[Benicio]
Cuando veo a Selene entra al bar, camino hacia la tienda de Pandora que acabamos de pasar y que afortunadamente ella no se dio cuenta que estaba. Entro y una señorita se acerca inmediatamente ― Posso aiutarti? (Puedo ayudarle) ― Me pregunta y en mi mente intenté recordar el poco italiano que se.
― Parli spagnolo? (Habla español) ― Pregunto tímidamente y se sonríe.
― Si, hablo español ¿cómo puedo ayudarle?―.
― Gracias ― digo aliviado ― Me gustaría ver uno de los dijes que tiene en la vitrina de afuera ― comentó.
― Bene, bene (Bien) ― y camina junto conmigo hacia allá.
Abre la vitrina y sacó unos dijes con los monumentos importantes de Milán, tomó el que me gusta y lo veo de cerca ― Ahhh Il Duomo di Milano ( Ah! La Catedral de Milán) ― me dice sonriente.
― Creo que será perfecto para ella― susurro.
Rápidamente pagó por él dije y la vendedora lo envuelve en una de esas diminutas cajas que llevo dándole a Selene cada vez que le regalo un dije. ―Gracias.― Me dice ella cuando voy saliendo de la tienda y de inmediato le sonrió.
Voy caminando con la pequeña bolsa en mi mano hacia el bar donde ella se ha quedado y sonrió como un tonto al verle sentada alrededor de una de las mesas altas que tienen vista a la pista de aterrizaje, ella se ve completamente concentrada apreciando el paisaje y yo me voy acercando a ella intentando que no se de cuenta. ―Te ves hermosa.― Digo cuando llego detrás de ella y le abrazó colocando mis brazos alrededor de sus hombros y así dejando que ve la pequeña bolsa que traigo conmigo.
― ¡Me asustaste!― Exclama entre risas, pero una vez que comienzo a besar su cuello ella ríe. ―¿Y esto? ¿Esta era tu llamada?― Me pregunta rozando la bolsa con su dedo índice.
― No podía irme de aquí sin darte esto.― Comento y le suelto para así poder entregarle su regalo.
Ella comienza a abrir la bolsa mientras yo me siento en la silla a su lado y luego quita la pequeña cajita para abrirla y mirar el dije. ―¡Me encanta!― Exclama mientras deshace el lazo que amarra el dije a la caja.
― Para qué recuerdes nuestro paso por Milán.― Explico.
― No lo olvidaría ni en cien vidas.― Dice pícaramente y sonrío. ―¿Me ayudas?― Pregunta mientras me da el dije y luego me muestra su muñeca donde lleva el brazalete.
Le miro de manera picara y sonrió de lado ―Si me lo pides en italiano puede ser.― Digo divertido.
Ella lo piensa un instante y suspira ― Mi potete aiutare con il braccialetto? (Puedes ayudarme con la pulsera) ― Dice finalmente y aquí estoy yo imaginando mil cosas.
― Puedo.― Digo divertido y me acerco a su oído ―Un día de estos deberías hablarme en italiano mientras te hago el amor.― Le susurro y sonríe triunfal.
― Me agrada tu idea.― Dice divertida mientras le ayudo con el brazalete y esto se convierte en una cuenta pendiente entre los dos.
Tomamos nuestras bebidas y entre caricias, sonrisas de complicidad y secretos que sólo se quedarán en nuestros oídos, el tiempo pasa hasta qué escuchamos que debemos abordar el vuelo a Atlanta. Salimos del bar y ella me toma de la mano y puedo ver su pulsera brillando con todos los dijes que hasta ahora le he dado, debo confesar que siento una sensación de melancolía al ver el primero que le regalé.
― No sé si decirte esto pero, no me agradan mucho las turbulencias, me ponen un poco nerviosa ― confiesa.
― ¿Estás diciendo que ahora seré yo el valiente en esto? ― bromeo ―.
Ella me mira confundida ―¿No me digas que a ti tampoco te gusta mucho volar?― Cuestiona sorprendida.
― Digamos qué oficialmente debo pretender que me encanta volar ― me río ― pero en realidad no es lo mío. No te preocupes, ya se nos ocurrirá algo que hacer durante las turbulencias ― le susurro y ella se ríe.
― ¡Basta! Ya hay que comportarnos, que entre el Italiano y las turbulencias esto se va a poner mal ― y me da un beso ligero en los labios.
― Lo siento no puedo evitarlo ― le digo ― Pero te prometo que ya pararé por este momento, aunque debo decirte que siempre he tenido curiosidad de saber eso del sexo en el baño del avión... ― bromeó.
― Yo también ― contesta mientras camina a la puerta de abordaje y me deja sonriendo como tonto.
Una vez que subimos al avión, nos acomodamos en nuestros asientos asignados para así emprender viaje a nuestro siguiente destino, Atlanta.
[...]
Una escala, doce horas y media de viaje y un intento algo fallido por descansar aunque sea un poco, así se resume nuestro camino a Atlanta, pero finalmente hemos llegado. Bajamos del avión, pasamos inmigración, la cual en su caso ha sido más simple ya que es ciudadana americana y luego vamos por nuestras maletas y así pasar la última etapa la cual es aduana.
― Welcome to Atlanta.― Nos dice el señor de aduana una vez que ha terminado de revisarnos y simplemente le sonreímos para pasar las puertas dobles y así llegar al área central del aeropuerto.
Ella me mira, sonrie y encoge sus hombros ―¿Y ahora?― Me pregunta divertida.
― Y ahora ha llegado el momento de ir a nuestro destino final donde iniciaremos una nueva vida juntos, ¿preparada?― Pregunto y asiente.
― Mas que preparada.― Sentencia.
― Entonces vayamos por el auto y emprendimos camino a St. Agustine.― Digo con entusiasmo a pesar de lo largo que ha sido el camino hasta aquí, supongo que de ser necesario podemos pasar la noche en algún hotel de carretera para descansar, pero correr el riesgo de quedarnos aquí no está en discusión.