Nunca había visto a tanta gente hambrienta de respuestas. Periodistas de todos los canales. Grabadoras. Cámaras. Preguntas cortantes como cuchillos. Pero ella… mi Valentina… aguantó cada una, incluso cuando vi cómo le temblaban las manos detrás del atril. —¿Cómo ha aceptado su nueva vida? —¿Qué piensa hacer con la empresa? —¿Habrá cambios en los puestos jerárquicos? —¿Cómo evitará que los accionistas pierdan confianza? Cada pregunta fue un ataque directo. Cada respuesta de ella fue un acto de valentía. Yo apenas contenía las ganas de detener la conferencia y sacarla de allí. Ella no se da cuenta… pero su voz, su seguridad, su entereza… dejaron a todos boquiabiertos. La mujer que hace semanas llegó rota a Milán hoy se plantó frente a los medios como si hubiera nacido para esto. Cuan

