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2100 Words
Golpeteó el suelo con la planta de su pie derecho. Ansiosa miraba a cada lado, chequeando su reloj blanco a cada segundo. Hacía ya ocho minutos que llevaba esperando en la salida de la estación, con su maleta y una mochila beige al lado. Según Hana, debían estar allí hace tres minutos. Fue entonces que comenzó a divagar, pensó en todas las probabilidades que pudieron retrasar el tren, o no solo el tren, sino ellos, tal vez se habían desviado a ir al baño, o a comprar, o perdieron algo, o un sinfín de cosas más que le hicieron picar la piel del brazo de tanto pensar. —Sin concentración no hay control, sin concentración no hay control. Sin...—Paró. ¿Debí esperar en el andén? No, no. Hana dijo que les avisaría donde estoy. Pensó Dalia y abrió una botella de agua que había comprado apenas bajo del tren, en un pequeño kiosco. Cuando sintió que perdía los estribos, algo la desconcentro. — ¡Llegué!—Exclamó una chica de cabello largo color chocolate, al cruzar el umbral de la entrada de la estación. Dalia quien la escuchó y se encontraba a un metro de distancia, dejó de beber agua y cerró la tapa de la botella, se inclinó a tomar su mochila y la guardo allí. La chica miró a su lado y luego al otro, encontrándose con Dalia. La inspeccionó de arriba abajo, llevaba un cabello azul ondulado y corto que le encantaba y no dudo en comentárselo. —Su cabello es encantador. — ¿Disculpa?—Pronunció Dalia dudosa si le hablaba a ella o no. La chica que parecía ser media cabeza más baja que ella, asomó una gran sonrisa. — ¿Es a mí? —Claro, ¡Su cabello es divino! —Afirmó notando que la muchacha se ponía nerviosa, y no la miraba a los ojos. —Gracias. Dalia apartó la mirada tras darle una pequeña sonrisa, y sacó su teléfono del bolsillo. Como por quinta vez volvió a leer la lista y a recordar los rostros que aparecían junto a los nombres. Sus ojos se detuvieron en una foto al lado de una chica llamada Minie Jung, y sutilmente miró a la muchacha frente a ella. —Disculpa, ¿Tu eres Kwak Minie?— Le preguntó con suavidad. —Sí, soy yo. —Respondió algo confundida la muchacha, pero inmediatamente hizo clic en su cabeza y en medio de un pequeño salto le apuntó con el dedo índice y una sonrisa. — ¿Eres la chica que venía a recogernos, Jeong Dalia? Dalia asintió aliviada y sintió poder respirar mejor. Le dio una ligera reverencia con la cabeza y sonrió, acto que la chica copio de forma rápida y algo torpe. —Me alegra encontrarte, estaba a punto de tener un ataque. — Oh...—Murmuró Minie no sabiendo si tomar sus palabras de forma de chiste o en serio. La manera en la que se expresó, la dejo confundida sin saber que decir. —Seguro están por llegar. Y en efecto, así fue. Cinco minutos más tarde un grupo de cinco jóvenes, dos chicas y tres varones cruzaron la entrada y Dalia al reconocerlos los llamó. Tras presentarse fueron al borde de la vereda y pararon dos taxis, que los llevaría a universidad.  Al detenerse el taxi, Dalia pagó el viaje con parte de su dinero y la recolección de los tres estudiantes que viajaban en la parte de atrás, se bajó y agradeció cordialmente al conductor antes de cerrar la puerta. — ¡Dalia, aquí!— La llamó Hana agitando su mano hacia arriba, y apresurándose a llegar a ella. La peli azul sonrió y extendió los brazos para recibir a su amiga en un abrazo. No la había visto en todas las vacaciones invierno, y la había extrañado a pesar de que ninguna de las dos fuera muy apegada una a la otra. Tanto Hana como Dalia disfrutaban de su tiempo y su independencia, por lo que rara vez compartían todo el día juntas, sin embargo, eso las hacia disfrutar plenamente de los momentos de reunión. — Me alegra tanto verte — Confesó separándose del abrazo para darles una mirada