Capítulo 4

4450 Words
Javier Abro la gran caja blanca y encuentro en su interior la pequeña tarjeta de plástico dorada de siempre. Comienzo a remover los envoltorios que contiene y del primero extraigo un bóxer gris, de una tela que simula la piel de un animal. Me extraño ante esta prenda brillante que no me da ninguna pista del motivo que tocará en el encuentro de esta noche y sigo buscando indicios en el interior. Me detengo en la descripción del peinado. Esta vez el engominado habitual debemos hacerlo hacia atrás, aparentemente esperan que sea más elevado en el frente y no entiendo cómo podría lograr ese efecto, por lo que tomo el teléfono y llamo a Lourdes. Mientras espero que me atienda el teléfono reviso que no hay nada más en la caja. Perfecto, con el pecho y brazos descubiertos, al menos ella va a poder reconocer mis tatuajes. -Javi, ¿Cómo va? –Responde finalmente mi amiga, del otro lado de la línea. -Bien, tratando de descifrar cómo hacer para cumplir con el peinado que nos piden a los hombres para esta noche. ¿Ya lo viste? –La escucho reír abiertamente. -Lo mismo me dijo Juanjo. No te preocupes, yo me encargo cuando vengas para acá. –Contesta resuelta. -Ok ¿Y ustedes? ¿Cómo van las mujeres hoy? –Me apuro en contestar antes de que corte la comunicación. -Vení y te mostramos. Iri ya está acá. Te vas a morir cuando veas. –Responde con un dejo de risa que me deja aún más intrigado. -Que forros, comenzaron sin mí. Dale… Salgo para allá. Devuelvo todas las cosas al interior de la caja y me dispongo a conducir hacia la casa de mis amigos. Cuando llego los encuentro tomando y riendo mientras Irina está trenzando el cabello de Lourdes. Los saludo lo más rápido que puedo y me acerco a las tres cajas depositadas sobre el sillón de la sala. Una de ellas está vacía, supongo que es la de Juanjo. Tomo entre mis manos un paquete de la caja de al lado y lo abro para sacar de su interior un pedazo de tela satinada de color rojo. -¿Qué se supone que es esto? –Pregunto mirando a las chicas, mostrando la prenda que no logro definir. Las dos se ríen de mi desconcierto. -Es un culotte, solo que tiene botoncitos abajo para que se pueda abrir. ¿Ves?-Dice Irina, que se acerca y me muestra que, cerrando los botones, el pedazo de tela misterioso toma la forma de una especie de ropa interior, casi tan grande como un short. -Ahhhh… -Respondo dejando la prenda en la caja nuevamente para poder abrir otro paquete. Saco otro trozo de tela rectangular y la miro nuevamente. -¿Me están jodiendo? ¿Y ahora esto que es? –Digo volviendo a realizar el mismo gesto, que ellas nuevamente responden con risas. -Se llama “bandó”, y es una especie de corpiño o remera diminuta que solo cubre los pechos. –Habla esta vez Lourdes mientras comienza a maquillarse. Las veo a ambas con las dos trenzas ya terminadas y me frustra no entender nada de lo que nos espera esta noche. -¿Ustedes son duendes de Papá Noel? –Pregunto con seriedad, pero ambas me responden con una carcajada al unísono, a la que esta vez se suma Juanjo, que entra con una toalla cubriendo su cuerpo de la cintura para abajo. -¿Llegamos a diciembre y no me enteré? –Dice mi amigo y todos ríen aún más. Los acompaño entendiendo que mi idea es disparatada, pero no logro captar la temática de hoy, y normalmente estos encuentros tienen una. -Mirá el último paquete de mi caja. –Dice Irina cuando logra calmar su risa, para luego continuar con su maquillaje. -Pensé que había terminado. –Confieso mientras saco el último envoltorio, que había quedado bajo los otros papeles que ya removí. Extiendo una pequeña capa roja, de la misma tela satinada que el culotte y ahora todo cobra sentido. -Así que seremos los lobos. –Digo mirando a Juanjo, mientras éste se está colocando el bóxer, que ahora entiendo, simula la piel del animal. Seguimos con los preparativos cuando veo que las chicas tienen otra prenda que yo tampoco había encontrado en la caja. Se trata de un corsé n***o que cubre la zona del abdomen… y la espalda hasta la cintura. “Mierda”, pienso para mis adentros cuando entiendo que no podré reconocer