Un nuevo mundo

1833 Words
Hoy ya son dos años desde que llegué a Madrid, estoy saliendo con Héctor, el es perfecto, en todo sentido, pero... ¿Les cuento como fue y por qué el pero? Me bajé del avión ese triste día, miré a mi alrededor, sin saber qué hacer, o a donde ir, llamé a Sarita y le conté que había llegado, que todo estaba bien, no quiero preocupar a mi pobre viejita. Pregunté por mi padre, que honestamente me preocupa más que vivir en la calle, en eso se baja Daniela, mi nueva mejor amiga. Dany es azafata, es hermosa y muy graciosa, ella me ha brindado la mayor ayuda que le puedes brindar a alguien, me preguntó cómo estaba y si podía ayudarme en algo. Si Dany no hubiera aparecido en mi vida, todo sería distinto. Ella me ayudó mucho ese día, pero no me atreví a aceptar su oferta de vivir con ella en ese momento, ya que no tenía nada y no quería molestar a nadie, preferí pagar una pensión. Así que tomé mi poco equipaje y salí en busca de un lugar donde vivir, esa semana viví con la Sra. María, ella era muy simpática y me arrendó una pieza, a bastante bajo costo debo decir, me alcanzaba para comer y para comprar lo básico, pero el día sábado, cuando salí a comprar, me terminé perdiendo y acabé en una calle llena de maleantes, uno de ellos se acercó a mi... - ¿Tienes dinero para comprar unas cervezas? – Me preguntó. - ¿Qué? No, no tengo nada, no tengo ni donde vivir. - No te ves como una persona que no tenga donde vivir, si miramos en tu cartera ¿Qué vamos a encontrar? - Ya te dije, no tengo nada - aferré mi cartera con fuerza - mira, solo tengo 10 euros que me mandaron a cambiar para comprar comida. - Y yo quiero mis cervezas, ¿Crees que me importa tu comida? No seas estúpida. Malditas perras, ¿Creen que uno tiene tiempo de sobra para perder con ellas? – Dijo en tono de burla. Me arrebató mi bolso y le pedí por favor que me lo entregara, solo me dijo que dejara de gritar como una perra. - Esto que tienes aquí ¿es para mí? - Toma mi cadena de plata, el único regalo que me queda de mi madre, y lo tira como si no fuera nada, me lanzo sobre el para quitárselo y me empuja al suelo con tanta fuerza que no me puedo levantar de inmediato, se acerca otro tipo a nosotros y me toma del pelo. - Ésta linda perra serviría muy bien durante la noche, podríamos dejarla para nosotros - Yo solo gritaba que me devolviera mi cadenita, por favor, solo quería mi cadenita - Aunque podríamos hacer buen uso de ella como canguro. No sabía que decían ni a que se referían hasta que vi a un tipo alto acercarse, me dio más pánico del que ya tenía, por que éste se veía demasiado amenazador, asumí que debía hacer mucho ejercicio al contrario de estos dos, por lo que me aterraba que tuviera tanta fuerza que era capaz de hacerme cualquier cosa y no tendría ninguna oportunidad de defensa. En cuanto se acercó, la poca luz que había me dio una vista mejor de él, iba vestido con un pantalón jeans claro, polera negra, zapatos oscuros, y no terminé de escudriñarlo cuando lo escuché hablar. - Yo habría soltado a la señorita si fuera ustedes, pero por lo visto, son más estúpidos de lo que creí. En eso, uno de los asaltantes se acerca a él para, aparentemente, golpearlo pero este último se mueve con tanta rapidez que es complicado seguirle el ritmo, aprovechando el impulso del tipo y sin sacarse las manos de los bolsillos, le da un rodillazo al imbécil ese. - Le pegaste, gilipollas – Grita el otro idiota y se lanza contra el tipo de las artes marciales, pero poco le dura. - Te voy a matar hijo de puta El solo se mueve en el momento justo, el tipejo ese trastabilla y cae al suelo de bruces. El luchador marcial se mueve hacia su espalda y lo presiona contra el suelo para que no se pare, le dice algo al oído y el tipejo no se mueve más. Se acerca a mí, que, para ser muy honesta, ya no tengo miedo, me tiende la mano y me ayuda a levantarme, una vez de pie puedo oler su fragancia, tan embriagadora que me fascina, su cabello n***o azabache ondulado, con una gorra negra y unos cuantos mechones sueltos en la frente que le caen perfectamente, esos ojos verdes esmeralda le quedan perfecto junto a esa mandíbula cuadrada y esos pocos bellos creciendo en su rostro, su porte debe ser 1.90 mts. O más. Y su camiseta negra con manga corta se pega tan bien a sus musculosos brazos, no quiero mirar hacia abajo porque esto me está sacando de mis casillas, tengo que reconocer que este hombre es aún más hermoso que el del avión, o más bien, más sexy. Ni Ethan se veía tan bien, y eso que hacía ejercicios sin parar. Me saca de la ensoñación que tengo ahora por esos bíceps preguntándome si estoy bien, debo aclarar que su voz me coloca los bellos de punta, es tan sexy, ronca en su justa medida y encantadora que hace que otra vez me pierda, y nunca me he perdido por un hombre. - ¿Estás bien? ¿Te hicieron algo? - ¿Dónde está mi cordura? Dios santo, Abbie responde. - E-e-s-toy bi-e-en - maldición, ¿Por qué las palabras salen tan bien en mi cabeza? - ¿Tartamuda? - ¿He? Rayos, y ahora cree que soy estúpida, esto no está pasando - Me alegra que estés bien, ten más cuidado a la próxima. Se voltea para irse y solo corro hacia el tipo que me quitó mi cadena y mi cartera para recuperarla y luego me volteo hacia él, pero ya no está. Miro por todos los lugares donde podría haber entrado y no, nada de él. ¿Quién serás? ¿Te volveré a ver? Gracias por ayudar y gracias mamá, me enviaste a un ángel para salvarme de esta. Cuando desperté, después de haberme quedado dormida en la calle, porque me perdí y ya no pude encontrar la casa de la Sra. María ni al chico guapo, Dany me estaba mirando. Entre la sorpresa y el susto, me sobresalto, ella solo se ríe, me ayuda a levantarme, y me pide irme a su casa. Me dijo que tenía un apartamento en la ciudad y que justo había venido con unos amigos a una fiesta cerca, que cuando se iba me había visto, así que decidió acercarse. Le conté lo que había sucedido, pero omití un poco del sexy, guapo y misterioso hombre. Ella me llevó a unos departamentos muy hermosos en la cuidad, me ayudó a instalarme y no me cobró nada, pero necesito pagar el arriendo, no por ella, por mí, no me gustaría aprovecharme de mi amiga. - Me encanta que estés aquí – Me dice Dany – Siempre quise a una compañera de cuarto, una Roomie, como les dicen ahora – Y sonríe, como si fuera muy vieja, me hace reír – Mi apartamento está pagado, me lo regaló un amigo cuando estuve perdida, tuve un mal período, ¿sabes? Pero el hombre más sexy del mundo me ayudó a salir de todo eso, y ahora soy azafata gracias a él. Le debo mucho a ese idiota, pero me hizo prometer que jamás me fijaría en él. Y por lealtad jamás lo haría. No me puedo arriesgar a perder al miserable ese. - Suena lindo tener a alguien que te ayude cuando estás mal – Me recuerda al guapo de ayer – A veces en tu vida aparecen personas que son como ángeles para ayudarte y salvarte en el momento justo. - Si, eso suena como él. Pero este idiota no sería jamás un ángel, todo, menos eso, ja, ja, ja – Reímos juntas. - Ahora dime ¿Cómo terminaste durmiendo en la calle? ¿Estuviste todos estos días ahí? – Oh, cierto, no le conté lo de la Sra. María, y debo buscarla, para recuperar mis cosas. - Resulta que el día en que llegué busqué una pensión, donde encontré a la Sra. María, una anciana muy amable que me ayudó y me tendió una mano, el día del asalto, había salido a comprar, pero me perdí y ya no pude encontrar la pensión. - ¿Quieres que te ayude a encontrarla? – La veo sacar su teléfono y escribe un mensaje – Le dejé un mensaje a mis amigos y ellos me ayudarán a buscar el lugar, pero necesito más detalles. Le cuento como llegué a ese lugar y lo que había cerca, en eso, suena su teléfono. Ella me hace un gesto, y contesta, se aleja y yo me quedo aquí mirando mi vaso de zumo. Vuelve y me dice que tiene que salir urgente, algún tema con el trabajo, busca su bolso y se va. Así que tengo mucho tiempo para darme un necesario baño, refrescarme un poco, porque el calor en esta época del año es insoportable aquí. Termino mi zumo, que había dejado olvidado y llamo a mi querida Sarita. Salí a buscar un trabajo a los dos días, sin querer usar la tarjeta que aquel hombre del avión me dio. Me pasé estos días descansando y hablando con Dany, también saliendo de compras, pues ella compra mucho. Traté de buscar algo por mis propios medios y encontré un trabajo como garzona en un restaurant bastante lujoso (le debo a Hilda y a su familia el hecho de haberme tenido como sirvienta desde los 10 años, aprendí muy bien como servir mesas). Aquí me pagan bien, me tratan bien y las propinas son bastantes suculentas, así que he podido pagar los gastos comunes, los servicios básicos y la renta del apartamento sin problema alguno, aunque Dany no me recibe el dinero, lo estoy dejando en su cajita de ahorros. No está demás decir que no he sabido nada de Hilda y su familia, incluso el infiel de Ethan se borró del mapa. ¿Sufrí? Si, demasiado. ¿Lloré? A mares. ¿Me morí? Ni a palos. Me costó mucho adaptarme al país, a la ciudad, a los metros, a las comidas, incluso tuve que dormir en la calle, pero aquí estoy de pie. Un día de calor abundante y cuando ya habían pasado 13 meses desde que llegué a España, un rubio con anteojos oscuros entró al restaurant junto a un grupo, los atendió Maggie y me pidió ayuda para llevar unas copas, yo serví mi bandeja y me acerqué a la mesa, cuando mi mirada se posa en el rubio lo veo mejor, ahí estaba, sonriendo, mi futuro novio. Héctor.
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