Valentina
Estar en el supermercado me hacía tener sentimientos encontrados conmigo misma, moría por llevarme esas barras de chocolate que me miraban con ojitos de “cómprame”. Dios, Dios, dame fuerzas, al paso que voy mi presupuesto se terminara antes de que inicien las clases, suficiente tengo con el vicio de la coca colas de sabores.
Cálmate Valentina deja de delirar, las personas van a decir que estás loca de remate si te sigue viendo como hablas sola. Sí, esa era yo, la chica que hablaba consigo misma para evitar topar con el escrutinio de las personas que me rodeaban, todavía recuerdo que el doctor me dijo que era normal que hiciera esto, era como crear un personaje que estuviera a mi lado para mi pequeña fobia.
Pero aquí estaba mi nueva yo dispuesta a salir adelante a como diera lugar. Camine un poco más por los pasillos para terminar mi pequeña lista, cuando un niño llamo mi atención, me recordó un poco a mi infancia por lo frágil que se veía.
El niño yacía tirado en el piso del supermercado acostado sobre uno de su lado como si estuviera lastimado o le doliera su pancita. Corrí hasta donde se encontraba y me arrodille a su lado para ayudarlo, nadie se merecía estar solo en esa forma.
Tenía sus ojitos llorosos como si hubiera estado llorando por mucho tiempo, más bien parecía un niño perdido dentro del gran supermercado, no quería asustarlo más de lo que ya estaba, si quería acercarme más debería ser con sumo cuidado. Quede a la altura de él para poder entablar una conversación, por lo menos que me permitiera conocer donde estaba su familia.
—Hola, ¿Podrías decirme como llegar a los helados? —Pregunte sin obtener respuesta alguna. Mi instinto me indicaba que siguiera insistiendo y que no lo dejara solo.
—Soy nueva en la ciudad y es la primera vez que vengo a este lugar, la verdad es muy grande y creo que estoy un poco perdida, ya di muchas vueltas y no encuentro el aparador de los helados.
Quería que el pequeño entrará en confianza, por eso solo preguntaba por artículos que fueran conocidos por él. Cuando era pequeña mi padre me distraía siempre de esa manera.
—Me gusta mucho el helado de vainilla, pero considero que esta vez me quedaré sin comerlo, ya me canse de dar vueltas, mis pobres piececitos ya me duelen mucho. Si no encuentro el aparador donde se ubican. Pensé que tal vez tú podrías saber dónde están, ya veo que hoy no es mi día —dije un poco dramatizando el momento. Por lo menos de algo me servían todos esos gestos que mi madre me hacía siempre.
Sus ojitos parpadearon repetidas veces, como si quisiera decirme algo. Mi corazón se arrugó por dentro. ¿Quién era capaz de abandonar a un pequeño en un supermercado tan grande? Un ser tan indefenso en medio de muchas personas que pasaban a su lado, sin detenerse a mirarlo, por eso y más no me gustaban las personas mayores. Mi nueva misión ganarme su confianza, paso dos ayudarlo a encontrar a su familia, paso tres regresar a mis compras. Sonaba sencillo y fácil, no era tan mala con los niños como con los adultos.
Unos minutos después logré que se levantara del piso, para que me dijera su nombre y me indicara donde estaba su familia, la verdad fue más complicado de lo que pensé. Entre mis nervios y su pequeña voz, nos estaba costando trabajo comunicarnos. Creo que mejor pedía ayuda a los dependientes del lugar, tal vez ellos ya contaban con algún reporte de un pequeño extraviado.
— ¿Podrías llevarme a dónde están los dulces y chocolates? Me gustaría comer algunos.
El pequeño que limpiaba su carita con sus manitas, movió su cabecita en forma de afirmación, dándome un respiro; por lo menos me estaba entendiendo. Caminamos dos pasillos tomados de la mano como si fuéramos viejos amigos, a estas alturas no sabía quién de los dos se encontraba más nervioso, él por estar perdido o yo por meterme en cosas que no me llaman.
Al llegar al estante de los dulces mis ojitos se abrieron grandemente, y al parecer no era la única, mi pequeño nuevo amigo estaba completamente embelesado al mirar cada estante. La verdad no era para menos, aquello parecía la mismísima fábrica de los dulces donde podrías entrar y obtener todas las golosinas que quisieras.
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—Puedo tomar un dulce —me pregunto el pequeño, con ojitos todos llorosos que partieron mi corazoncito en el instante.
Como decirle que no, después de todo lo que ha pasado.
— ¡Claro! Puedes tomar algunos. Por lo que veo conoces muy bien este lugar —le pregunte tratando de conocer si aquí fue donde se soltó de la persona que lo había traído.
—Sí, siempre me traen cuando me porto bien.
Por lo menos ya era un avance, sabía que no era la primera vez en el supermercado y que su familia no tardaría en llegar a esta área si sabía que era lo que más le gustaba. Creo que pensé demasiado rápido después de estar esperando un poco más de media hora en la zona.
Sin soltar al pequeño me acerqué a mi carrito de las compras, colocándolo justo en el asiento para pequeños, de esta manera podría ir con él hasta el área de atención al cliente sin perderlo de vista, para mí era una forma segura de que el niño regresara a los brazos de sus padres. No quería imaginar la angustia de los familiares al no encontrarlo.
—Hola, soy Valentina. ¿Me gustaría saber si tienen algún reporte de un niño extraviado?
Sé que mi pregunta pueda sonar raro, pero recuerden que la mío, lo mío, no es la comunicación con las personas.
— ¿Disculpe? ¿A qué se refiere? Señorita, no comprendo su pregunta.
—Verá, el niño que yace sobre mi carrito de las compras, lo encontré hace un momento en uno de los pasillos tirado, llorando, al parecer se encuentra extraviado. Por eso estoy aquí para reportarlo.
No sé si hablaba en arameo o en otro idioma, pero la cara que me puso la chica fue de disgusto. No entendía qué hacía en esa área si no pensaba ayudar a los clientes, no eran formas de comportarse.
— ¿Qué me está queriendo decir?
— ¿Acaso no he sido clara? Hay un niño PER-DI-DO, al que sus papás deben estar buscando. Ustedes deben de tener un programa para cuando suceden este tipo de incidentes dentro de su tienda —dije casi gritando.
Algo que era raro en mí, no tendía a perder la paciencia fácilmente, pero la forma en que me estaba tratando y su mirada hostil, por no decir estúpida, me colmaron en menos de seis segundos.
— ¿Estás insinuando que somos descuidados? Te recuerdo que somos la mejor empresa de la Ciudad, por eso estamos en esta zona de mucho prestigio, dónde lo más importante es brindarle los mejores productos a nuestros clientes.
— ¡WTF!
Esta chica sí que estaba en otro nivel, no entendía la relación de una cosa con otra. Un pequeño estaba perdido y ella solo se preocupaba por la reputación del supermercado. Qué alguien me explique ¿Dónde quedaba aquello de la empatía con el resto de las personas? Acaso conocía el verdadero significado de la frase “Atención a Clientes” o “Customer Service” como rezaba su letrero. Tal vez ahí estaba el problema, necesitaba que le dijera las cosas en inglés para ver si por lo menos empezaba a reaccionar.
Mi temperamento no era de pelear con nadie, pero no soportaba ver a un pequeño sufriendo. En el fondo de mi corazón aquel niño se lo había ganado, desde que coloco sus manitas junto a las mías, me hizo amarlo.
— ¿Está usted segura que el niño se encuentra perdido? Porque no dice que es usted quien quiere hacerlo parecer de esa manera para cobrar una gratificación. Buscaré al Gerente, las personas como ustedes siempre tratan de sacar el mejor de los provechos y ya no saben que más inventar.
— ¿Estás loca? ¿Por qué mejor no haces bien tu trabajo y buscas en tu sistema si existe algún reporte?