a la mujer que iré a buscar esta noche, porque su único tatuaje quedará cubierto por esa maldita tela. Cuando estamos listos los cuatro, salimos a tomar el taxi, que nos espera en la entrada de la casa de mis amigos. Entramos los cuatro juntos, como siempre, y la rubia de la entrada que nos recibe nos entrega las máscaras. Las nuestras son grises y con la misma tela similar a la piel de animal, mientras las de las chicas son rojas, acordes a sus capuchas. -Hoy tampoco me vas a decir tu nombre. –Digo molestando como siempre a la joven, cuyo nombre realmente no me interesa, pero me divierte su respuesta habitual. -Si no lo tuviera prohibido lo hubiera hecho hace rato. –Responde como siempre, mientras me guiña un ojo sonriendo. Le hago un puchero y sigo a mis amigos hacia la entrada al pasillo que nos llevará al salón principal. Juanjo y Lourdes entran tomados de la mano, como hacen siempre y van directo a la barra. Irina y yo miramos el lugar intrigados. Pienso cómo será mejor encontrar a mi mujer misteriosa. Podría quedarme al lado de la puerta y así, si llega después que yo, lograría que me vea inmediatamente, pero si por el contrario ya ingresó o lo hace por otra de las entradas posibles, no me encontrará nunca. -¿Y vos a quien buscás? –Pregunta Irina, interrumpiendo mi evaluación. -¿Cómo sabes que busco a alguien? –La miro intrigado y ella me sonríe ternura. -Estas mirando para todos lados, cuando normalmente entras y vas directo a la barra o hacia cualquier morocha que se cruce. –Responde mi amiga con obviedad. -Con esas capuchas de mierda no puedo distinguir si quiera los colores de cabello. –Contesto zafando del tema. No quiero contar a nadie de mi mujer misteriosa hasta que logre saber su nombre y conocerla fuera de este ambiente. Estoy seguro de que lograré hacerlo, y prefiero que ella decida quienes saben que es adepta a estas prácticas. Irina se ríe y me hace un gesto de incredulidad mientras camina decidida hacia un pelirrojo que la mira con insistencia desde que entramos. -Al fin te decidiste. –Le grito mientras se aleja y mi amiga se gira y me sonríe con gesto de inocencia. Camino por la pista intentando reconocer a la mujer pero luego de varios minutos desisto, entre las máscaras, capuchas y peinados, es imposible que logre reconocerla. Sólo me queda esperar. Voy a la barra y pido un whisky, camino por el lugar mirando a todas las mujeres pero evitando que cualquier se me acerque. Una hermosa morocha, se me acerca y pienso que por su estatura y lo que puedo ver de su cabello podría ser ella. Le devuelvo la sonrisa y cuando llega a mí lleva su mano directo a mi m*****o, que todavía está completamente fuera de juego. Su actitud me sorprende pero no retiro la mano, esperando a confirmar si es a quien espero. Cuando habla a mi oído, su voz chillona me lleva a asegurar que no es ella. Entonces sí, retiro su mano y le digo con cortesía. -Perdón, estoy esperando a alguien. -Si no llega no me molestaría que me busques. –Responde ella, mientras se separa y se aleja. Pasan unos minutos y ya hace tiempo que el contenido de mi vaso se terminó, así que voy a la barra por otro. Estoy esperando, sentado en una de las banquetas mientras miro la pista, cuando siento que alguien se acerca por detrás. -¿Se te perdió algo? –Pregunta una voz femenina a mis espaldas y la reconozco a la perfección. Me giro y la veo a los ojos. Esta vez me esforzaré al máximo por registrar cada detalle de ella que me sirva para reconocerla. Sus grandes y expresivos ojos marrones tienen una hermosa forma almendrada, que junto con sus carnosos labios y su hermosa dentadura la hacen indiscutiblemente hermosa. La abrazo por la cintura y deposito un beso apasionado en sus labios. Ella responde rodeando mi cuello y no puedo evitar pensar que parecemos más una pareja de adolescentes enamorados, que dos adultos que solo se vieron una vez, en medio de un club de sexo. La tomo de una mano y nos encamino a las escaleras. Cuando estamos llegando me giro y la alzo como si fuera una novia, para llevarla directo a la habitación veintidós, la primera