Capítulo 2

2711 Words
Javier Miro la pantalla de la computadora y leo nuevamente el mensaje. “Sábado. 20:55 hs. Confirmar presencia.” Respiro profundo mientras los recuerdos de la última noche de Maskerade vienen a mi mente. La figura de la hermosa morena que no quiso darme su nombre se hace presente, generando que mi entrepierna comience a palpitar. ¿Irá nuevamente?, ¿La reconoceré? Las dudas me invaden y decido que sin dudas, yo sí iré, con toda la ilusión de volverla a encontrar. “Confirmado.” Contesto con rapidez y me quedo expectante, mirando la pantalla. Casi inmediatamente aparece ante mí la respuesta y me apresuro en abrir el correo. “Se adjuntan los datos de referencia de pago. Recordamos puntualidad extrema en su horario asignado. Laplace 2230. 20:55 hs.” Realizo el pago y envío el comprobante. Mi mente vuelve al recuerdo de su espalda. Siendo que las mujeres van todas con un look unificado, y las máscaras anatómicas son perfectamente pensadas para disimular los rasgos, mi única esperanza para reconocerla es que el atuendo que les toque usar esta vez deje ver la parte baja de su cintura, donde tiene un sutil y delicado tatuaje. Se trata de una flor de loto de la que se desprenden finas líneas horizontales, que dibujan formas hacia los costados. Me detengo a recordar mi lengua rozando el contorno del dibujo tal y como ella hizo antes con los tatuajes de mi hombro y brazo. Una vez más me pregunto ¿Qué tiene esa mujer, que con solo una noche me dejó tan cautivado? El sonido de mi móvil me devuelve a la realidad y veo el nombre de Milena en la pantalla. -¿Tan temprano ya me estás extrañando enana? –Pregunto con una sonrisa a mi mejor amiga. -Hola Pato, ¿estás muy ocupado? –Noto una tristeza en su voz que me hace parar las antenas. Me inclino hacia adelante, poniendo los codos sobre el escritorio, como si eso ayudara a tenerla más cerca a través del aparato. -No, ¿Qué te pasa? –Increpo, expresando mi preocupación. -¿Podemos vernos en tu casa? –Siento su voz temblar y voy tomando mis llaves mientras salgo de la oficina. -Voy saliendo para allá, ¿nos vemos ahí o te busco por algún lugar? -No, te espero ahí. Estoy a un par de cuadras. –Sigue con su tono triste. -En unos minutos llego. Termino la comunicación para ingresar al ascensor y dirigirme al subsuelo donde está mi auto. Conduzco a toda velocidad pensando en qué le puede estar pasando a Milena, en los diecisiete años de amistad que nos unen, jamás había tenido una reacción como esta. Llego a la puerta de mi casa y la encuentro sentada en los escalones de afuera. Cuando advierte mi presencia se para y me abraza. Rodeo sus hombros con mis brazos y aprieto su cuerpo mientras con una mano acaricio su cabello. Luego de unos segundos me alejo un poco y la miro a los ojos, que están hinchados y con el maquillaje corrido. -Entremos. –Digo con voz decidida, viendo que no está en condiciones de conversar en la vía pública. Atravesamos el living y vamos directo a la cocina, que está integrada, separada solamente por una barra. Ella se sienta en una de las banquetas y yo le sirvo un vaso de agua para luego sentarme frente a ella. -Ahora sí. ¿Me podés contar que te pasa? Me tenés muy preocupado. –Digo mirándola a los ojos. Ella mira el vaso fijamente mientras lo gira entre sus manos. -Mis papás decidieron retirarse, dicen que ya están grandes y no quieren seguir trabajando. –Dice aún sin levantar la vista. -Ajam… ¿Y entonces?... –Intento apurar su relato porque la incertidumbre me está matando. -Le van a dejar la dirección del Complejo a Emilio y sugirieron que yo no sea parte del staff de profesionales, ahora que, según ellos… no van a poder “controlarme”. –Veo las lágrimas