XXXIII Para su tranquilidad, nadie se fijó mucho en ella ni en Jerom. Al menos no fue como en las películas, cuando el tiempo y el espacio se paralizaban para el retorno de la protagonista. Claro que la observaban y saludaban junto a su acompañante, pero sin escándalos ni dramas. Liam había llegado ya; al verlos los saludó muy entusiasta. Él iba demasiado guapo, era el centro de atención de las solteras, solo que el joven ahora estaba enfocado en pretender a Julia, cuando su primo le dijera dónde estaba. —Ella estará gustosa de saludarte, Liam… —dijo con una sonrisa la hermosa Amy. —¿Cómo es posible que digas que siempre te ha gustado? Cuando la conociste ella tendría tal vez 15 años y tú 21… —intervino Jerom, en broma. —Bueno, ahora ella tiene 25 años, así que no habrá prejuicios al