Esa tipa de plano estaba deschavetada o le hacían falta muchos tornillos, vaya manera de acusar a una persona que llego a entregar a un niño perdido. Pero eso me ganaba yo por andar de metiche en cosas que no me importaban; mis manos empezaron a sudar frío, y el aire empezaba a faltarme.
Aquí venía un nuevo ataque de ansiedad. Mis clases estaban por iniciar de manera oficial en la universidad y no quería problemas, pero tampoco podía dejar aquel pequeño a su suerte, solo porque la persona encargada del área de atención al cliente no estaba haciendo su trabajo bien.
Cuando llego el gerente me saco de mi burbuja mental. Me hicieron caminar por un enorme pasillo hasta llegar a unas oficinas de cristal, según ellos, para mantener la privacidad y cuidar el sentir de las demás personas. Empezó con una sarta de preguntas sin sentidos, según él de seguimiento, lo curioso era que no tenían registrado nada, entonces ¿Qué seguimiento estaba realizando?
—Señorita, nos puede decir ¿Cómo encontró al pequeño? —pregunto el Gerente de manera arrogante.
—Por tercera vez les repito. Estaba haciendo mis compras, cuando en uno de los pasillos vi el chico tirado en el piso llorando, me acerque a él para saber dónde estaban sus padres, pero no logro entender lo que dice, además de que no conozco la zona completamente; de lo contrario ya estaría en manos de sus padres en lugar de estar perdiendo mi tiempo con ustedes. Es mucho trabajo para ustedes entender lo que les explico o tengo que buscar un traductor de información.
Con cada una de sus preguntas me erizaba la piel, en lugar de ayudarme a localizar a sus padres, me estaban culpando de lo que ocurría, me estaban tratando como una secuestradora de niños. Vaya día, qué rumbo estaba tomando. Cuando pensé que las cosas irían bien, me topaba con esto.
—No se altere, señorita, solo queremos corroborar las cosas que ha mencionado todo este tiempo. De todos los años que llevamos en este lugar, es la primera vez que se presenta este problema.
—Pues llevamos más de media hora perdida aquí, en lugar de buscar a los padres del pequeño, no les veo la intención de hacer algo más que acusarme por lo que está sucediendo.
—Mis compañeros se encuentran revisando las cámaras de seguridad, de ser verdad lo que nos está diciendo, iniciaremos con la búsqueda de sus padres, téngalo por seguro.
— ¿Está usted insinuando que yo suponía llevarme al chico de este lugar? ¿Acaso es consciente de lo que está diciendo señor?
—No podremos descartarlo, hasta que me den el veredicto de los videos.
—Es usted un reverendo estúpido, no sé a quien se le ocurrió la brillante idea de ponerlo a cargo de esta empresa, si no tiene ni un gramo de cerebro para poder ver lo que pasa. Para usted es más fácil culparme que hacer su trabajo —grite muy fuerte.
Me había olvidado por completo del niño que tenía entre mis brazos y que se había dormido. Por más que quisieron llevárselo a otro lado, empezó a llorar fuertemente, impidiendo que esto sucediera; no tuvieron otra opción que dejarlo a mi cuidado, pero me mantenían más observada que la corona imperial en una exposición.
Sabía perfectamente que por mi aspecto las personas podrían pensar cualquier cosa, pero también conocía mis derechos y no era de las que me dejaba amedrentar tan fácilmente. Se estaban equivocando de persona una vez más.
—Si no tienen nada más interesante que decirme, entonces me retiro, buscaré por mis propios medios a los padres de este niño, pero tengan por seguro que cuando los encuentre les haré saber que ustedes no hicieron nada para ayudarme a dar con ellos. Luego no pregunten de donde viene una publicidad tan negativa para este lugar.
Estaba por salir de aquellas oficinas, que más bien parecían cuarto de interrogatorios del FBI, cuando llego corriendo un encargado de seguridad. La verdad no preste atención a la persona que había entrado, estaba tomando mis cosas para dirigirme a la salida y resolver el problema en el que solita me había metido, además, no podía perder más el tiempo, de seguir así perdería la oportunidad de buscar a algún empleo que estuviera cerca el resto de la tarde.