El viaje

1563 Words
Este debe ser el principio de un buen futuro, yo me encargaré de que así sea. Estoy en el aeropuerto con mi tía, quién misteriosamente me quiso acompañar, aunque yo esperaba que no lo hiciera, mi tía “amablemente” me consiguió un vuelo con una premura envidiable (nótese el sarcasmo), pues el aeropuerto está lleno, así que sé muy bien que ya lo tenía todo preparado. Esta vez no me queda de otra, debo irme, si me llego a quedar algo malo le va a pasar a mi padre, a Sarita, y a mí también. Quizá deba explicar un poco porqué ella necesita que yo me vaya de aquí y porqué mi padre vale más muerto que vivo para mis tíos. Bueno, esto no es algo que me guste comentar pero dado el hecho de que acaban de echarme de mi casa (ya verán porqué dijo MI casa) tengo la necesidad de sacar toda esta información de alguna manera, espero comprensión ya que llevo este diario por si me llega a pasar algo. Nosotros sabemos algo que Hilda no quiere que nadie sepa. Cuando mi padre era pequeño, mi abuelo fue siempre muy partidario de él, era el único que lo protegía, que le daba cariño y apoyo, el que siempre estuvo ahí, Hilda le tenía mucho rencor por eso, ya que ella era la mayor. Cuando yo nací, mi padre dice que el abuelo saltaba de alegría, que siempre estaba cargándome y meciéndome, algo que, por obviedad, a los demás no les caía en gracia. A medida que yo crecía, entre mi madre y el abuelo me ayudaban con todo, me criaban y me daban el amor necesario para ser una persona amorosa y que no guardara rencor en mi corazón, siempre pensé que mi vida era perfecta, pero a mis 10 años, el abuelo nos dejó, a mis 12 años mi madre nos dejó, y desde ahí, mi vida pasó a ser un infierno. Tanto mi tía Hilda, como el tío Jorge y el Tío Pedro me hacían la vida de cuadritos, en una ocasión hace unos años, mi prima Kim, que solía ser mi mejor amiga, comenzó a inventar cosas de mi para que mis tíos me maltrataran. Sufrí mucho, lloré mucho, solo podía refugiarme en los brazos de mi padre cuando él llegaba a casa, pero no podía contarle lo que pasaba cuando él no estaba, no quería que nos echaran de la casa, ya que no teníamos a donde ir. Estábamos solos. Cuando me enviaron a arreglar el cuarto del abuelo para que se quedara la nueva novia del tío Jorge, que era un promiscuo libidinoso, encontré unos documentos que hablaban de una herencia de mi abuelo a mi padre, dejándolo como único heredero, y en caso de que él no se encuentre en condiciones de salud para hacerse cargo, tanto el dinero, como las empresas y los bienes pasarían a mis manos. La razón de porqué ahora me estoy yendo del país es porque en ese momento, mi tía me descubrió con el documento en las manos y está demás decir que los golpes ese día fueron más duros y más largos que los anteriores, tanto así que mis marcas quedaron demasiado expuestas. Mi padre se dio cuenta y debí inventar que me había caído por la escalera, pero que estaba bien, nada más lejos de la realidad, pero no podía hacerle eso a mi padre, cuando tenía jornadas laborales de 12 horas y a veces hasta de 16 horas seguidas. No era justo. Yo era una niña. Eso tampoco era justo. Pasé años de mi vida huyendo de casa, buscando trabajos esporádicos para no estar, años de dolor desgarrador, como aquella vez en que Kim mintió al decir que había robado su agenda, la tía Hilda se puso furiosa porque esa agenda la dejó el padre de Kim, quien murió cuando ella tenía 5 años. Mi tío Jorge comenzó a levantar mi falda y decirle a los demás que debían darme un castigo ejemplar por ser una ladrona, mientras miraba mis piernas desnudas, fue un momento horrible, aun no puedo olvidar esa mirada asquerosa, y esas manos sucias tirando mi ropa. Mi tío Pedro, que se encontraba fumando, tomó la colilla y le dijo a mi tío Jorge que me levantara las plantas de los pies, acto seguido, me apagó la colilla en el pie derecho, repetidas veces, una tras otra, para pasar al pie izquierdo, mientras prendía y apagaba cigarros, mis gritos llenaron la casa entera, mis lágrimas no paraban de salir, no podía respirar por el dolor tan angustiante que me habían causado, perdí el conocimiento y solo