Lorena
La mirada cansada de Fausto no me da respiro, busco en mi mente qué espera que le diga, porque no entiendo realmente que quiere escuchar.
-Me rindo. No entiendo de qué te tengo que hablar para que entiendas que tengo voluntad de avanzar en el tratamiento. –Admito finalmente.
-Está bien Lorena, supongo que es una cuestión de tiempo. No es mi intención presionarte. –Contesta mientras retira sus gafas y se masajea el puente de la nariz.
-Tampoco me gusta ver esa actitud, ¿te cansa escucharme? –Contesto con un tono más desagradable de lo que esperaba.
-En realidad tengo que renovar los anteojos y por eso la vista me cansa… ¿Por qué supones que me cansaría escucharte? –Pregunta él, frunciendo el ceño intrigado.
-Debe ser que estoy tan traumada por lo que me pasó con Ignacio que pienso que ningún hombre puede encontrar nada interesante en mí. –Respondo con seguridad, desplegando la teoría que hace tiempo vengo elaborando.
Él se ríe sin disimular la gracia que le genera escuchar mi conclusión.
-Es un poco fuerte que lo pienses así, ¿no te parece?
Suspiro cansada por la evidente equivocación, que solamente refleja la falta de autoestima, que actualmente me acompaña. El sonido del cronómetro anuncia el final de la sesión y me incorporo mirando fijamente al terapeuta.
-No me digas nada… “tengo que pensar seriamente si estoy dispuesta a sacarle provecho a nuestros encuentros” –Digo parafraseando la fórmula con que se despidió en nuestro último encuentro.
-Tranquila. Tu enojo me hace entender que estas atravesando un proceso. Lo vamos a respetar. Nos vemos la semana que viene. –Responde con calma.
Me despide para luego cerrar la puerta, dejándome confundida. No me gusta que sean condescendientes conmigo, es como si me diera a entender que no me puede exigir más porque sólo doy para eso. Definitivamente el enojo se apodera de mí y decido salir a tomar un poco de aire.
Cuando llego al jardín veo a un hombre apagando un cigarrillo y me acerco sin dudarlo.
-Hola ¿Por las dudas tendrías uno para convidarme? –Pregunto con cautela.
-Claro, solo que no tengo encendedor, me lo habían prestado. –Dice mientras me acerca la caja, de la que sobresale un cigarrillo. Lo tomo y agradezco con una inclinación de cabeza.
Camino por un sendero del jardín mientras veo el atardecer. Giro el cigarrillo entre mis dedos, pensando en la última vez que fumé uno. Fue la noche que Ignacio me dejó. Mi corazón se encoje al recordar la decepción que me generó que él finalmente decidiera tirar nuestra relación por la borda. En ese momento no entendí el motivo, aunque un tiempo después todo quedó claro.
El enojo se apodera de mí nuevamente, pero no es un enojo hacia ella, aunque haya enamorado a mi novio al punto de hacerlo terminar conmigo, ni tampoco hacia él, por haberme dejado de amar. Mi enojo es hacia mí, que me aferré tanto a esa relación como para dejar que su final me lleve a la peor depresión de mi vida.
Cuando llego nuevamente a la zona del edificio principal del Complejo me siento en las escalinatas grandes que unen el primer piso con el jardín y miro la luna, que se encuentra en lo alto del cielo. Me sorprende lo rápido que pasan ahora los días en este lugar, a diferencia de los primeros momentos de la internación, cuando las horas parecían detenerse, haciendo los días interminables.
-Hola. –Escucho una voz varonil, tras de mí.
Me giro sin incorporarme y repaso la imagen del hombre que me saludó. Su atractivo es innegable. Lleva el pelo castaño claro desaliñado, con ondas desprolijas que le dan un aire jovial, sumado a una sonrisa muy amplia, de dentadura perfecta.
-Yo te conozco. –Digo cuando llega a mi mente el recuerdo de la gala de beneficencia del Centro de Salud en que trabajo, aunque actualmente estoy con licencia psiquiátrica.
-Pensé que no te ibas a acordar. –Responde mientras se sienta al lado mío y me tiende su mano. –Javier Campos, un gusto nuevamente. –Su hermosa sonrisa aparece una vez más y veo un destello en sus ojos color miel muy claros, que parecen reconfortar algo en mi dañado corazón.
-Lorena Rodds, igualmente. –Respondo mientras tomo su mano y la estrecho, devolviéndole la sonrisa.
-¿Ahora estas trabajando acá? –Pregunta siguiendo la conversación.
Me invade una decepción al pensar en lo que generará en él escuchar que no trabajo acá, sino que estoy internada como paciente.
-No, soy paciente. –Digo con el tono más seguro que puedo, pero con la mirada fija en el cigarrillo, que todavía tengo entre mis dedos.
Él suelta una carcajada que me hace hervir la sangre. Lo miro con enojo y cuando lo nota hace un esfuerzo por calmarse.
-¿En serio? –Pregunta con asombro.
El odio se apodera de mí y estoy segura de que se refleja en mi mirada, porque su expresión pasa de la risa al arrepentimiento en un solo segundo. Espero paciente que se disculpe, mientras le sostengo la mirada fija. Pero entonces su expresión vuelve a cambiar y su mirada se vuelve seductora.
-No sería mala idea internarme, entonces.
Lo fulmino con la mirada porque realmente no puedo creer que después de haberse reído de mí, ahora me coquetee abiertamente.
-En ese caso vas a tener que reírte de vos mismo. –Digo mientras me incorporo, haciendo obvio mi enojo. Comienzo a alejarme pero me detengo cuando lo escucho reír nuevamente. Me volteo a verlo, incluso más molesta que antes.
-No te enojes cachetona. No me reía de vos, pensé que lo dijiste en tono irónico, nada más. –Replica abriendo los brazos en gesto de disculpa.
-¿Cachetona yo? No tengo cachetes. –Digo mientras toco mis mejillas, que no son para nada abultadas. Lo veo levantar las cejas y morder su labio inferior mientras ladea la cabeza, como buscando mirar mi trasero.
Me sorprende su descaro y no disimulo mi sorpresa ante su actitud, lo cual parece divertirlo porque sólo se ríe más fuerte.
Se incorpora y se acerca a mí con mirada sugestiva.
-Te queda lindo el enojo… cachetona. –Dice con su rostro muy cerca del mío.
Me alejo instintivamente y cuando voy a subir los escalones aparece Milena, mi acompañante terapéutica, que camina alegre hacia nosotros.
-Hola Lore. Te extrañamos hoy en el taller de pintura. –Comenta con su alegría de siempre.
-Salí a caminar y se me pasó la hora. –Respondo sin ganas.
Ella sigue su camino hacia Javier y lo saluda con un dulce beso en la mejilla.
-Hola Pato. ¿Estaban conversando? –Pregunta mirándonos a ambos con una sonrisa.
-Sí, le estaba recordando lo nocivo que es el cigarrillo para su salud. –Miente Javier con total descaro, señalando el cigarrillo que aún tengo ente mis dedos. Cuando ve mi expresión de sorpresa me sonríe haciendo que unos hermosos hoyuelos aparezcan en sus mejillas.
Me castigo mentalmente por encontrarlo atractivo cuando claramente es un hipócrita de la misma clase que Ignacio, capaz de seducir a una mujer a pasos de su pareja sin si quiera importarle.
-Es cierto Lore. No sabía que fumabas. –Dice Milena pensativa.
-No fumo, pero hoy sí, voy a fumar unos veinte si me da la gana. –Respondo haciendo un berrinche hacia Javier, que niega con la cabeza sin dejar de sonreír. –Chau. Me voy a dormir. –Finalizo la conversación para ingresar corriendo al edificio, antes incluso de que me puedan contestar.
Me quedo el resto de la noche pensando en el odio que me genera este hombre, todo lo lindo que tiene, lo tiene también de desagradable. ¿Ya era su novio la noche de la gala, donde también se portó tan seductor conmigo? ¿Debería advertirle a ella de sus actitudes y comentarios? Milena es un amor de persona, desde que ingresé a este lugar fue quien más me acompañó y nunca me hizo sentir juzgada, sino todo lo contrario.
Me enoja pensar que una mujer como ella, tan buena, dedicada y hermosa esté en manos de un hombre como él, que evidentemente no la valora ni respeta. Me duermo pensando en todas las similitudes que encuentro entre esa pareja y mi relación con Ignacio en el último tiempo. Yo hubiera querido que alguien me advirtiera, así que mañana mismo hablaré con Milena, solo espero que no lo tome mal y acepte seguir siendo mi acompañante terapéutica, no imagino este proceso sin ella y su energía tan linda y positiva, que me ayuda a compensar el malestar que me agobia últimamente.
Me despierto con suaves golpes en la puerta. Miro la hora y veo que dormí un poco más de lo habitual, seguramente por las horas de desvelo que me generó anoche el encuentro con Javier.
