegamos al castillo, lo primero que hice fue revisar que Martín estuviese dormido, algo que me hizo entrar en su habitación y verlo completamente destapado mientras estaba atravesado de modo horizontal sobre la cama.
¡No sé cómo terminó así! Estaba recostado a lo ancho y no a lo largo de la cama, por ello rápidamente lo acomodé y lo arropé para que no se resfriara.
Le puse un poco más de madera a la chimenea y poco después me dirigí a mi habitación, donde luego de alistarme para acostarme, me dormí.
A la mañana siguiente me desperté temprano, buscando a Martín entre los pasillos luego de no encontrarlo en su habitación.
Él estaba jugando en el jardín, donde me acerqué para saludarlo, sin embargo, él se cruzó de brazos y me dio la espalda diciéndome "Estoy enfadado"
Cuándo se enfada es adorable, aunque no dura demasiado, puesto a que Martín es la clase de niño que se enfada, pero minutos más tarde se olvida y actúa como si nada.
Yo simplemente debía esperar, así que luego de invitar a su amigo a desayunar, ya que el pequeño príncipe se negaba a desayunar conmigo, nos dirigimos al gran comedor donde todos se encontraban.
Obviamente mis labios crearon una sonrisa tras mirar a Derek, quién también sonrió, tratando de disimular un poco lo feliz que estaba por verme.
–¿Puedes poner un puesto extra? Hoy nos acompañará el amigo del príncipe.
–¿Qué? ¿No le dan de comer en su casa? –preguntó una de las esposas de Derek.
Por supuesto que el pequeño me miró preocupado, sintiéndose asustado por las miradas juzgadoras de aquellas mujeres.
–Eso no te importa, vieja bruja– le dijo Martín, defendiendo a su amigo, aunque nos dejó sin palabras, puesto a que jamás había insultado a un adulto.
Derek abría y cerraba la boca sin saber si debía regañarlo o felicitarlo, por lo mismo, su esposa rápidamente le pidió que dijera algo, añadiendo también que seguramente esas cosas se las enseñaba yo.
Comenzaron a decir que Martín era un grosero, lo que en efecto podría ser verdad hasta un cierto punto, ya que hasta ahora nunca le había hablado de ese modo a alguien.
No puedo felicitarlo, puesto a que no es correcto aun cuándo aquella mujer no me agrada, sin embargo, preferí dejar todo en manos de su padre.
–Martín, discúlpate– le pidió Derek– no es correcto que insultes a otros.
–¡Ellas siempre lo hacen! –le chilló, a lo que hice un gesto casi involuntario apostando a su favor.
–¡Niño insolente, no puedes hablarnos de ese modo!– le decía su segunda esposa, levantándole la voz– el que no tengas una madre no es excusa para...
–Cuidado con lo que dices– le advertí desafiándola con la mirada.
–Esto no es algo que te concierne, ¡no eres su padre! –me decía la cuarta esposa.
–¡Si lo es! –le chilló Martín, aún más enfadado que antes.
Derek observó la situación en silencio, casi analizando el comportamiento de Martín mientras sus esposas trataban de alejarme, lo que molestaba al pequeño príncipe, quién furioso se fue.
Nosotros nos quedamos en silencio, sus esposas y madre hablaban sobre lo mal disciplinado que estaba, mientras que yo deseaba correr detrás de Martín, sin esperar que regresaría con varios guardias, incluyendo aquellos guardias que cuidaban a Tyler.
–¡Enciérrenlas en su habitación! –les ordenó, a lo que rápidamente los guardias miraban a Derek.
–No seas estúpido, eres solo un niño, no puedes ordenarles a los guardias que hagan eso– le decía la segunda esposa de su padre.
Derek simplemente se encogió de hombros, haciendo una señal de "prosigan" que iba dirigida a los guardias, quienes rápidamente se acercaron a las esposas de Derek para acompañarlas "voluntariamente" hasta sus habitaciones.
–¡Esto es...!
–Un mandato del príncipe– la interrumpió Derek.
–Si tuvieras uno, lo entenderías– añadí mirándola con una sonrisa burlona, viendo como su rostro se ponía rojo de la furia.
Ellas se fueron "voluntariamente", dejando sólo a la madre de Derek, quién trataba de hacernos saber cuan indignada estaba por la situación.
