Frank estaba conduciendo en la oscuridad de la noche hacia la casa de los padres de Brenda. Mientras conducía se sentía ansioso y pensativo acerca de los modos en que iría a pedirle disculpas por lo que pasó. “¿Disculpa por no decirte que te pareces a mi ex?” No, esa definitivamente no era la forma, pensó y suspiró pesaroso cuando de camino, por el rabillo del ojo, vio una tienda y decidió detenerse. El arquitecto, con el corazón latiendo con fuerza, estacionó su vehículo y se adentró en la tienda iluminada por luces tenues. La ansiedad lo acompañaba mientras aún reflexionaba sobre cómo abordar el delicado tema que había surgido entre él y Brenda, la joven que esos últimos meses se había convertido sin querer en el centro de su vida. Dirigiéndose al pasillo de las bebidas, sus ojos se de