libre del sector. Cuando la puerta se cierra nos besamos apasionadamente y la miro a los ojos una vez más. -Encontrarte hubiera sido mucho más fácil si me decías tu nombre. –Ella sonríe y me besa nuevamente. -Por suerte uno de nosotros es reconocible. –Dice mientras acaricia el tatuaje de mi pectoral, que evidentemente le gusta. Vuelve sus labios a los míos y comienza a entrelazar nuestras lenguas mientras mi m*****o va reaccionando cada vez con más intensidad. La acuesto en la cama y le saco la capa que cubre su cabello. Comienzo a besar su cuello, bajando hacia sus pechos, mientras con una mano recorro sus muslos hasta llegar a su firme y redondo trasero que tanto me gusta. Remuevo la pequeña tela blanca, dejando expuestos sus pezones y comprendo el motivo del corsé, la imagen de sus pechos sin nada sobre ellos, pero teniendo cubierta la zona del abdomen es sumamente sexi, como si estuvieran estratégicamente liberados para dar lugar a mis manos y mis besos. Me detengo en cada uno de sus pechos el tiempo suficiente para hacer crecer su excitación y cuando creo que fue suficiente me incorporo y la hago girar en el colchón, dejando su cuerpo boca abajo. Me arrodillo a su espalda y levanto sus caderas, dejando lo botones del culotte accesibles a mis dedos. Los desprendo y corro la tela de la zona de su centro para besar su sexo libremente. Noto su sorpresa, supongo que esperaba que comenzara con la penetración. Me río para mis adentros pensando en cuántas cosas más podría hacer para sorprenderla. Siento su cuerpo moverse con cada lamida y succión que siente y no puedo evitar tocar mi m*****o mientras sus fluidos comienzan a brotar, mostrándome que esta lista para acabar. Me alejo y la vuelvo a girar para que quedemos de frente. Me acerco a su rostro y con la mano fricciono su clítoris para que no pierda la excitación. -¿Hoy tampoco me vas a decir tu nombre? –Pregunto en su oído, mientras masajeo su centro con fuerza. Ella niega con la cabeza y yo alejo mi mano. Me dedica una mirada de enojo y no puedo evitar responder en consecuencia. Vuelvo a iniciar mis movimientos y succiono uno de sus pezones para que llegue al orgasmo con todo el placer posible. Arquea su espalda mientras gime despacio, apretando la almohada a los costados de su rostro. Cuando se recompone la veo pararse al costado de la cama y retirar la tela roja, que todavía estaba enrollada en su cintura. Luego se acerca hacia mí y retira mi bóxer haciendo que mi m*****o salte, al ser liberado de la tela. Su mirada hambrienta me excita aún más y temo que esta sesión dure menos de lo que ambos deseamos, pero me limito a disfrutar, pensando que tenemos toda la noche por delante. Para mi sorpresa, ella no lleva su boca a mi m*****o sino que lo coloca entre sus senos. La imagen de esos dos grandes pechos, con los pezones hinchados por mis besos, con mi m*****o latente entre ellos hace mi morbo explotar y me recuesto hacia atrás verificando que se siente tan bien como se ve. Justo cuando cierro los ojos una sensación nueva se suma en mi sexo y me obliga a devolver la mirada hacia lo que pasa allí. La veo lamiendo la punta de mi m*****o mientras aumenta el movimiento rítmico de sus pechos, con la ayuda de sus manos y ahora sí siento que no puedo contener la excitación, es evidente que esto va durar menos de lo que pensaba. -No aguanto más, estoy a punto de acabar. –Digo con un hilo de voz mientras acaricio su cabeza y observo atento sus movimientos. La veo levantar su vista hacia mí, sin dejar de lamer y moverse como lo venía haciendo y entiendo que no se piensa alejar, por lo que exploto en su pecho, dejando sus senos regados por mis fluidos. Es evidente que ella es capaz de sorprenderme tanto como yo. Pero entiendo esta guerra y no pienso dejarla ganar tan fácilmente. Nos acostamos ambos en la cama, ella usa mi pecho de almohada mientras recorre mis tatuajes con sus dedos. -¿Por qué no querés decirme tu nombre? –Pregunto con la leve esperanza de obtener una respuesta. Ella se mueve con incomodidad y me arrepiento inmediatamente de haber tocado el tema. -Me parece que no hace falta. –Responde con un tono sensual, evadiendo el tema, y yo decido respetar su decisión y no presionarla. –Pero si sirve de algo te confieso que vine hoy solamente buscándote a vos. –Noto duda en su tono de voz y me intriga pensar que la lleva a sentir dudas al decirme algo que claramente es compartido. -Ya te habrás dado cuenta que yo también. –Contesto haciendo alusión a la frase con que me saludó en la barra. La veo sonreír abiertamente y algo en mi pecho se hincha, pensando en que le saqué una sonrisa tan dulce y sincera. ¿En qué momento me comenzó a importar tanto el humor de una de las mujeres que conozco en este lugar? Pero miro su rostro y algo en ella es diferente, hay algo que hace que quiera conocerla, o quizás me hace sentir que la conozco, no lo puedo descifrar realmente. Siento que comienza a moverse de a poco, frotando su centro contra mi pierna, mientras las caricias en mi pecho pasan de ser tiernas a mas carnales y entiendo que esta lista para seguir. Mi m*****o también lo siente y comienza a latir despacio, mientras la sangre de mi cuerpo corre hacia ese sector, concentrando mi rigor muscular allí. Entonces recuerdo la idea de sorprenderla y esta pequeña competencia entre ambos, que creé en mi mente. -¿Alguna vez sumaste a otra mujer en una relación s****l? –Suelto la pregunta sin pensar, estudiando su reacción detenidamente. Siento que todo en su cuerpo se tensa y sus movimientos se detienen inmediatamente. -No, y no me gustaría, no me gusta compartir. –Contesta con seguridad. Me da gracia su reacción desafiante y levanto su rostro hacia mí desde su barbilla. Veo su mirada enojada y me divierte verla así. -¿Quién dice que tendrías que compartir vos? –Pregunto con sensualidad y veo el desconcierto en su rostro. –No te preocupes, si no te animas a probar no pasa nada. –Sigo hablando, sabiendo que daré justo donde más le duele, es evidente que esta mujer no tiene una personalidad fácil de domar, y estoy seguro que retarla será el paso suficiente para que acceda. -¿Animarme? Por supuesto que me animo. –Me felicito mentalmente por haber identificado bien a mi compañera, que cayó redonda en mi trampa. –Lo que me preocupa es que eso no acelere demasiado tus tiempos, como lo de recién. –Sigue hablando mientras me mira a los ojos, evaluando si su golpe bajo no fue demasiado. -Hacía mucho tiempo no recibía una queja así. –Respondo en un fingido reclamo por sus palabras y ella me besa sin dudarlo. -La verdad es que no tengo quejas. –Reconoce mientras se aleja de mi rostro, para volver a acostarse en mi pecho. -Entonces... ¿qué decís de mi propuesta?- Increpo mientras me muevo en la cama, para quedar con mi rostro frente al suyo. Veo en sus ojos una expresión de desilusión que me hace arrepentir de la idea y estoy a punto de echarme atrás cuando me sorprende, volviendo a hablar con firmeza. -Tengo algunas condiciones. –Dice incorporándose un poco, para verme mejor. -Te escucho. –Contesto intrigado. -No la podés tocar, quiero que tu atención siga solamente sobre mí. –Sonrío pensando que igualmente las cosas iban a ser así, no tengo ganas de enfocar mi atención en nadie más que en ella. –Decime que aceptas. –Insiste autoritariamente. -Acepto. –Respondo sin dudar con una sonrisa. –Solo estaba esperando escuchar todas las condiciones. La veo repasar mentalmente sus ideas. -Creo que es solo esa. –Dice con una expresión de duda y aprovecho el momento para incorporarme rápidamente. Me coloco el bóxer y la apunto con el índice mientras hablo. -Esperame acá, en unos minutos estoy de vuelta. –Sin esperar respuesta salgo de la habitación y bajo las escaleras. Veo a Irina a lo lejos, hablando animadamente con un hombre. Me acerco y le pregunto con rapidez. -¿Viste a Xina? Mi amiga mira para ambos lados y me señala un apartado de los que bordean la pista, donde la hermosa rubia, de cabello platinado y hermosos ojos celestes está inmersa en una sesión de besos apasionados con una morena. Me acerco a ambas y veo que la morena me mira con sensualidad. -Perdón que las interrumpa. –Xina levanta su mirada hacia mí, y al verme se incorpora para depositar un beso en mi mejilla. -Hola Javi, te vi en la barra más temprano pero parecías estar en otro mundo. ¿Cómo estás? –Habla la rubia. -Bien. Del uno al diez, ¿cuánto te molestaría dejar a tu amiga para ir arriba conmigo? –Pregunto mirando la puerta de la habitación, rogando que mi compañera no se arrepienta y salga disparada. -Depende… -Dice Xina cruzando sus brazos a la altura del pecho. –Del uno al diez ¿Cuán interesante es la chica de arriba? –Pregunta, imitando mi tono. -Veinte. –Contesto sin dudar. -Vamos.- Dice convencida, mientras se gira para tirar un beso al aire hacia la morena que la acompañaba, que le dedica una sonrisa y sigue bebiendo de su copa con tranquilidad. Llegamos a la habitación y veo a mi compañera con todo el atuendo colocado. Cuando nos ve entrar se incorpora de la cama, donde estaba sentada y se acerca hacia mí. -Cambié de opinión. Me parece que mejor los dejo solos. –Veo el nerviosismo en su mirada y hablo rápidamente sin dejar que siga su camino. -No, esperá. Si esto no es lo que querés no hay problema, nos quedamos solos de nuevo. No te vayas, por favor. –Pido mirándola a los ojos, pero ella desvía su mirada hacia Xina, recorriendo su cuerpo con intriga. -Hola. Soy Xina, un gusto. –Le dice la rubia, depositando un beso en su mejilla. –Nunca había estado en esta habitación, es de las más grandes. Este lugar siempre me sorprende. –Habla en tono distendido, mientras recorre la habitación, mirando todo a su alrededor. Cuando vuelve a acercarse noto que la morena está más relajada. Creo que Xina lo hizo a propósito y agradezco su habilidad, lo único que quiero es que la mujer misteriosa disfrute tanto que solo quiera volver a venir para encontrarse conmigo una vez más. Xina se coloca tras mi compañera y comienza a acariciar su brazo con sensualidad. Me sorprendo al ver que la morena no se aleja, sino que mira intrigada los dedos de la rubia, que recorren su cuerpo cada vez con más seguridad. Xina se acerca un poco más, haciendo que sus cuerpo se rocen y baja despacio la capucha de mi compañera, dejando su cuello expuesto para besarlo despacio. Decido unirme a la acción y me coloco en el otro costado, comenzando a masajear uno de los pechos de la morocha que me trae loco. Llevo mis labios al lóbulo de su oreja, y a medida que voy besándola escucho que suelta pequeños gemidos. Veo la mano de Xina bajar hacia los genitales de mi compañera y ésta se relaja aún más mientras cierra los ojos, dejándose llevar por el placer de tener cuatro manos y dos bocas enfocadas exclusivamente en generarle placer. La giro para colocarla de frente a mí y me da gracia ver que me mira con recelo por haberla sacado del momento que estaba viviendo. -Te dije que te iba a gustar. Esto recién empieza. –Digo para luego besarla, mientras la llevo hacia el sillón en altura que hay en la habitación. La acuesto e invito a colocar los pies en los apartados destinados para ellos, que hacen que sus piernas se abran y su entrada quede perfectamente accesible para mí, a la altura justa de mis caderas. Veo en su rostro una expresión de sorpresa que me hace entender que recién ahora esta descubriendo la utilidad de este mueble y me felicito mentalmente, sin dudas voy ganando la batalla en la competencia por sorprendernos mutuamente. Pero entonces veo que la morocha le hace un gesto a Xina para que se acerque y le dice algo al oído. No llego a escuchar sus palabras, pero ahora soy yo quien se asombra, cuando la rubia le sonríe coqueta y comienzan a besarse apasionadamente. Veo sus lenguas danzar y mi m*****o responde acelerando la sangre de mi cuerpo hacia allí. Siento mi pene al borde de la explosión dentro de mi bóxer, más aún cuando veo la mano de Xina extenderse hacia mí, invitándome a acercarme. Lo hago y cuando llego hacia ellas la morena se incorpora un poco y me invita a acercarme, sigo su pedido obedientemente y siento una oleada de placer cuando baja mi bóxer para liberar mi erección y comienza a succionar mi sexo con su boca, mientras la rubia se posiciona entre sus piernas para besarla. Miro al espejo que tengo en frente y la imagen que me devuelve me resulta tan sexi que solo puedo mover las caderas penetrando la boca de mi compañera al ritmo que deseo. Siento que voy a explotar de placer sintiendo su lengua jugar con mi m*****o cuando de repente ella se frena y aleja. La miro intrigado y veo que su espalda esta arqueada, sus ojos cerrados y gime con fuerza mientras Xina mueve la cabeza entre sus piernas. Una punzada de celos me invade y me arrepiento por un momento de haberlas presentado. Pero entonces Xina se aleja y camina hacia uno de los cajones, saca uno de los juguetes sexuales, bastante más pequeño y fino que un pene y con una forma curva, pero que evidentemente vibra a una buena frecuencia, con el temor de que vuelva a acercarse a la morena, que también la mira intrigada, me apresuro a colocarme entre las piernas de ésta recordándole que yo también estoy ahí. Como si leyera mi mente, mi mujer misteriosa se sienta en el sillón y me besa en los labios apasionadamente. Siento que todas las dudas y celos se esfuman cuando el momento se vuelve tan íntimo nuevamente, como si solo estuviéramos los dos. Se recuesta nuevamente y cierra los ojos relajada, invitándome a entrar en ella. Lo hago de un solo y fuerte movimiento y comienzo a penetrarla mientras la tomo de las caderas para llegas más profundo en ella. Veo que la morena mira hacia el costado y sigo su línea de visión para deparar en Xina, que se masturba con el aparato mirándonos a nosotros. Como si buscara mejorar el espectáculo, mi compañera comienza a mover las caderas tomando el control del ritmo de la penetración. Freno las embestidas, concentrándome en disfrutar del placer que sus movimientos me están ofreciendo. -¿Te voy a tener que esperar mucho? –Escucho decir a mi compañera entre gemidos y entonces caigo en cuenta que esta lista para acabar, agradezco mentalmente porque no sé cuánto tiempo más podría haber contenido mi necesidad de explorar en su interior. -Vamos. –Digo mientras retomo el movimiento, haciendo mi cuerpo chocar con fuerza contra el suyo y ambos gemimos con fuerza, disfrutando de un orgasmo potente y prolongado. Me inclino, recostando mi cuerpo sobre suyo, depositando mi cabeza sobre su pecho, mientras voy recuperando el ritmo de la respiración. La siento calmarse al igual que yo y me sorprende una vez más la hermosa conexión que siento con esta mujer. Cuando me incorporo nos miramos y sonreímos nuevamente. Ambos desviamos la vista hacia la cama, pero Xina ya no está. Le paso la mano a la morena para ayudar a que se incorpore y vamos juntos hacia la cama, donde nos acostamos nuevamente muy juntos y solo unos minutos después, caigo en un profundo sueño. Siento una alarma sonar y me incorporo rápidamente, mirando hacia ambos lados de la cama como si mi compañera pudiera aparecer por arte de magia en algún rincón de la habitación. Me dejo caer pesadamente sobre la almohada cuando compruebo que efectivamente se esfumó. Me castigo mentalmente, sin poder creer que me haya pasado esto. Había pensado que luego de esta noche podría conseguir que me dijera algo de ella, su nombre, teléfono, algún dato que pudiera servir para ubicarla fuera de aquí. Pero nada, todas mis esperanzas se esfumaron cuando me desperté completamente solo. Me incorporo, me coloco la ropa interior y salgo de la habitación, viendo que ya casi no queda nadie en el lugar, y las pocas personas que quedan se encuentran próximas a la puerta, esperando su turno para salir. Me dirijo a la barra con la ilusión de verla entre las mujeres que puedo divisar, pero advierto una vez más que no hay forma de que la reconozca si ella no quiere, y es evidente que eso es así, por lo que me limito a esperar el whisky que pido al barman, y cuando veo que una de las salidas se ilumina, indicando que está disponible, dejo el vaso en el mármol y camino hacia allí, dejando nuevamente a la morena en ese lugar, esperando ansioso a la próxima sesión para, si ella quiere, encontrarnos una vez más.
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