XLVIII Esa noche de nostalgia, reencuentros y confesiones, tampoco era indiferente para Everett que no lograba concentrarse en ese estúpido informe que debía presentar al comité directivo de las industrias Price. Debía explicar que todo estaba bien y los millones, algunos mal habidos, permanecían intactos en sus cuentas. Pese a tener claro lo que debía escribir, no lograba hacer nada. Sus dedos golpeaban el cristal de su escritorio, una y otra vez, subiendo la fuerza cada tanto. Por su cabeza la imagen de su bella mujer era lo único que se paseaba y no lo dejaba tranquilo. Se levantó de su silla, no tenía camisa, la noche era bastante caliente. Se sirvió agua, creía que eso calmaría un poco la ansiedad y el calor. Miró a la enorme habitación y se dio cuenta de que ella, no estaba por ni