brotar de sus ojos, mientras cubre su rostro con ambas manos. La indignación se apodera de mí y me hace querer correr a la casa de los padres de mí amiga y gritarles en la cara que no se merecen la hija que tienen, pero me contengo, pensando que no le haría ningún bien a la situación. Para mi sorpresa, Milena levanta la vista directo hacia mí y habla esta vez levantando la voz y mostrando la personalidad explosiva, que sí reconozco a la perfección. -Son unos hijos de puta, ¿Cómo puede ser que mi inclinación s****l los haga verme como alguien inferior? ¿No se dan cuenta que soy el alma de la Clínica, que nací para esto? A Emilio lo único que le interesa son los ingresos, es excelente para llevar la administración, pero un Complejo de Salud Mental no puede ser solo una empresa… No puedo creer que me hagan esto. –Termina de desahogarse y las lágrimas parecen cesar. Realmente la vocación de mi amiga por ayudar a los demás es uno de los rasgos que la caracterizan, y que la llevó a estudiar la carrera de acompañante terapéutica. Es verdad que el Complejo de Salud Mental que todavía dirigen sus padres es el mejor del país y les permite un pasar económico privilegiado, pero ella, lejos de verlo como una empresa para generar ingresos, lo ve como su motivo de vivir. Tampoco yo puedo creer que sus padres le hagan esto, sacarle su pasión solamente porque le gustan las mujeres y se rehúsa a casarse y darles nietos, como hizo su hermano mayor. -¿No hay manera de hacerlos cambiar de opinión? –Pregunto con cautela. -No. –Dice pensativa. Parece estar repasando algo en su mente así que no la interrumpo y solo la miro en silencio. –En realidad sí. –Admite finalmente. –Emilio dijo algo en la reunión, después de que yo les gritara que estaban siendo injustos y que yo no merecía que me hicieran esto… Él dijo que me lo estaba haciendo yo… Que si dejara de lado mi capricho por hacer la contra a mis papás y me amoldara a lo que la familia espera de mí, las cosas podrían ser diferentes. –Me estremezco pensando en lo mal que suena eso, es como si su familia quisiera cambiarla a su antojo, a ella… que es la mejor persona que conocí en la vida, no lo puedo creer y no puedo sino encontrarlo sumamente absurdo. -Supongo que dejar de ser vos misma no es una opción enana. Seguro vas a encontrar otra forma de desarrollar tu vocación. –Digo, buscando darle aliento, pero me sorprende ver que no parece estar escuchándome. Parece absorta en sus ideas. -También dijeron que nos dan un trimestre de prueba, recién entonces van a hacer el cambio formal de titularidad del Complejo. Eso significa que tengo tres meses para hacerles cambiar de opinión. –Dice mirándome a los ojos, con una nueva chispa naciendo en ellos. -¿Y qué vas a hacer para convencerlos de que “te amoldas a lo que la familia espera de vos” en solo tres meses? –Pregunto intrigado. Me sostiene la mirada un momento, como si estuviera evaluando si decirme o no aquello que está pensando. -Les voy a presentar a mi novio y voy a mostrarme como la señorita inglesa que siempre esperaron ver en mí. –Dice finalmente, muy decidida. -¿Tu novio? –Respondo sin entender. -Sí… Vos. –Me contesta con una sonrisa amplia, mientras se pone muy erguida, como si hubiera cambiado realmente a una fina señorita de clase alta en solo un segundo. No puedo evitar reírme ante la descabellada solución que mi amiga propone. -Te volviste loca. No hay chances de que tus papás crean que vos y yo somos novios después de decirles durante diecisiete años que solo nos vemos como hermanos. -Estas equivocado, la gente ve lo que quiere ver, y mis papás siempre murieron por que entre vos y yo pase algo. Les voy a decir que después de