Cierro la puerta detrás de mí con un golpe seco que retumba en todo el interior del departamento. Pego la frente contra la madera y por un momento me quedo de pie frente a la puerta, sosteniendo aún la manija con la respiración acelerada. «Tengo que calmarme. Tengo que relajarme y no traer la mierda de la madrugada a mi espacio». Inhalo y exhalo con calma hasta que mi respiración se ralentiza y mi pulso se estabiliza. Tomo una bocanada de aire y la dejo salir alejándome de la puerta. Me giro y deslizo la mirada hacia donde está el reloj de la sala. 6:57 a.m Suelto una risa desganada negando con la cabeza. —Tendré solo tres horas para dormir antes de ir a la Central —espeto, obstinada—. Que jodida maravilla. Las ganas que tengo de golpear a Harold son anormales. Por su culpa no

