LXIV Everett estaba cansado, rendido, por completo vulnerable a las circunstancias que no sabía cómo afrontar. Solo era él, producto de un amor difícil, a merced de un hermano que nació con su cuerpo y mentes lejos de lo real, y ahora, suplicando por la vida de su bebé. Algo que jamás soñó tener, una vida que él había ayudado a hacer. Sí, él fue ingeniero en la fabricación de su pequeño. En ese momento horroroso, divagaba en aquellos pensamientos. No era que su mente no se encontrara tan en pánico como su corazón, solo que abría tantas aristas en su cerebro, como se le daba la gana. Una de ellas, esa vez en que entró al baño y encontró a Marcia desnuda, cosa que jamás hubiera esperado. O una vez en su niñez, cuando las nanas le hicieron un pastel para su cumpleaños y pudo soplar una ador

