CONTRADICCIÓN PERFECTA

918 Words
Sus ojos se agrandan cuando me escucha. Parece sorprendida. No entiendo por qué. ¿De verdad nadie se lo dijo antes? —Tiene que ser mentira —digo, porque no sé cómo procesar que una mujer como ella no tenga una fila de idiotas rogando por su atención. Tomo un sorbo de champagne para cubrir el desconcierto. Ella me imita, nerviosa. —Es la verdad —responde, y puedo ver cómo esa confesión le pesa—. No se puede decir que me haya ido muy bien en el amor. Algo me arde en el pecho. No es celos. Es… incredulidad. ¿Cómo alguien no vio lo evidente? —No entiendo por qué —susurro, sin pensarlo—. Eres guapísima. La palabra sale antes de que pueda frenarla. Por su cara, parece que le acabo de confesar algo prohibido. —¿Qué dijiste? —pregunta, como si no confiara en sus oídos. Me río.No sé si de nervios o porque es demasiado dulce su reacción. Me aclaro la garganta como un idiota, acomodo el tenedor, miro a otro lado. Apenas puedo sostenerle la mirada. Cuando lo hago, se muerde el labio de forma involuntaria. Y ese gesto… Ese gesto me destruye por dentro. —Dije —repito, ahora mirándola directamente— que no comprendo por qué te ha ido mal en el amor cuando eres tan guapa. Sus ojos brillan. Sus mejillas se tiñen de rojo. Y mi corazón… me da un golpe que no esperaba. ¿Cómo puede hacerme esto? ¿Cómo puede afectarme así si hace una semana apenas la conocía? —Bueno… gracias por el cumplido —murmura. —No fue un cumplido —aclaro. Mi voz es baja, firme—. Fue la verdad. Y lo es. Es la mujer más hermosa del restaurante. Y no solo eso: es la más auténtica. La observo mientras procesa mis palabras. Parece que no sabe qué hacer con ellas. Yo tampoco sé qué hacer con lo que estoy sintiendo. —Bueno… gracias igual —dice, intentando recomponerse—. Cuéntame algo de ti. Respiro hondo. Podría hablarle de finanzas, de negocios, de la empresa. Pero el tono de su voz me dice que no busca eso. —¿Sobre mi vida amorosa? —pregunto, riéndome. —De lo que quieras —responde, casi suplicando que hable. Así que hablo. —Antes de Laura me rompieron el corazón un par de veces. Ella abre los ojos, genuinamente sorprendida. —¿A ti? No te lo creo. La carcajada se me escapa. —¿Por qué no? —No puedo imaginar a alguien engañándote o dejándote —dice, completamente seria—. No tiene sentido. No sé por qué, pero esa frase me atraviesa. Me golpea en un lugar que no sabía que seguía sensible. —Pues sí —admito—. Me engañaron. Y también me dejaron. —Me encojo de hombros—. Con Laura… tomé las cosas con más calma. —¿Cómo es eso? —pregunta. —Sin ilusiones —respondo—. Sin expectativas. Sin compromisos. Y con el tiempo… bueno, una cosa llevó a la otra y ahora estamos así. —Comprometidos —dice ella. —Sí —murmuro—. Podemos decir que sí. —¿Cómo que “podemos decir”? —insiste. Es directa. Sorprendentemente directa—. ¿Están o no están comprometidos? Suspiro. No debería hablar de esto. Pero si hay alguien que merece sinceridad, es ella. —Fue una conversación —digo al fin—. No tenemos fecha. Ni planes concretos. Sus ojos se suavizan. Y entonces lo dice: —Suenas desinteresado. Me río con amargura. —¿Se nota? Ella no responde, pero su silencio lo dice todo. —Desde que tu padre murió —continúo— mi vida se volvió un caos. Y siento que Laura no comprende nada. A veces pienso… que solo piensa en sí misma.—La miro brevemente—. Y no sé si quiero casarme con alguien así. Valentina baja la mirada, triste. Quizás porque se siente identificada. Quizás porque entiende más de lo que debería. —No soy la mejor consejera —confiesa—. No tengo experiencia en el amor. No sé qué decirte. Me sorprende lo sincera que es. Lo honesta. No tiene filtros. No finge ser perfecta. Es ella, simple y real. Y eso… valoro más de lo que puedo admitir. —¿Tuviste novio, no? —pregunto. —Sí —responde, pero su voz casi no existe. —¿Y qué pasó? La veo tensarse. Se muerde el labio. Evita mis ojos. No es un tema que quiera tocar. —Prefiero no hablar de eso —dice, apenas audible. Asiento. —Lo respeto. —Sonrío para aliviar la tensión—. ¿Pedimos postre aquí o comemos tiramisú en casa? Eliza hace uno increíble. Ella sonríe. Y cuando sonríe… todo vale la pena. —Probémoslo entonces —dice. Tengo que mirar a otro lado. Si la sigo mirando así, se va a dar cuenta de lo que está empezando a pasarme. Estar con ella es una contradicción perfecta. Me da paz. Y al mismo tiempo, me incendia por dentro. No debería sentir esto. No ahora. No con ella. No con la hija del hombre al que le debo todo. No con la mujer que estoy obligado a proteger. No mientras estoy comprometido. Pero la verdad… La verdad es que me gusta. Mucho más de lo que quiero admitir. Y eso… es peligrosísimo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD