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1720 Words
Benicio me mira con sus ojos ya llenos de deseo y me sonríe ―Me parece una fantástica idea, pero como que esto sobra, ¿no?― Me pregunta y ahora es él quien me quita mi blusa dejándola caer sobre su camiseta y así dejándome frente a él con un sujetador color blanco de encaje que parece encantarle ― Parece ser que alguien se divirtió escogiendo lencería nueva en esa tienda ― bromea y comienza a jugar con los tirantes de mi sujetador, el roce de sus dedos con la piel de mis hombros hace que se encienda mi cuerpo un poco más. ― Tenía la esperanza que fueses tú quien la disfrutara.― Digo como puedo en medio de sus sensual roce. ― Y no sabes como la disfrutaré.― Me dice con un tono lleno de malicia y es tarde para rebatir porque su boca se aferra a la mía tal y como si no hubiese mañana. Puedo sentir sus dedos bajando los tirantes y después pasando hacia mi espalda, y en segundos puedo sentir como mis pechos se liberan y el sujetador toma lugar junto con la camiseta y mi blusa. Él deja de besarme y me observa, mientras con las yemas de sus dedos comienza ese recorrido desde mi cuello hasta mi ombligo, acariciándome lentamente y haciendo que lo desee más ― Me gusta tu piel ghali ― me susurra ― me gusta el aroma tan único que desprende, tan sensual y misterioso, y al tacto es suave y agradable ― y mientras dice esto sigue acariciándome con sus manos alentándome a que le pida que vaya más allá. ― ¿Qué esperas para volverme absolutamente loca?― Cuestiono entre dientes al sentir que llega al límite de mis ganas, pero se detiene. ― Pero Selene, esto simplemente es una ducha ― y puedo sentir sus manos desabrochando mi pantalón ― No sé qué significa eso de volverte absolutamente loca―. ― ¿Ah no?― Le cuestiono a modo de reto y quito mis manos de su pantalón, las llevo sobre su pecho, lo empujo para que me separe de mi y me pongo de pie. Él no dice ni una sola palabra, solamente me observa quitarme los zapatos ayudando un pie con el otro y y parece ser tan solo un simple espectador que me observa con deseo. Desabrocho mi pantalón, lo comienzo a bajar y me desprendo de el para quedarme tan sólo en una diminuta braga que hace juego con el sujetador que llevaba puesto. ―Si me acompañas, te muestro de lo que hablo.― Propongo y le tomo de la mano para que siga mis pasos a la ducha, pero me detengo en mitad del camino. ― ¿Qué?― Me pregunta al verme observándole de pies a cabeza. Sonrío y bajo mi mirada a su pantalón ―Se te mojara todo el pantalón si entras así a la ducha.― Digo y sin que el se lo espere, llevo mis manos al botón de su pantalón y se lo desabrocho lentamente para luego bajar la cremallera bajo su atenta mirada. Puedo notar su respiración ya agitada en la manera que su pecho se mueve y me encanta verle así por mi, me hace sentir fuerte, segura y sobretodo, sexy. ―Permíteme.― Digo y voy bajando su pantalón a medida que yo voy agachándome frente a él y sé que está disfrutando de la vista desde allí arriba y no me importa nada. Quito sus zapatos, sus calcetines y termino de bajar su pantalón hasta quitárselo ―Creo que te ha faltado algo, ¿no?― Me pregunta una vez que su ropa está en el suelo y se que se refiere a su bóxer color blanco que enmarca perfectamente su abultada erección. ― Creo que por ahora estamos iguales ― le comento ― te confieso que la imagen de esa noche cuando saliste del mar en bóxer es algo que me gustaría revivir otra vez― él me ve pícaro y me sonríe. Lo tomo de la mano y entramos a la ducha. Él se acerca a mí y me da un beso tan intenso que siento que no tomé suficiente aire y que debo aferrarme a su boca para poder respirar. Mientras nuestros labios se sincronizan a la perfección, como siempre, él estira la mano y abre la llave haciendo que el chorro de agua caiga instantáneamente sobre nuestros cuerpos. Tengo tanto calor, por el clima o por el momento, que el agua fría no me molesta para nada. Tengo la impresión de que el agua fría rozando con nuestros cuerpos ardiendo hace que en este baño haya un vapor más intenso que el que genera las lluvias de verano sobre el pavimento quemando por los rayos del sol. Nuestros pulmones parecen colapsar obligándonos a tomar un respiro en medio de nuestros besos y sus manos simplemente se entrelazan con las mías para así levantar mis brazos por encima de mi cabeza y hacer que, en medio de este deseo infinito, el me acorrale entre la pared de esta ducha y su cuerpo ya todo empapado, lo cual evidentemente es la imagen más jodidamente sensual que pueda existir en este mundo. Las gotas cayendo por nuestros cuerpos y nuestras respiraciones que con el eco del baño se han convertido en esta sinfonía de placer que hemos causado entre nuestras caricias, comienza a elevar nuestra excitación y llevarla al siguiente nivel que ambos deseamos. Benicio me tiene entre sus brazos y yo como puedo bajo mis manos hacia su bóxer para así poder deshacerme de él. Alcanzó el elástico como puedo y comienzo a bajarlo poco a poco, sin embargo, recuerdo la noche en su piso y con toda la fuerza que tienen mis manos lo rompo. Él deja de besarme por un momento y me ve sorprendido ― Touché― me susurra y después regresa a mis labios para seguir devorándolos sin darme tregua. Cuando al fin se encuentra completamente desnudo y puedo sentir su erección rozando mi intimidad, él levanta mi pierna, llevando su mano en a mi muslo y poniéndola a una altura donde pueda entrar en mí. Tengo que aferrarme a él con todas mis fuerzas para que ninguno de los dos nos resbalemos, pero la manera tan firme en la que me sujeta, hace que olvide cualquier accidente que pueda suceder aquí y simplemente disfrute del placer que es sentirle entrando lentamente en mi mientras que su mirada está clavada en la mía. Es increíblemente sensual la manera que me observa, es como si analizara mis gestos al comenzar a sentirle dentro de mí y debo morder mis labios en respuesta hasta que él se apiada de mí y me llena de su cuerpo entrando por completo y provocando un leve gemido que se hace más fuerte con el eco. Mis manos arañan su espalda y a sentir su respiración sobre mi cuello combinada con el agua que cae sobre nuestra piel, me lleva a un estado de sensualidad jamás percibida en mí. Puedo sentir el frío y el calor al mismo tiempo que el caos y la calma cuando estamos así. Sus caricias son tiernas mientras sus embestidas me hacen saber que me desea como a nadie más en este mundo. De pronto esa sensación que tantas veces me ha provocado comienza a formarse en mi intimidad, erizando mi piel, tensando mis músculos y provocando que mis piernas empiecen a debilitarse poco a poco ― Me voy a correr Benicio ― digo con la voz entrecortada. ― Mírame ― me susurra y nuestras miradas se juntan de nuevo ― Mírame y déjate llevar. Sin más preámbulo dejo que mi cuerpo se deje llevar por esa sensación tan adictiva y me corro. Cierro los ojos de inmediato y los vuelvo a abrir para volverme a encontrar con esa mirada intensa que solamente él tiene ― Hermosa ― me susurra y deja de moverse por un minuto para acariciarme bajando lentamente sus manos sobre mi piel y prolongando ese placer que sólo entre los dos sabemos que existe. Recorre y acaricia con sus dedos mi vientre y roza un poco mi intimidad haciéndome temblar de nuevo. Parece que la imagen de mi cuerpo desnudo y con las gotas resbalando sobre mi piel es algo que le ha fascinado ― Eres hermosa ghali ― me susurra mientras me ve de nuevo y vuelve a aferrarse a mí. Se mueve un poco más en mi provocando que las olas de placer se repitan una y otra vez en mi interior y cuando creo que voy a desvanecerse por completo, el va un poco más allá hasta que consigue correrse haciendo que ese gesto tan sensual y que tanto me gusta de él se haga presente. Tengo la teoría de que nunca me acostumbrare a estas nueva sensación que es sentir su calor dentro de mi, es algo tan diferente, pero tan increíble que podría quedarme así con el por una eternidad. ―Te amo.― Me dice abrazándome contra su pecho tal y como si intentase recuperarse de lo ocurrido. Yo comienzo a jugar con su cabello y lo enredó, él parece disfrutarlo porque cierra los ojos y me sonríe ― Yo también te amo, no tienes idea cuánto ― y vuelvo a besarle. ― Entonces, a esto llamas tú duchas ¿eh? ― me pregunta divertido. Me recargo de nuevo sobre su pecho y escucho su corazón latir. ―Digamos que es una nueva manera de ducharnos que tú y yo hemos inventado, pero eso no es nada nuevo, desde que nos hemos conocido hemos inventado muchísimas cosas.― Comentó y se sonríe. ― Lo sé, me has hecho olvidarme de todo lo que conocía como mi mundo para construir uno nuevo junto a ti y si me lo preguntas, me agrada mucho mas este mundo que nos hemos inventado.― Me dice haciendo que deba mirarle a los ojos. ― A mi también me gusta este mundo tan nuestro y con nuestras propias reglas, solo puedo ansiar lo que viene porque de seguro es muy bueno.― ― Demasiado bueno, eso te lo podría jurar.― Es lo único que me dice y si hay algo que he aprendido de Benicio, es que nunca me va a defraudar, puede que la vida nos lleve al límite en alguna que otra ocasión, pero ahí va el inventando nuevos límites para dejar a esos otros  atrás. 
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