a los tres estudiantes que sacaban las maletas del baúl. — Te debo un gran favor. —Me debes muchos, no ha sido agradable— Le dijo con una sonrisa y se giró para ir a recoger su maleta, pero Hana la detuvo apenada y Dalia la miró a los ojos extrañada. —Hablando de eso, el compañero que me ayudaría a administrar a los ingresantes tuvo un problema urgente. ¿Será que puedes ayudarme? — ¿Q-qué? Debido a ti ya parezco m*****o de la Unión de estudiantes y... ellos hoy han tardado, me dijiste que estarían cinco minutos después que llegara y esperé el doble. —Lose y lo siento, juro que te lo compensare, pero en serio que no sé a quién pedir ayuda. — Le explicó la chica de cabello lacio. —Por favor Dali. Dalia tragó saliva y esperó en silencio. Hana formó una sonrisa y suspiró aliviada, sabía que cuando su amiga se quedaba en silencio le decía que sí. —Dos almuerzos y un helado. —Le dijo Hana y Dalia hizo una mueca pensativa. —Dos helados. —Hecho. —Acepto convencida. Los estudiantes se reunieron en alrededor de ambas. Dalia sintió de pronto un picor de desesperación al ver a los dos taxis irse, pero no duro mucho cuando vio su maleta celeste en manos de la pequeña chica de cabello chocolate. —Aquí tiene. —Le dijo Minie entregándole su equipaje, a lo que Dalia respondió agarrando con fuerza la maleta, como si temiera que se fuera sola. —Gracias. —Soy Kim Hana, y los guiare hacía el edificio donde deben registrarse. — Se presentó la pelinegra haciendo una corta reverencia que fue respondida por el grupo rápidamente. Dalia se quedó atrás, mientras Hana comenzaba la caminata hacia la entrada y los nuevos la seguían. Dio tan solo tres pasos cuando fue detenida por el tono de llamada de su teléfono, atendió y escuchó un efusivo “hola” al otro lado de la línea. —Hola papá. — Cariño, ¿Has llegado bien? —Sí. Estoy por entrar. —Oh, bueno, te dejo entonces. — Hizo una pausa y se oyó un murmullo de fondo. —Ella está bien, no, ya debe entrar a la universidad. Adiós hija La llamada terminó antes de darle hincapié a contestar y miró la pantalla unos segundos, antes de apagarlo. Un bocinazo llamó su atención y giró la cabeza hacia la calle, inclinó ligeramente la cabeza al ver a un chico alto de cabello azabache y camisa azul cruzar la avenida hablando por teléfono. Dalia lo observó esperando que despertará de su mundo y se diera cuenta que debía llegar al otro lado pronto, sin embargo cuando escuchó el segundo bocinazo y desvió la vista a la moto gris que se aproximaba con velocidad, sus sentidos se alertaron. — ¡Cuidado!—Gritó a la vez que dejaba caer su teléfono a la acera sin darse cuenta, y corría por el lado vacío de la avenida que tenía el semáforo en rojo. El chico pareció reaccionar cuando prestó atención al grito, la miró y echo un vistazo al provenir del chirrido de unas ruedas y el bramido de un claxon, algo que no logra ver bien se acerca a toda velocidad y el abre los ojos con los pies de repente congelados en el suelo. En ese instante fugaz se da cuenta que está en el camino y es tarde para salir de su trayectoria. Lo que el esperó como un fuerte golpe y la inconciencia, llegó como algo agarrando su muñeca con fuerza y tirando su cuerpo hacía delante, hasta chocar contra un cuerpo que reboto al impacto. Respiró pesadamente y miró a todos lados abrumado y desconcertado. Un quejido suave atrajo su atención y vio frente a él, una chica alta pero más baja que el por una cabeza, con la mirada gacha, solo dejándole ver una cabellera corta azul. — ¿Estas bien?