Abro la puerta despacio y Milena aparece del otro lado con su sonrisa amplia y sincera de siempre.
-Buenos días Lore, vamos a ir a remar con Franco y Josué. ¿Querés que te esperemos para ir con nosotros?
Inmediatamente pienso que sería una excelente oportunidad para hablar con ella, por lo que respondo sin dudar.
-Sí, por favor, me visto rápido y bajo.
-Súper, te esperamos, no hay apuro. –Dice sonriendo una vez más y se pierde por el pasillo.
Me visto, aseo y bajo, en la sala de estar los encuentro a los tres conversando animadamente.
-Hola chicos… ¿Vamos? –Digo ansiosa.
-No señorita, vos tenés que desayunar. No podés ir sin haber comido nada. Andá, acá te esperamos. –Dice Josué, que aunque acá es un paciente más, afuera trabaja como nutricionista y nos recuerda en forma permanente que alimentarnos bien es una de las claves de nuestra recuperación.
-Bueno, me hago un sándwich mientras tomo un jugo y salimos. –Respondo dirigiéndome a la cocina, donde efectivamente cumplo con lo anunciado y salgo a su encuentro otra vez. -Ahora sí, podemos ir en paz.
Vamos los cuatro hacia el lago, charlando animadamente y al llegar nos distribuimos en los botes.
-Yo voy con Josué y ustedes dos juntos. –Dice Milena, mirándonos a Franco y a mí, para luego subir a uno de los botes con Josué. Veo que mi plan está a punto de frustrarse pero no quiero generar incomodidad, así que subo, pensando alguna excusa para cambiar de parejas de remo, mientras disfruto de la compañía de mi nuevo amigo.
Luego de unos minutos volvemos al muelle y nos sentamos un rato a descansar.
-Ahora podríamos ir chicas con chicas y chicos con chicos. –Sugiero con la mayor naturalidad posible.
-En realidad ya debería irme, en un rato voy a almorzar con Javier, ya debe estar llegando a buscarme. –Dice Milena, haciendo que mi plan se desinfle en un solo segundo.
-¿Entonces es verdad que ahora salís con Javier? –Pregunta Franco intrigado. –Pensé que eran solo amigos.
Agradezco mentalmente poder acceder a alguna información sin si quiera preguntar yo, después de todo quizás sea una buena idea averiguar un poco sobre ellos antes de hablarle.
-Nos costó bastante tomar la decisión de blanquear lo nuestro. Pero la verdad es que hace tiempo tenemos “algo”. –Responde ella, con una sonrisa.
-¿Qué es “hace tiempo”? –Insiste Franco, que parece estar buscando algo con sus preguntas. Me parece ver una cierta incomodidad en Milena, pero imagino que no debe ser normal para ella hablar de su vida privada con pacientes.
-Imaginate que somos amigos desde los catorce, digamos que esto viene hace bastante. –Contesta un tanto evasiva.
-Ser amigos es bastante diferente a ser novios. –Increpa Franco una vez más.
-Con que la interrogue Emilio ya debe tener suficiente, ¿no te parece? –Interviene Josué.
-¿Quién es Emilio? –Pregunto intrigada.
-Mi hermano mayor, es bastante pesado. Tal vez lo viste alguna vez, es el director ejecutivo del Complejo. –Contesta ella más tranquila.
-Creo que no… ¿Y es celoso? –Trato de retomar el tema de Javier.
-No de Javier, también lo conoce desde chico y sabe que es un buen hombre, así que está feliz por nosotros. –La sonrisa en su rostro me hace dudar de todo lo que pensaba decirle. Si se conocen hace tanto tiempo supongo que no va a tomar en consideración la palabra de una recién llegada, que prácticamente no los conoce.
Su teléfono suena y ella mira la pantalla para luego incorporarse y despedirse de nosotros.
-Nos vemos esta tarde en el taller de pintura. No falten que me aburro. –Dice mientras se aleja y corre al encuentro de Javier, que la espera a varios metros de donde estamos. Los veo alejarse abrazados y nuevamente mi sangre hierve inevitablemente.
Sin disimulo Javier se gira y me mira desplegando una hermosa sonrisa. Mi enojo aumenta y me tengo que contener para no correr tras él y golpear su pecho con todas mis fuerzas. El parece advertirlo porque se ríe descaradamente antes de girar nuevamente y seguir su camino junto a su novia.
Cuando calculo que el tiempo fue suficiente para que ya no se encuentren en el Complejo voy hacia la administración para solicitar mi Tablet, con la intención de buscar a Javier en r************* , segura de que voy a encontrar algo que me permita sacar a Milena de su error con relación a este hombre.
-Buenos días Lorena, ¿Qué necesitas? –Consulta la joven de administración del lugar.
-Hola, ¿me darías mi Tablet por favor? –Pregunto con calma.
-Claro. –Dice tranquila, para luego ingresar a una sala contigua a su escritorio. La veo buscar en un apartado del organizador, que ocupa toda la pared del lugar. Cuando regresa al escritorio donde la espero, con mi dispositivo en sus manos, me mira con dulzura. –Tengo el deber de recordarte que esto es bajo tu voluntad y que todavía tenes vigente la sugerencia de no usar r************* ni mensajería con el exterior. –Dice en tono serio pero amistoso.
-Entiendo. En un rato la devuelvo. –Respondo con seguridad.
Ella me dirige una sonrisa y sigue con sus ocupaciones, mientras yo voy a mi habitación y prendo el aparato. Al encenderse veo varias notificaciones aparecer, entre ellas un mail de Maskerade. Lo estoy por ignorar pero mis ojos se dirigen a la fecha, que figura en el margen superior de la pantalla. Es sábado. Hoy es el último día que tengo para confirmar mi participación para la semana que viene.
Destino toda mi fuerza de voluntad a ignorar la notificación y me dispongo a buscar a Javier Campos en todas las r************* que tengo. Para mi suerte veo que todas sus redes son abiertas, lo que me simplifica el trabajo.
Miro sus perfiles sin encontrar nada que me pueda servir, de hecho la única mujer con quien tiene fotos frecuentes es Milena, aunque me llama poderosamente la atención a que se refiere a ella como “su hermana” en varios posteos.
Recuerdo que hace unas semanas me llamó la atención el cambio de look de Milena, mientras antes tenía el cabello teñido en las puntas con diferentes tonos de rosas y lilas, ahora lo lleva unificado en un rubio prolijo, ya no usa los aros que en varias fotos vuelvo a ver y hasta la ropa que viste en las imágenes es muy distinta a la sofisticada moda que adoptó ahora.
Me detengo un momento al advertir que tanto ella como él tienen en su información que se encuentran en una relación, dejando claro que su vínculo es público y ampliamente reconocido por ambos.
Abro una foto un tanto antigua de Javier en la playa, sin camisa y veo su cuerpo perfecto, como tallado por los Dioses. Inmediatamente me recuerda al cuerpo del tatuado, lo que me tienta a contestar positivamente a la invitación cuya notificación ignoré hace un momento. Busco una foto más actual y abro otra imagen en la que está con un sweater gris claro y unos anteojos de sol. Parece un modelo de revista, que sin dudas despertaría los suspiros de cualquier mujer. Repaso varias imágenes en las que está jugando al rugby, el uniforme sucio de barro, pegado a su musculoso cuerpo lo hace ver aún más sexi. Paso a una foto en la que su sonrisa seductora aparece como protagonista y me sorprendo recordando su cercanía con mi rostro la noche pasada.
El calor que comienza a apoderarse de mi entrepierna y aparto la Tablet, dejándola en la mesita de noche, para comenzar a tocarme mientras recuerdo al tatuado recorriendo mi cuerpo con su boca. La imagen de Javier se mezcla con la del hombre misterioso, completando las partes de su anatomía que no llegué a conocer, y dejo de lado mi enojo para permitirme disfrutar de la excitación que me genera esa imagen, mezcla de recuerdos con imaginación.
Un pequeño orgasmo me hace recordar todo el placer que puedo sentir si vuelvo a participar del Marskarade, así que sin dudarlo más estiro mi brazo hacia el dispositivo, abro mi mail y respondo con un simple “Confirmado”.
Recibo la respuesta inmediata y realizo el pago antes de arrepentirme. Recuerdo que debo modificar el lugar de recepción del atuendo, ya que el mismo es enviado por la organización tres días antes del evento. Coloco la dirección del Complejo, agradeciendo que la caja en que llega sea discreta.
“Si me arrepiento no voy listo”, pienso para mí, calmando mi conciencia.
Con un aire indiscutible de culpabilidad vuelvo a la administración y devuelvo el aparato con una sonrisa inocente, esperando que no se lea en mi mirada la travesura que acabo de realizar.
Milena
-Más alto tía, ¡al tío le sale mejor! –Exige mi sobrino Nicolás, mientras saltamos en la cama elástica tomados de las manos.
-Estoy haciendo mi mayor esfuerzo, te juro. –Respondo mientras me dejo caer acostada, respirando con dificultad.