conversar hoy me di cuenta que efectivamente esto es un capricho, y que la posibilidad de perder el Complejo me hizo recapacitar, y vos me ayudaste, y en medio del consuelo surgió la pasión entre nosotros y me di cuenta que no me gustan las mujeres y desde ahora somos el uno para el otro, como novios y no como hermanos, y listo, todos felices y contentos… -Relata a un ritmo tan acelerado que me obliga a adivinar la mitad de las palabras. -¿En serio pensás que tus papás y hermano creerían algo de eso? –Pregunto incrédulo. -Claro que sí. Bueno, mi hermano quizás no, pero no importa lo que él piense, mientas logremos convencer a mis papás… ¿Qué decís? ¿Me ayudarías estos tres meses para mantenerme al frente del Complejo? –Pregunta con los ojos esperanzados y sus manos entrelazadas a la altura del pecho en señal de súplica. Lo pienso por un momento. Recuerdo cuánto sufrió Milena cuando, hace dos meses, sus padres descubrieron que tenía una relación con una de las médicas del Complejo de Salud Mental y la despidieron del lugar, prohibiendo que volviera a acercarse a su hija, con amenazas de que si lo hacía usarían sus influencias para que no volviera a trabajar en el ámbito de la salud en esta ciudad. Ésas eran las personas a las que me enfrentaría si esto salía mal. -Contá conmigo. Tu felicidad vale eso y mucho más enana. –Contesto con todo el cariño que le tengo. Ella se acerca corriendo a mí y me rodea el cuello, dejando besos sonoros en mi mejilla. -Gracias Pato, te juro que te voy a estar eternamente agradecida. Sos el mejor novio del mundo. –Dice con su alegría habitual y ambos nos reímos mientras comenzamos a pensar en el cambio de look con que acompañará la mentira. Pasamos el resto de la tarde juntos, la acompaño a la peluquería, donde sacan el tono de rosas y lilas con que tenía teñido el pelo, dejándolo de un rubio prolijo y femenino que combina a la perfección con sus ojos verdes. Se saca los aros de la nariz y la ceja y la maquilladora le enseña como tapar lo más posible los pequeños orificios que quedan marcados en su piel. Luego vamos a una tienda de ropas, donde usualmente compran su mamá y su cuñada, y buscamos varias combinaciones “de señorita” que realzan su figura femenina. -Mi amor, nos casamos cuando quieras. –Digo en tono burlón, cuando la veo salir del probador, con su look ya finalizado. La tristeza en su mirada me hace dejar los chistes de lado y me acerco hacia ella por detrás, mirando su rostro en el reflejo del espejo. -Esta no soy yo Pato. Qué triste es tener que cambiar para que mis padres me traten verdaderamente como a una hija. La abrazo nuevamente y aunque busco no encuentro palabras para responder a eso. La siento suspirar y sonríe nuevamente antes de seguir hablando. -Que se pudran, se las voy a jugar y cuando el Complejo este a nombre tanto de mi hermano como mío, va a volver la Milena verdadera… -Y potenciada. –Completo la idea y ambos reímos mientras nos encaminamos a la salida. Llegamos a la casa de los padres de Milena y estaciono el auto en la acera, justo frente a la puerta de ingreso. La miro una vez más, buscando algún indicio de arrepentimiento de su parte. Ella mira la entrada fijamente y luego de unos segundos abre la puerta y baja del auto. La imito y subimos los escalones de ingreso para tocar el timbre. -Hola Milena. –Dice su madre muy seria, mirando a mi amiga de arriba abajo, claramente sorprendida por su nuevo aspecto. Se hace a un lado para dejar pasar a su hija. Cuando me ve, una sonrisa sincera aparece en su rostro. -¡Javier querido, tanto tiempo! Nos tenías abandonados. –Dice en tono alegre mientras deposita un beso en cada una de mis mejillas. -Siempre tan hermosa señora Torres. –Saludo con fingida alegría. En realidad los padres de Milena siempre fueron agradables y atentos conmigo, supongo que no tengo verdaderos motivos para no quererlos en razón de sus actitudes hacia mí, pero con la forma en que están tratando a su hija actualmente no puedo sino sentir un fuerte rechazo hacia ellos, que intentaré disimular. -¿Qué los trae por acá? –Replica la mujer con amabilidad, mientras ingresamos a la amplia e iluminada sala de su hermosa casa. -¿Esta papá? –Pregunta Milena con firmeza. -Sí, en el estudio. ¿Queres que lo llame? –Sigue su madre, cada vez más intrigada. -Por favor. –Pide Milena, mientras deja su cartera en el perchero destinado para los bolsos y abrigos. Cuando su madre desaparece por el pasillo me mira y suspira sacando todo el aire de sus pulmones. –Acá vamos. ¿Estás seguro de esto? –Me pregunta con un poco de miedo en su voz. -Totalmente. –Miento para darle tranquilidad y me coloco junto a ella para esperar lo más unidos posible a sus padres. Me sorprendo al ver la facilidad con que mi amiga maneja el encuentro, es evidente que los conoce a la perfección y usa todas las herramientas a su alcance para que la historia que les cuenta sea creíble y convincente. Cuando finaliza su relato ambos padres me miran intrigados, como esperando que corrobore que todo lo que su hija les contó es cierto. Sonrío mirándolos a los ojos y rodeo a Milena con mi brazo, para luego volver mi mirada hacia mi amiga. -Creo que ustedes siempre supieron que esto iba a terminar así. Y yo siempre supe que Milena es la mujer de mi vida, solo faltaba que lo viera ella. –Digo mirando a mi amiga con dulzura. Ella coloca su mano en mi mejilla y yo noto las miradas expectantes de sus padres, lo que me impulsa a dar la mayor credibilidad posible a la situación, por lo que me cerco a mi amiga y deposito un beso en sus labios. Cuando nos alejamos, veo a sus padres sonriendo de oreja a oreja, su madre incluso tiene lágrimas en los ojos y las manos entrelazadas en su pecho. Por un momento me siento mal de estar generando esta falsa felicidad en ellos, pero me recuerdo que lo estamos haciendo por una buena causa. Nos quedamos a cenar y los cuatro conversamos animadamente durante toda la velada. Cuando terminamos la comida nos despedimos de sus padres y Milena y yo salimos del lugar abrazados, como los enamorados novios que tan bien supimos ser durante la cena. Cuando ya estamos fuera del alcance de los engañados padres, nos reímos a carcajadas recordando sus rostros de sorpresa y admiración. -Sos el mejor. Gracias, de verdad. –Dice mi amiga antes de bajar del auto, cuando llegamos a la puerta de su departamento. -¿Entonces el acuerdo no incluye sexo? –Pregunto en tono jocoso. Ella golpea mi brazo, haciendo una mueca de asco. -Por Dios, ¿Qué decís? –Pregunta ofendida. -Es joda. No te tocaría ni con un plumero. –Replico con sinceridad. -Ya se. Tuve que contenerme para no limpiarme ese beso en lo de mis papás. –Acompaña sus palabras con un gesto de disgusto que me hace reír. -Sos una exagerada. Igual acostúmbrate, tenemos que fingir bien, con tu hermano no va a ser tan fácil. –Le recuerdo el verdadero desafío de esta mentira. -Es verdad. Pero mientras mantengamos a mis papás encantados como esta noche, voy a conseguir mi cometido. –Dice mi amiga, esperanzada. –Hasta mañana mi amor. –Termina de despedirse con una sonrisa mientras baja del auto. Los dos nos reímos mientras la saludo con la mano y vuelvo a conducir para llegar a mi casa. Sin dudas fue un día muy loco, aunque algo me dice que es solo el comienzo de unos meses aun peores, que nos esperan por delante.
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