—Le preguntó. Dalia mordió su lengua, mirando como una zapatilla negra del chico aplastaba su pie. Tímidamente elevó la cabeza, recorrió primero el camino de sus botones blancos, hasta toparse con la piel blanca y desnuda de su cuello, dando por finalizado el recorrido en el rostro del muchacho. Piel blanca, mandíbula perfilada, labios simétricos, nariz recta con un puente alargado y la base ancha de igual magnitud que su boca, un lunar en la mejilla que no pasaba desapercibido, ojos cafés, unas cejas pobladas oscuras y rectas, y por último, una cabellera oscura azabache sobre su frente. Lo miró de forma minuciosa y su observación parecía haber tomado tiempo, porque cuando noto la helada mirada del chico sobre ella, esperando que diga algo, carraspeó y la vergüenza la inundo. Corrió la mirada y de su boca brotó una risa nerviosa. —Sí, no. —Dijo rápido. El pelinegro frunció el ceño—Está pisando mi pie. —Lo siento. —Se disculpó cuando vio que efectivamente estaba pisando su pie. Dalia aprovechando que ya no estaba atrapada bajo su zapatilla, se alejó unos pasos, marcando una distancia entre ambos. —Hay que movernos de aquí, el semáforo esta en amarillo. Dalia miró los autos y asintió sin dar tiempo a decir nada más, solo se apresuraron a llegar a la acera. —Gracias—Le agradeció el chico mirándola e hizo una reverencia. Dalia no dijo nada, mas no pudo evitar pensar que tal vez se merecía más calidez por haber salvado su vida. —De nada, pero recuerda prestar más atención la próxima. El chico junto el entrecejo ligeramente molesto por sus palabras, que parecían dirigirse a un niño cuando no era así. —Tranquilo, todos tenemos nuestros días dispersos. El chico elevó la mirada y asintió dándole la razón. Siendo honesto si había cruzado la avenida disperso, la llamada de su madre le había quitado la atención y en ese instante luchaba por la molestia que le provocaba oírla. De no ser por la muchacha de cabello azul, estaría lidiando con un problema mucho mayor. Dalia no supo más que decir y se columpió sobre sus pies con las manos agarradas hacía delante, en ese momento recordó que había tirado su teléfono y abrió los ojos soltando un jadeo. El chico se sobresaltó al oírla y la vio agacharse a su lado recogiendo algo. —Oh no, no. No puede ser. —Se lamentó Dalia recobrando la postura. El pelinegro buscó lo que sostenía y porque se lamentaba, y encontró un teléfono con la pantalla apagada y el vidrio roto, muy roto. — ¿Ahora qué voy a hacer? Pagarlo será una fortuna. —Se preguntó a ella con el rostro desencajado. — ¿Por qué lo dejo caer?— Cuestionó el chico recibiendo una mirada cargada de pánico y nervios que lo hizo titubear—Lo siento, déjamelo a mí. Pagare por el daño. —Se disculpó el muchacho y extendió la mano para que se lo entregara. — ¿De verdad? La peli azul alargó una amplia sonrisa como si no hubiera querido regresar el tiempo atrás y dejarlo solo en la calle, segundos atrás. El chico manteniendo su semblante neutro, asintió regalándole una ola de alivio a la chica que un segundo antes parecía querer entrar en colapso. —Gracias. El pelinegro volvió a asentir y Dalia le entregó el teléfono en la palma de su mano. —Espere, ¿Cómo te contactó para saber cuándo esté listo? —Tardara unos días en ser reparado, así que puede encontrarme en el departamento de enfermería... — ¡Dalia apúrate!—La llamó Hana a unos metros lejos, al ver que su amiga se había quedado atrás. La peli azul miró a su amiga y buscó su muñeca para mirar la hora. —Se hace tarde. —Murmuró y estiró el brazo para agarrar la maleta. Debía estar en el edificio de administración en unos pocos minutos para ayudar con los ingresos. —Lo siento debo irme, en unos días lo buscaré. El chico no tuvo tiempo ni a asentir, cuando vio a la chica irse corriendo con la maleta casi rebotando detrás de ella. Bajó la mirada al teléfono y le dio unas vueltas para inspeccionarlo, vio el dibujo de un lobo con carita sonriente en la funda y movió la cabeza a un lado. Qué raro, pensó.   
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