–Padre, desde ahora no quiero que ellas coman con nosotros– le aseguraba, sentándose en su lugar, a mano izquierda de su padre– ni siquiera la abuela.
–¡Niño insolente! –le dijo rápidamente– Derek, si continúa así, se volverá un problema, ¡un delincuente! –le aseguraba– debes poner mano dura sobre este niño.
–No hablaré sobre esto frente a él– le aseguró– si quieres hablarlo, entonces que sea en mi oficina.
Su madre tiró su servilleta con enfado sobre la mesa, a lo que le pedí a los sirvientes que acomodaran todo.
El amigo de Martín se mantenía callado y hasta asustado, es obvio que no comprendía qué estaba pasando, así que opté por cambiar de tema y con palabras más dulces le ofrecía los diversos dulces que había para desayunar.
Yo sabía que Martín dejaría de estar enojado conmigo, aunque no esperaba que sería debido a esto.
Por supuesto que Derek y yo no hablamos sobre lo ocurrido, más bien optamos por disfrutar del desayuno.
Ya para cuando terminó, le pedimos a los niños que fueran a jugar mientras que nosotros hablábamos sobre lo ocurrido en su oficina, donde también estaba su madre y esposas.
–No apruebo que las hayas insultado, pero ambos sabíamos que tarde o temprano aprendería las malas conductas de tus esposas– le comenté.
–¿Malas conductas? ¡Ese niño es quien tiene malas conductas!– me aseguraba la segunda esposa.
–Recapitulemos– le dije– lo insultas, constantemente le gritas, insultas a su amigo y ahora, le mencionas que no tiene madre, ¿cómo llamarías a eso?
–El error ha sido involucrarte en la crianza de Martín, ¡Tú no tienes el derecho de educarlo! ¡Lo único que haces es mimarlo! –me decía la madre de Derek.
–Lo que ese niño necesita es mano dura– comentaba la cuarta esposa– ustedes no lo están educando, ¡no saben hacerlo! Si Tyler estuviese vivo, seguramente...
–No hables de Tyler como si supieras lo que haría– le habló con enfado Derek– a decir verdad, no creo que lo haya criado diferente a como lo hace Harry.
–De igual modo, su comportamiento no es el correcto– comentó la segunda esposa, casi buscando persuadirlo para regañar a Martín de un modo diferente– sería apropiado buscar un instructor más estricto, uno que le enseñe a respetar a los adultos.
–Esa es una buena idea– comentó su otra esposa, deslizando sus dedos por el brazo izquierdo de Derek, mientras que su segunda esposa se aferraba a su otro brazo.
Sentí cierto enfado cuándo vi aquello, no soportaba verlas tan apegadas a Derek, aunque claramente ellas si tenían ese derecho, mientras que yo, actualmente me podría considerar su amante.
Derek no las apartaba, este más bien las escuchaba mientras su desconcierto les evidenciaba que sus ideas no le gustaban.
Como no quería seguir viendo cómo se aferraban a él, opté por finalizar aquella reunión luego de decir "hablaré con él" añadiendo un "Pero Martín no es el único que necesita cambiar su comportamiento"
Posteriormente a eso, me fui para hablar con Martín y hacerle ver que no estuvo correcto gritarle de ese modo a las esposas de Derek. Me centré específicamente en los insultos, así que él optó por disculparse diciéndome "No lo haré de nuevo, papi"
A mí no me generaba un problema que Martín pusiera en su lugar a esas molestas mujeres, de hecho, creo que tiene todo el derecho de hacerse respetar, sin embargo, prefiero que lo haga sin los insultos.
Por otra parte, aun cuando no pedí autorización, le pedí al profesor de Martín que les enseñara a ambos niños exactamente lo mismo, queriendo incluso que le enseñara a comportarse a ambos como un príncipe.
Martín es bien portado, es pequeño, pero sabe caminar erguido y utilizar todos los servicios a la hora de comer, mientras que su amigo obviamente no sabe utilizar correctamente las cosas.
A mí no me molesta, sin embargo, no quiero que esas odiosas mujeres lo vuelvan a tratar mal, no quiero que tengan de donde aferrarse, así que esperaba convertir a ambos en dos pequeños príncipes hechos y derechos.