recuerdo a mi tía dándole las gracias a los dos asquerosos hombres a los que llamaba tíos por obligación. Ahora estoy por tomar un avión y lo único en lo que pienso es que ya no tendré que pasar por esto, ahora puedo dar vuelta la página, incluso me hace sentir alivio después de tanto tiempo. Lo bueno de que me encuentre aquí es que, aunque deba pedir limosnas y dormir bajo un puente, ya no voy a ver sus caras horribles y a pasar por sus abusos. Estoy tan concentrada en mis propios pensamientos que no escucho que me están llamando, de pronto mi tía tira de mi mano con fuerza y con una sonrisa en la cara para indicarme que la voz del parlante está diciendo que es hora de abordar mi vuelo. Nuevo destino, Madrid, España. ¡Allá voy! Me subo al avión, no veo la necesidad de despedirme de Hilda, por lo que camino sola hacia la zona de embarque, me recibe la azafata, que es una mujer hermosa, me da mi pase de abordar y le agradezco la amabilidad, me sonríe y me pregunta por qué viajo, le cuento que necesito salir del país por un tema familiar, aprovecho de consultarle si es muy difícil su trabajo y me comenta que ama lo que hace, me encantaría hacer lo que amo, pero no pude terminar mi carrera de derecho por falta de recursos. Le doy las gracias y me acomodo en el 17F, al lado de la ventanilla en clase turista, me siento como si esto fuese el lujo más grande de mi vida, al fin un poco de libertad. Lejos de aquellos abusadores, en mis 24 años jamás pensé que podría tener esto, un poco de soledad. ¿Es mi idea o alguien me mira? Abro los ojos, miro alrededor y no encuentro a nadie conocido, es una rara sensación, ¿no? Ojalá solo sea eso. Me siento recta y comienzo a mirar por la ventana asimilando que me voy de Italia, que dejo a mi padre, la tumba de mi madre, donde solía ir para conversar con ella, la tumba del abuelo donde iba a regañarlo por dejarme sola, dejo a Sarita, mi madre sustituta por elección propia, dejo todo lo único lindo que alguna vez tuve. Hilda me dio el boleto de avión y una tarjeta de mi padre que contenía 500 euros, al menos me dio algo, yo tenía unos ahorros que alcancé a guardar de los meses trabajados, antes de que Kim me robara las pagas, ella siempre se metía en mi habitación para sacar mi dinero y cuando no lo encontraba, decía que le había robado, para que me quitaran todo y me golpearan, al menos esto me alcanzará mientras consigo un trabajo. Me dio también un papel con una dirección anotada y una llave, dice que es un piso donde puedo vivir tranquila y protegida, lo cual, por obviedad no pienso usar. Sé en cuanto ponga un pie allí, estaré muerta. Tan estúpida no soy. Aun siento que alguien me mira, pero ahora sé que es solo una sensación. En ese momento, por el reflejo de la ventanilla, veo a un hombre extremadamente guapo que me mira, este cielo tan oscuro que tenía sobre mi cabeza, se está empezando a despejar. Aunque piensen que estoy mirando para el lado demasiado pronto, la verdad es que un hombre guapo me mire solo hace que me coloque muy nerviosa, no me gusta esta sensación. Me vuelvo hacia mi ventanilla y recuerdo cuando conocí a Ethan. El llevaba mucha prisa y yo tenía en mis manos mis libros más todo lo que debía leer el año completo para la universidad por lo que no alcanzaba a ver muy bien lo que tenía delante. Caminé metida en mis pensamientos cuando choqué con alguien y caí al piso. Cuando levanté la cabeza el idiota me estaba mirando con mala cara. - Estás ciega o solo eres tonta? - Me dijo muy furioso porque con la caída se rompió su teléfono. - Y tu no podías dejar de mirar tu teléfono para prestar atención al camino? Mira mis libros, me los vas a recoger o que? - Ja, ja, ja.. - El idiota se reía de mi. - Tu me pagarás el teléfono? - Ni en tus sueños... - Entonces recoge tus propios libros. - No es que no quiera pagarlo, es que no puedo. - No siquiera se porqué me sinceré con el y dije eso. Desde ese momento el comprendió que mi vida no era como la de todas las demás chicas de la universidad. Desde ese momento nos hicimos inseparables. Hasta hoy. Adiós, Ethan. Se feliz.
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