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1296 Words
Al dia siguiente: Atlanta, Georgia: Estados Unidos [SELENE] Con un dolor de cabeza insoportable voy junto con Benicio en un automóvil bastante cómodo atravesando la ciudad de Atlanta. La carretera es ancha y llena de árboles, algo que no había visto en mucho tiempo ya que mis visitas a América siempre fueron muy limitadas y solía trasladarme en helicóptero o avión privado a donde tenía que llegar. Así que esta es sin duda una nueva experiencia para mí que disfrutaría más si no trajera una migraña que siento me taladra la cabeza. Nuestra meta en estos momentos es atravesar la línea estatal y llegar a Florida, pero según el GPS tenemos aproximadamente cuatro horas más de viaje. Inclinó un poco más el asiento hacia atrás y puedo sentir la mirada de Benicio sobre mi. ― ¿Estas cansada ghali?― Me pregunta y tan solo puedo girar mi cabeza para verle. ― Demasiado, además tengo dolor de cabeza.― Confieso. ― Dentro de mi bolso de mano hay medicamentos para el dolor de cabeza, tomate uno y descansa mientras llegamos a Florida, te prometo que pararemos a descansar apenas estemos allí.― Me recomienda y sin dudarlo sigo sus instrucciones. Busco la medicina para el dolor de cabeza, abro la botella de agua y rápidamente tomo la pastilla con la esperanza de que este dolor se alivie pronto, y vuelvo a acomodarme sobre el asiento y cierro los ojos, en este momento todo lo que quiero es acostarme sobre un colchón cómodo y quedar en completa calma, aunque dudo que con un hombre como Benicio pueda conseguir lo segundo. A nuestro alrededor los paisajes van cambiando a medida que nos vamos alejando de la gran ciudad, y cuando menos me lo espero, ya no sé ni que sucede a nuestro alrededor ― Cariño.― Escucho la voz de Benicio a lo lejos. ―Selene, amor, despierta.― Insiste y de a poco voy abriendo mis ojos para encontrármelo a él mirándome de cerca. Algo confundida miró a nuestro alrededor y me doy cuenta de que el auto ya no está en movimiento, el paisaje es muy diferente y el calor que traspasa los cristales del auto es infernal haciendo que deba quitarme el liviano saco que llevaba puesto. ―Bienvenida a Florida.― Me dice con un tono sarcástico que me hace reír. ― Vaya, el clima no cambió mucho que digamos, es el mismo que hacía en Niza unos días atrás ¿Seguro que no regresamos de nuevo allá? ― le pregunto bromeando. ― No Ghali, a Niza no regresaremos en un buen rato, me alegra que sea el mismo clima para que no la extrañes. Ven, vamos a descansar ― y abre la puerta del automóvil para después ir de mi lado y abrir la mía. Al abrir la puerta, siento el golpe de calor en mi cara y me alegra que mi migraña haya desaparecido por completo, porque no sé si soportaría este clima con un dolor de cabeza igual de infernal. Frente a nosotros hay uno de esos típicos hoteles que pocos pisos de alto que se puede encontrar en todas partes de las carreteras de este país, no es ni muy lujoso ni tampoco es un motel de esos super económicos donde usualmente pasan la noche los conductores de camiones, parece ser que Benicio pensó absolutamente en todo, hasta en la comodidad. ―Es sólo por esta noche.― Me dice él y le sonrió. ― No te preocupes, no tienes que llevarme a un sitio lujoso, mucho menos estando en mitad de la carretera.― Le explico en un intento por aliviar un peso que parecía llevar sobre sus hombros. Benicio toma las maletas del auto y ambos comenzamos a caminar hacia el lobby para registrarnos y que nos den la habitación, entró segura porque sé que no es uno de los tantos hoteles de mi padre y que sé no me reconocerán ni por error. Benicio hace el check―in y sonrió al escuchar su acento en inglés, sin embargo, yo me entretengo observando el lobby y leyendo algunos de los folletos que hay en las mesas sólo para ubicarme un poco dónde estoy y a dónde voy. ― Listo ― escucho su voz detrás mío y dejo de leer uno de los folletos que había tomado ― Habitación número 512 señorita ― y me invita a que caminemos hacia el elevador. El silencio que habita los pasillos de este hotel se me hace muy extraño, estoy acostumbrada a que los hoteles donde me hospedo sean una total locura de gente ya que normalmente son resorts que incluyen casinos, centro comerciales y demás facilidades que atraen a un grupo muy variado de huéspedes. Llegamos a la habitación 512 y cuando él la abre me gusta lo que está enfrente de mí. Un cuarto muy sencillo con lo necesario para dos personas, no hay puertas que dividan otros cuartos, ni hay ese lujo exagerado en la decoración. Entro con cuidado revisando cada parte y tocando los pocos muebles que hay. ― ¿Acaso es una inspección de la habitación? ― bromea él y yo me río. ― No, simplemente que me gusta sentir la textura de las cosas, soy bastante curiosa ¿aún no te habías dado cuenta? Él me da una media sonrisa de esas que son capaces de dejarme sin aire y se acerca a mi lentamente ―Me he dado cuenta, es más, he sido víctima de tu curiosidad y me ha encantado.― Me dice y aquí va de nuevo mi corazón acelerándose como la primera vez que el me insinuó algo y yo era aún aquella niña ingenua que no sabía nada de los hombres. ― ¿Podemos ver el baño? ― le digo nerviosa tratando de esquivar por un momento esta sensación que hoy por hoy me hace sonreír más que nada en el mundo ― Me da curiosidad de saber cómo es. ― Vamos a verlo entonces.― Indica y guía el corto trayecto que hay hacia allí. Abro la puerta y veo un baño bastante sencillo, una ducha, váter y un espejo con una luz demasiado intensa. Me veo reflejada en él y me acerco un poco más, en verdad el cansancio es notorio en mí ― Te ves perfecta Ghali ― me dice él abrazándome por atrás y dándome un beso en el cuello. ― Mentiroso, mira las ojeras que tengo.― Me quejo señalando el área debajo de mis ojos. ― No hablemos de ojeras amor, porque las mías tienen nombre y apellido ― y me hace reír de nuevo porque sé a lo que se refiere. ― Entonces, debería dejarte descansar ¿no?― Digo con un tono lleno de sugerencias. Benicio me voltea hacia él y me sienta sobre la repisa del lavamanos, junta su cuerpo al mío y luego me da un beso tierno y lento que vuelve a devolverme un poco de energía, paso mis manos sobre sus hombros y sigo su ritmo hasta que nos separamos para tomar un poco de aire ― Creo que contigo nunca podré descansar del todo ghali ― me susurra ― Así que tendrás que acostumbrarme a verme con estas ojeras ―. ― ¿Sí sabes que hay cremas y eso para desvanecerlas? ― le sugiero y él sonríe. ― Sí, pero las llevaré orgulloso por la vida, sabiendo que la mujer de mis sueños salió de ellos y ahora duerme junto a mí ―. ― Eso es muy romántico.― Digo y le vuelvo a besar antes de que sus palabras me dejen sin fuerza alguna ― Que tal si aprovechamos que estamos aquí para darnos una ducha antes de dormir ¿Te parece? ― y bajo mis manos hacia el fondo de su camiseta y comienzo a subirla hasta dejar su torso descubierto. La tiró a un lado y esta cae en el suelo.
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