Capítulo 8: Cumpleaños

1215 Words
¡He encontrado el regalo perfecto! Aunque me ha tomado mucho tiempo conseguirlo, además para variar ahora debo llegar hasta el palacio de su hermano para poder entregárselo hoy. No conseguí acabar con mis responsabilidades ayer, por ello, no pude viajar con ellos al mediodía, aunque prometí que llegaría a la hora de cenar. Por otro lado, llevo el vino entre mis cosas mientras en el proceso decido en sí debería dárselo o no. Esta mañana le dije que podía hacer lo que quisiera en su cumpleaños, por ello, eso le da camino libre de beber en casa de su hermano. En caso de que ya esté borracho, no le daré del vino, aunque si no ha bebido, le propondré beber juntos. No es lo único que le daré, aunque no sé si mi regalo le vaya a gustar, pues no lo conozco demasiado y la mayor parte de nuestras vidas, nos hemos ignorado y peleado, igualmente opté por buscar algo bonito y costoso, aunque todavía no sé si será de su agrado. Es un anillo, es grande y tiene un diamante precioso. Como rey, él utiliza joyerías exclusivas, aunque no estoy seguro de si le gustará, justamente porque quizás ya tenga un anillo similar. También hay oro, inciensos, aceites aromáticos para su baño y hasta un nuevo vestuario, aunque esto no es tan relevante como el anillo. Espero que le guste, ya que me tomó mucho trabajo elegir todo esto. Obviamente había muchos aceites aromáticos, pero tuve que oler uno a uno hasta conseguir encontrar uno que no fuera de chica. Todos eran suaves y dulces, lo que complicaba las cosas, puesto a que sus perfumes tienden a ser más fuertes. Huele bien, de eso no hay duda, pero son complicados de conseguir. Como era bastante tarde, cuando llegué al palacio me apresuré a llegar donde se encontraban todos, notando como había mucho alcohol y diversos bocadillos. También había más gente, la mayoría era gente de la alta nobleza, así que acercarme a Derek era un poco difícil. –Harry, has llegado en el momento perfecto– me aseguraba su hermano– hemos servido el mejor vino de este reino, el favorito de Derek, sin embargo, todos sabemos que no lo dejas beber. Yo reí, mirando en el proceso a Derek quién desvió la mirada. Me encantaba saber que hasta ahora no había bebido absolutamente nada de alcohol. –No sabía que el rey era tan amigo del príncipe– comentó la duquesa. –Han de ser muy cercanos, como para que el rey lo obedezca– añadió la condesa. –¿Por qué no has bebido? –pregunté discretamente, queriendo que sólo él me escuchará. –Ya te dije cuál es el vino que deseo– me respondió. Yo sonreí, casi con orgullo por haber conseguido que se controle de este modo, aunque igualmente fui probándolo el resto de la noche. Me estaba divirtiendo mucho y sé que él también. Podíamos reír y disfrutar de la música, además Martín estaba muy energético con los niños que había a su alrededor. Claro que, cuándo dieron las 11 de la noche, podía notarlo cansado, incluso se restregaba los ojos y bostezaba, manteniéndose un poco apartado para no molestar a los adultos. –Bueno, ya es hora de que me retire– avisé mirando a la distancia como Martín daba sutiles cabezazos en señal de agotamiento. –Oh vamos, has llegado tarde, no hemos disfrutado lo suficiente– me decía el duque. –El pequeño príncipe está cansado– dije acercándome al pequeño para cargarlo en mis brazos, recibiendo la atenta mirada de todos, puesto a que Martín refugió su cabeza en mi pecho de un modo adorable. –Yo también me retiraré– avisó Derek. Todos querían convencernos de quedarnos, aunque igualmente nos fuimos hasta la habitación que nos correspondía. El mayordomo me avisó que había dejado mis cosas en la habitación, una que curiosamente estaba al lado de la de Derek. Era una habitación que conectaba con la de Derek, algo de lo que me di cuenta cuando estaba acomodando a Martín en la cama. El pequeño compartirá habitación con su padre, por ende, le puse su pijama para que pudiera dormir cómodamente, aunque como Derek y yo comenzamos a hablar, terminamos en mi habitación. Yo le mostré el vino, a lo que rápidamente sonrió y esperó pacientemente a que le sirviera. El sabor del vino era exquisito, además estábamos hablando tranquilamente sobre su cumpleaños, hasta que recordé sus regalos. –Un anillo...–murmuró luego de ver todas las otras cosas– ¿es una indirecta? –Claro que no– le dije haciéndolo reír. –Me gusta– confesó tomándolo entre sus dedos– gracias– añadió mirándome con una sonrisa. –Más te vale aprovechar el vino, porque no podrás volver a beber hasta nuevo aviso– le dije, rellenando su copa. Él y yo continuamos bebiendo, incluso bromeábamos y como ya era tarde, quiso darse un refrescante baño, uno donde deseaba usar el aceite de baño. Yo también quise bañarme, obviamente en tinas separadas, aunque una vez terminamos y nos pusimos nuestros pijamas, nos reunimos nuevamente para hablar un poco más. Él no tenía sueño y yo tampoco, así que nos fuimos dejando llevar hasta que él consideró buena idea comenzar a molestarme. –Ya no necesito tratarte bien, ya no es tu cumpleaños– le avisé. –Mi cumpleaños dura hasta que yo designe lo contrario– me aseguraba. –Entre más viejo, más terco...–murmuré. –Igualmente te estás enamorando de mí– comentó, mientras sentía como mi corazón se aceleraba. –¡Claro que no! –chillé viéndolo a los ojos. Me sentía un poco borracho, pero sabía que aún no estábamos lo suficientemente bebidos, o eso quería pensar hasta que él me besó. Fue algo para molestarme, aquel beso buscaba enfadarme, aunque terminé tomándolo de las mejillas mientras nos besábamos casi con desesperación. No sé si sea debido a que hace varios años no beso a nadie, sin embargo, este beso se sentía muy bien. Era extraño, me gustaba, pero no deseaba que me gustase... Derek y yo competimos por el dominio del beso, estábamos en una batalla que no parecía tener final, puesto a que como ambos somos dominantes, no queríamos quedarnos atrás. Nuestras respiraciones se agitaron un poco, para cuando cortamos el beso, estábamos casi jadeantes y sin saber qué hacer. –Quiero otro regalo de cumpleaños...–murmuró mientras me iba recostando en la cama. –Ya no es tu cumpleaños– le recordé. –Si lo es– me repitió, antes de volver a besarme. Sé lo que desea, sus manos están abriendo mis piernas y se está acomodando entremedio de ellas, lo que evidencia sus intenciones, sin embargo, no sé si quiero seguir, ni mucho menos sé si quiero parar... Supongo que el alcohol nos está afectando, él mencionó que sería capaz de "darme" con un par de copas encima, así que asumo que esto no se volverá a repetir en otra ocasión, debería simplemente probar y ver qué tal resulta todo esto, además de paso confirmo que entre él y yo jamás ocurrirá algo más, puesto a que estoy seguro de que no me gustará ser el de abajo...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD