XVIII Everett llegó esa noche muy emocionado de contarle a su nana, una anciana mujer, lo que había sucedido con Amy. El punto es que él, a los 19 años, tenía aún una mujer que lo cuidaba en todo, ya que su madre solo había tenido un hijo, y ese era el mayor. Al ser tan tarde, por supuesto, la anciana ya estaba profunda. Se tragó su emoción y, cuando subía a su habitación, se encontró con su madre, que salía de la de Emmett. Al parecer estaba enfermo. —Vienes feliz, ¿pasó algo en ese coctel en que reemplazaste a tu hermano? —Nada extraordinario. Solo me divertí mucho, incluso se me fueron los… Everett vio seguir de largo a esa dama, que ignoró por completo lo que él decía. El joven aún no aprendía que, cuando su madre hacía preguntas, todas eran retóricas. Estaba de más responderle.