-Tío, ¿podés subir vos? A la tía le sale bajito. –Suplica el niño hacia Javier, que está mirando la escena desde afuera.
-Estaba rogando que lo pidas. Bajate enana. Deja esto para los que saben. –Dice mi amigo, estirando su mano hacia mí para ayudarme a bajar de la cama elástica, donde Nicolás lo espera para saltar juntos.
Bajo y los veo reír y disfrutar de sus saltos, mientras hacen muecas cuando se encuentran en el aire.
-Hola Milena. –La voz de mi hermano me obliga a girar para encontrar sus ojos posados en el juego de su hijo y Javier.
-Hola Emi. ¿Cómo estás? –Pregunto mientras deposito un beso en su mejilla.
-Bien. –Lo noto incómodo y con una energía tan baja que me sorprende.
-No parece que estés muy bien. –Pregunto preocupada.
-Necesito que hablemos. –Dice con tono serio. –Vamos al estudio, por favor.
Caminamos en silencio por su inmensa casa, hasta llegar al estudio que usa para trabajar desde acá, cuando no quiere ir al Complejo de Salud Mental que dirigimos juntos, al menos hasta ahora.
Cuando entramos cierra la puerta y me mira cruzando sus brazos a la altura de su pecho. Su expresión corporal me indica que lo que sea que quiera decirme no es nada bueno y mi corazón comienza a acelerarse.
-Voy a ser sincero e ir al grano. –Dice con seguridad. –No creo el cuento de que estés de novia con Javier. –Siento que un malestar se instala en la boca de mi estómago.
-¿Por qué pensás eso? –Pregunto con cautela, repasando mentalmente de dónde pueden salir sus dudas.
-Es demasiado conveniente. Justo el día que papá y mamá te dicen que no vas a poder estar al frente del Complejo a la par mía, por tus elecciones de vida, éstas cambian radicalmente. –Reconozco la seguridad en sus palabras y veo un cierto enojo en su rostro. No me animo a hablar pero sé que mi rostro reflejará lo ofuscada que me pone esta conversación. –No me malinterpretes, nada me gustaría más que verte feliz con Javier, vos sabes el aprecio que le tenemos… pero que estés jugando así con las ilusiones de mamá y papá no me gusta nada.
¿Y mis ilusiones? ¿Y mi futuro? ¿Y mi vida?, eso no parece importarle a nadie, y reconocerlo solo me enoja más.
-Justamente, la posibilidad de perder todo lo que amo en la vida es lo que me llevó a valorar lo que sí tengo, y que sé que no voy a perder nunca. Que irónico, ¿no?, Se supone que los que siempre te van a acompañar, van a estar para vos incondicionalmente, te van a amar de cualquier forma, son los miembros de tu familia… Sin embargo para mí es solamente Javier.
-Tal vez por eso siempre dijiste que él es “tu hermano”. –Contraataca Emilio, dejándome sin argumento.
-¿Qué querés? ¿Qué tengamos sexo en frente tuyo para que puedas probar que no somos “hermanos” precisamente?
-Tratándose de vos, eso sería más probable si él tuviera pechos y v****a –Dice con un gesto de asco que hace que el enojo sea incontenible, por lo que me acerco a él y le doy una cachetada que lo hace girar el rostro y tocarse la mejilla con expresión de dolor.
-No te metas en mi vida nunca más. –Respondo amenazante, mientras lo señalo con el índice.
Salgo hecha una furia y desde la sala llamo a Javier, que baja de la cama elástica y corre a mi encuentro.
-Vamos. –Digo mientras lo arrastro hacia el auto.
Subimos a toda velocidad y cuando estamos a un par de cuadras dejo que todo el enojo y la indignación se manifiesten en mi llanto, que invade el vehículo mientras mi amigo me mira con preocupación.
Cuando finalmente consigo calmarme le cuento la conversación y veo una sonrisa en sus labios.
-¿Quiere sexo?... Se lo vamos a dar. –Lo miro intrigada. –Ahora estoy apurado enana, es sábado, tengo que estar en un lugar muy puntual a las 20:55, pero te prometo que mañana te explico todo. Vas a ver que vamos a dejar a tu hermano con sus palabras atragantadas.
Suspiro y niego con la cabeza, pensando que mi amigo está más loco de lo que yo pienso, pero siempre tiene buenas ideas y yo en este momento solo puedo dedicarme a llorar, por lo que bajo del auto y me encierro en mi departamento para despejar la mente en mi propio universo personal.